Todo el rodeo del día lo había dejado exhausto. Después de la noticia de Martínez reinó un aire de incertidumbre e hipocresía que le resultaba agotador.
Había logrado sacar de su mente a Justine, pero ahora que estaba en el umbral de su puerta una nueva ola de ansiedad lo azotó. ¿Estaría ella en casa? ¿Tendrías sus maletas lista para irse? ¿O se habrá marchado como si nada?
No sabía que esperar y se dijo a si mismo que estaría listo para lo que fuera.
«Ella está contigo por qué te necesita, no tienes derecho de en tres días esperar más».
Cuando por fin se decidió a entrar lo primero que notó fue una suave música que sonaba en algún lugar de la casa. Sus cosas estaban donde las dejó, no obstante, podía sentir la diferencia.
Llegó a la cocina donde estaba Justine, ella había preparado el comedor y colocado algunas flores.
Christopher observó con la gracia que se movía, era una vista digna de ver. Ella no había notado su presencia, pero cuando lo hizo todo su cuerpo se tensó y un grito ahogado salió de sus labios.
—Lo siento. No fue mi intención asustarla.
Ella respiró profundo y le dio una tímida sonrisa.
—No, era yo la que estaba distraída y no note tu presencia —miró la cocina un poco nerviosa—. Quería hacer un gesto de agradecimiento, esperaba que todo estuviera listo para cuando llegara.
—No te preocupes—sintió un aleteo en su pecho—, la sorpresa es mucha, pero insisto que no debiste tomarte las molestias.
—No, no fue ninguna molestia. Inspector, usted me ha ayudado y es lo mínimo que puedo hacer.
—Christopher.
—¿Disculpe? —preguntó algo confundida.
—Creo que podríamos dejar de ser tan formales, por favor, llámame Christopher.
Una sonrisa llenó de rostro.
—Pues Christopher será —afirmó Justine—. La cena pronto va a estar lista, por favor ponte cómodo.
—No me molestaría ayudarla, después de todo tú eres mi invitada
—No, yo insisto, todos estos días usted ha cocinado para mí, yo solo quiero devolver el gesto.
Christopher volvió a sonreír, si Justine llamaba cocinar hacer macarrones con queso, calentar sopa y llamar al restaurante. Christopher no iba a decir nada.
—Está bien, enseguida vuelvo —se despidió, aunque duro un momento antes de irse.
Salió de la cocina y fue directo a su habitación. Se le hacía cálido tener a Justine, pero se tendría que recordar que sería temporal. Además, a su edad no debía actuar como un adolescente.
Se había duchado y se estaba preparando para salir cuando de repente un grito se escuchó, seguido de cosas que se rompían. Christopher no dudo en correr, tenía todos sus instintos en alerta.
Llegó a la cocina solo para ver Justine sosteniendo su mano llena de sangre.
Él maldijo mientras buscaba un pañuelo.
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Justine
Mystery / Thriller"Inocentes, ese es el precio del cambio". Después de una serie de homicidios violentos, el inspector veterano Christopher Arias se encuentra siguiendo el rastro de crímenes sin resolver. Tras una investigación sin pistas, la llamada de una misterios...
