4. Despertar.

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Jerichó vigilaba desde el sofá que habían instalado en el dormitorio donde reposaba la humana Mary.
Llevaba ya en el Homeland cinco días.
Le habían administrado las medicinas de los especies, una dosis moderada, según los médicos, lo suficiente para iniciar la curación, pero no demasiado como para dañar al feto.
Feto. 

Así habían llamado los médicos al bebé. 

Jerichó no se sentía cómodo con aquel término. Un feto no sonaba a lo que él había visto en el monitor.
Al principio era un manchurrón negro, pero poco a poco y con la guía del doctor pudo ver la diminuta carita de la niña. Parecía tan pequeñita  y se revolvía constantemente.
Desde entonces solo abandonaba la habitación cuando Anne y una enfermera se ocupaban del aseo de ella. 

En este momento aprovechaba para ir corriendo hasta la residencia masculina, allí se ocupaba  de su propio aseo y luego volvía corriendo al hospital.
Nadie le preguntaba o ponía objeciones a sus acciones, aunque había visto varias cejas arqueadas pero ninguna pregunta.
Mejor. Por una vez su fama y aspecto eran útiles. 

Evitaba tener que dar explicaciones. 

Lo malo es que no lograba explicárselo ni siquiera a si mismo.
Se enfadó muchísimo cuando uno de los médicos habia intentado informar a Harley antes que a él.
Al parecer por la reserva y también por el Homeland habia llegado el rumor entre una "amistad" entre Harley y la amiga de la compañera de Ven.
Esos rumores le molestaban sobremanera. 

En lo que a él respecta Harley no tenia más derechos que él mismo a estar cerca de la joven. Ósea ninguno.
Pero eso no le importó a Jerichó ,que no abandonaba su lado, tampoco importó mucho a Harley quien visitaba a la hembra cada día.
Cuando en una de esas visitas le sujetó a ella la mano, Jerichó se vio tentado a arrancarle las manos para que así no la tocara.
Ese hecho fue lo que convenció a Jerichó de mantenerse bien lejos de ella.
Esa hembra era peligrosa, si incluso inconsciente había logrado enfrentarlo a uno de sus mejores amigos.
Se alejaría de ella. Se prometió.
Cuando despertara.

.................................

-Quiero hablar contigo hijo mío.
Jerichó, miró alrededor buscando otra persona. Al no ver a nadie dedujo que el padre de Mary, Josua, estaba hablando con él.

-Si, tu ,muchacho. Quiero hablar contigo.

Muchacho, que Jerichó recordara nadie, nunca jamás, le había llamado así. Al parecer los miembros de esa familia disfrutaban poniendo apodos a la gente.
Aunque debía admitir que prefería los apodos del padre que los de la hija. Malfollado.

- Que puedo hacer por usted?

- Hay algún lugar donde podamos tomar un buen té caliente y conversar?

Así fue como Jerichó se vio guiando al anciano hasta la cafetería, agradecido que a esas horas pocas mesas estuvieran ocupadas.

Incluso después de sentarse y dar varios sorbos a su té, el anciano tardó en decirle a Jerichó sobre que quería hablar con él y estaba empezando a impacientarse, quería volver ya a la habitación de la joven.
Cuando habló, Jerichó deseó que hubiera tardado un poco más en hacerlo. Concretamente el tiempo suficiente hasta que él tuviera la respuesta a su pregunta.

-Cuales son tus intenciones con mi niña?

-Heee... -Jerichó por primera vez en su vida fue el primero que desvió la vista. Normalmente la gente no le sostenía la mirada. Los ojos granate y su impresionante tamaño eran motivo de terror de muchas personas.

-Te he hecho una pregunta hijo.

-Mi intención es mantenerme bien lejos de ella.- dijo al fin Jerichó.

Josua no se esperaba esa respuesta . Pero no por algo había sido párroco durante más de 50 años, sabía leer muy bien a la gente, y ese muchacho no tenía aspecto de alguien que iba a mantenerse lejos de nadie.

-A quien intentas convencer hijo? -Jerichó abrió la boca para rebatir al hombre ante si, luego la cerró. -sabes que ella me habló de ti?

-A si?-dijo Jerichó aproximándose un poco más por encima de la mesa, algo que no le pasó desapercibido a Josua, quien interiormente sonrió.

-Si. Me dijo que habia discutido y peleado con un especie muy desagradable cuando vino a visitar a su amiga. Me habló mucho de ti. Nunca dijo tu nombre, pero no hizo falta, con su descripción fue suficiente. Te reconocí nada más verte.  

-Por eso me atacó.

-aaaH. Muchacho no entiendes nada. Te ataqué movido por la ira y la preocupación, no era racional. No conoces a mi niña apenas ¿verdad?-el sacudía la cabeza- mi niña es dulce como la miel. ¿Creo que estas enterado de todo lo ocurrido con su ex prometido?, cuando me lo dijo me puse furioso y admito que un poco violento, y yo soy un hombre de paz. Ella no, por supuesto ya no se plantaba casarse con el. Y estaba muy dolida ,pero en ningún momento dijo nada desagradable sobre él. Ni un insulto, ninguna crítica. En cambio a ti... chico ,a ti te puso a parir. Me estaba contando como ese malnacido le había sido infiel y en medio de la explicación habló de ti tres o cuatro veces. Eso que te dice?

-Que me odia? Hagg -gruñó Jerichó cuando el anciano le golpeo con el bastón en la cabeza. - porque hizo eso?

-Piensa un poco, tonto. Significa que piensa en ti. Te aseguro que mi niña no te odia, apenas te conoce, ¿Por qué iba a odiarte? Me dijo que fuiste bruto y salvaje, pero se aseguró de que supiera que no le habías hecho daño. De hecho describió tu forma de tratarla como muy suave. En el último mes te ha llamado de todo.

-Me llamó neandertal y mal follado- se arrepintió de sus palabras nada más decirlas, estaba ante un párroco -perdón.

-Esa muchacha loca, jajaja- se rio Josua.

- Le hace gracia?

-Claro. Lo encuentro refrescante.

-Porque?

-Mi bebita siempre ha sido muy dulce. Suave. Me preocupaba que acabara con algún hombre que la alienara. Que acabara sometiéndola. Pero tu, por algún motivo sacas todo su carácter. Y eso me encanta.

-Está usted equivocado. Yo no soy ,ni seré pareja de su hija. No estoy interesado en emparejarme con ella.

-Ay muchacho-dijo Josua dándole palmaditas en la mano que tenía sobre la mesa delante de él. -convéncete a ti mismo, pero una cosa te voy a decir, será divertido ver que pasará cuando mi niña despierte.

-No le preocupa que yo sea especie? Se dice que nosotros somos violentos y crueles.

-Nunca me he creído esas sandeces que se cuenta por ahí. Lo que si me creo es que gracias a ti mi muchacha va a sobrevivir. Y mi bisnieta también. Estaban desahuciadas y tu las salvaste. Me da igual que seas especie, me daría igual incluso si resulta que tienes el culo rojo y te gusta comer plátanos colgado de un árbol. Por mi te puedes dedicar a quitarle piojos a alguien y luego comértelos y aún así apostaría por ti. Yo soy muy viejo y no viviré para siempre, pero incluso si me muriera hoy, me iría a la otra vida tranquilo. Porque sé que tu estarás aquí. Niégalo tanto como quieras, ya abrirás los ojos.

Jerichó no supo que decir a su declaración, se sentía conmovido. No por lo del culo rojo, los plátanos y los piojos, sino por la confianza ciega que parecía que aquel macho humano tan anciano parecía tenerle.
¿Podría ser merecedor de tal confianza?

Jerichó (#3)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora