1855:La esclavitud(II)

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El chico que había salvado me miraba con sorpresa por lo que había visto,al igual que Marco.

-Vale ¿Qué acaba de pasar?-dijo Marco confundido

-No lo sé, yo sólo quería que dejara de pegarle al chico

-En ese instante, tus ojos se volvieron amarillos y todo tu cuerpo desprendía luz. Era como magia

-Puede que este colgante tenga más poderes de los que esperábamos.

Cuando usé mis poderes lo único que pensaba era cumplir mi objetivo. Sentía como la fuerza recorría mi cuerpo, como si se abriese todo un universo nuevo para mí. Ahora, no sabíamos lo siguiente que debíamos hacer para poder volver a casa.

-¿Ahora qué hacemos? En cuanto salgamos de este escondite te arrestarán. Todo el mundo te busca- dijo Marco

-Creo que tengo una idea- dijo el chico

Parecía que aquel chico empezaba a confiar en nosotros. Eso me alegraba.

-Pues cuéntanosla, pero antes dime tu nombre- le dije

-Mi nombre es Abed ¿cómo os llamáis vosotros?

-Yo soy Isabella y él es Marco

-He pensado disfrazar a Isabella. Tengo un amigo que puede ayudarla .Os prestaré mi ayuda a cambio de que me hagáis un favor

-¿Qué favor?-preguntamos los dos a la vez

-Pues veras, mi familia es esclava de aquel malvado hombre. Me gustaría que me ayudarais a liberarlos.

-Trato hecho- dije

-Pero Isabella ¿Seguro que seremos capaces de hacerlo?-dijo Marco

-Estoy segura de que lo lograremos.

-Bien, pues seguidme

Empezamos a seguir a Abed. Pasamos por muchos callejones, caminábamos por donde nadie lo hacía. Hasta llegar a una vieja casa. Abed mirando que no hubiese nadie en la calle tocó aquella puerta de madera. Cuando entramos, había muchas personas de piel negra en el suelo tumbadas. Tenían graves heridas. Cuando vi tal escena empecé a sentir mal.

-¿Qué les ha pasado?-pregunté

-Han sido azotados por sus amos. Han conseguido escapar y poder venir aquí para curar sus heridas. Pero pronto se los volverán a llevar- dijo Abed

-Es horrible ¿Quién haría una cosa así?-dije

-Esto es el malvado mundo real.

-Tranquilo, yo os ayudaré

Estaba segura de mí misma, podía hacerlo. Esta pobre gente no merecía aquellos tratos. Merecían ser felices. Muchos de ellos han sido separados de su familia. Cuando los veía pensaba todo lo que debieron sufrir. Abed comenzó a subir unas escaleras y nosotros le seguimos. Abrió una puerta, y al otro lado de la puerta había un hombre sentado en una silla escribiendo algo. Él hombre se giró a mirarnos y nos sonrío.

-Este es Jack. Es nuestro médico y el único que nos ayuda-dijo Abed

Me sorprendió ver a aquel hombre ya que no era de piel negra. Parecía que todos aquí los despreciaban. Me sentí aliviada de pensar que por lo menos había una persona amable en este pueblo.

La leyenda del colganteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora