Capítulo 1: Panem et circenses

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—Por favor, empieza desde el principio —le pidió el inspector.

—No lo sé, mi mente es un caos, no puedo recordar nada —masculló—. Son como fragmentos sin sentido.

—Dime que recuerdas.

—Yo... —Justine cerró los ojos por un momento y respiró profundo— Recuerdo caminar sin rumbo, me dolía todo y la noche estaba muy fría. Recuerdo escuchar un gran estruendo, mire el cielo y este estaba ardiendo yo... Yo.... —se empezó a agitar.

Christopher extendió su mano y tocó su hombro. Justine se detuvo en seco y fijo su vista en él, el inspector alejó su mano lentamente.

—Lo siento, sé que es algo de lo que no quiere hablar, pero necesito algo más.

—No lo sé, todo lo que recuerdo está en el informe. Vi los fuegos artificiales; era el carnaval, camine entre la gente y nadie me hacía caso, recuerdo que grité y luego me desmaye. No sé nada más.

Corría la primera del 77, el inspector se encontraba a las afueras del restaurante “El Larimar” uno de los más concurridos de la ciudad. Ese no era su lugar habitual, podía contar con una mano las veces que se había acercado a esa zona, aun así, ahí estaba. Después de que una ola de asesinatos hubiese llamado la atención de la población en general, el inspector junto con algunos de sus compañeros estaba siguiendo pistas.

Así que, en vez de estar siguiendo sospechosos, tocaba entrevistar a víctimas de asaltos, intento de asesinatos o violaciones.

En ese momento toda atención del inspector era el relato de la joven. Justine Viera, tenía 31 años a diferencia que los 43 del inspector; piel oscura, casi del mismo tono que la suya, una gran sonrisa y una gran cabellera negra. Era la típica belleza de la ciudad y por su historia nadie le debía envidiar nada.

—Sí lo sé señorita Viera —le aseguró el inspector Arias, sabía que desde el principio no iba a conseguir nada relevante—. Ya he leído su informe, tenía la esperanza de que usted pudiera recordar algo más para hacer un perfil. Ya debe saber la razón por lo que estoy aquí...

—¿Han sabido algo de mi caso? —Le interrumpió Justine con esperanza.

—No señorita, eso fue hace tiempo y las novedades no han sido muchas —esas palabras salieron de su boca, pero se arrepintió al instante, el semblante de joven se apagó y en sus manos se percibía un leve temblor—. No lo dije en ese sentido —se apresuró a excusarse— usted sabe que su caso es especial —por no decir que estaría en la pila de caso sin cerrar de la ciudad—. Pero lo que me ha traído con usted ha sido por los casos recientes.

Christopher no tenía que dar más detalles, ya que todo el mundo sabía sobre eso. Justine lo interrumpió con una larga inhalación, luego cerró los ojos botando el aire que había tomado. Abrió los ojos y le dirigió una mirada glacial al inspector, prolongando el silencio.

—No entiendo que puede tener esto conmigo —dijo—. Siento mucho lo de esas chicas, de verdad que lo hago, pero no quiero pensar que usted intenta decir que por el tiempo la justicia se hará más indiferente y esas personas se van a quedar impune, ¿cierto? —preguntó.

Podía sentir cada onza de hostilidad y de cómo en un principio una actitud tan calmada se volvió ofensiva. Quería asegurarle que se haría justicia, que alguien estaría trabajando para que eso sucediera, pero sabía que así no funcionaban las cosas en la ciudad, así que solo le respondió:

JustineHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora