10. ENFRENTAMIENTO

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Mary salió del edificio hecha una furia. Se dirigió en línea recta al carrito de golf donde la esperaba Snow.

-Arranca.

-Vamos a la cafetería?

-No. Búscame a Jerichó, y llévame con él .

- Porque?

- Por favor.

Snow apenas tardó  unos minutos en encontrarlo por medio del intercomunicador que llevaba consigo, al parecer había acabado su último turno  de trabajo e ido a su apartamento en la residencia de los machos.
En apenas dos minutos más, pararon ante la puerta.
Snow le indicó que esperara mientras aparcaba el carrito, y que luego la llevaría a la habitación .
Ella decidió no esperar, no quería arriesgarse a que se menguara su ira.

Entró en la residencia y  pasó recto la zona común desde donde provenía voces animadas y se acercó a los ascensores.
De camino divisó a un especie desconocido que la miró boquiabierto, sin duda sorprendido de ver a una mujer humana claramente embarazada y hecha una furia sola en la residencia masculina .

-TU!!! Llévame con Jerichó.-el pareció que iba a contradecirle u oponerse a su presencia allí, pero sabiamente cerró la boca, entró en el ascensor que acababa de  abrirse y apretó el botón del tercer piso.

Al llegar allí , la acompañó hasta la puerta número tres. Iba a llamar a la puerta pero ella se adelantó.
No a llamar,  sino a aporrear con uno de sus puños.

-ABRE YA LA MALDITA PUERTA!

Al no recibir respuesta siguió aporreando la puerta y gritando sin importarle que se hubiera reunido una pequeña multitud de boquiabiertos especies atraídos por el ruido.

-Esto señorita...- el especie que la había acompañado estaba por decirle algo ,cuando la puerta se abrió de golpe y por ella apareció un inmenso y mojado Jerichó cubierto únicamente por una toalla que no dejaba mucho a la imaginación.
Su cuerpo, firme y bronceado, goteaba parte del agua al suelo, otra parte, se escurría por sus músculos de acero grandes y definidos.
No tenía el típico cuerpo definido de gimnasio, sino ese que te imaginas en aquellos antiguos vikingos curtidos en mil batallas. Cuerpo de un guerrero que no daba tregua en la batalla.

Eso a ella no le importó, al menos eso se dijo a si misma, y de un empujón entró al interior de la habitación.

Jerichó todavía sorprendido por la aparición de aquella mujer a la que tanto había intentado evitar, miró el pasillo. Allí plantados había varios de sus vecinos de habitación. Todos curioseando.

-No tenéis nada que hacer? -gruñó Jerichó y cerró la puerta de un portazo.

En medio del saloncito estaba ella, furiosa, con los brazos en la cintura y mirándole fijamente.
Estaba preciosa.
Magnífica.
Como una princesa guerrera preparada para la batalla.
Y mientras la miraba no pudo evitar darse cuenta que una vez mas,  llevaba un vestido de flores.
Le encantaba esos vestidos, eran tan femeninos y coloridos y no pudo evitarlo, en ella se veían también sexys . 

Y eso que se le marcaba bastante la barriguita de embarazada, tal vez otros hombres no verían nada apetecible a una mujer claramente embarazada, en cambio para él la imagen que tenía ante sí no podría ser más caliente, ella se veía tan suave y delicada que sus instintos protectores de activaron sólo con verla. +

Y su olor... Como primate no le daba tanta importancia al olor como otros de sus compañeros especies,  pero ella dependía una fragancia tan penetrante, excitante y única.  

Como a mujer y a pecado.

- No piensas decir nada?- inquirió ella sacándole de su mundo de fantasías.

-Que haces aquí?

-Aquí las preguntas las hago yo. Porque lo has hecho?

- Si esperas a que me vista podremos hablar como personas civilizadas.

-Yo no quiero hablar como alguien civilizada -y se acercó a él y clavándole el dedo índice repetidamente sobre el duro y musculoso pecho desnudo preguntó golpeando con cada palabra- quien te crees que eres para interferir en mi vida.

El le agarró la mano con firmeza pero no fuerza, no quería arriesgarse a hacerle daño.

-No me provoques hembra.

-Ahora soy hembra? Eso es mejor que "humana" ?  Quién te crees que eres para hurgar entre mis cosas y luego entregar mis documentos personales a terceras personas.

- Iré a vestirme y luego hablaremos.

-No. Que pasa? Te sientes en desventaja por estar medio desnudo? Te sientes expuesto? Pues bienvenido a mi vida. Que patética e inútil debo parecerte, sino, no me explico porque haces esas cosas por mi y luego te alejas como si tuviera la peste.

- No creo que seas patética o inútil. No digas tonterías.

- Vaya, ahora lo comprendo.- dijo ella alejándose de el y dándole la espalda. - es por el bebé. Cuando nos conocimos me dijiste que debería volver con Max y como no lo hice crees que alguien debe cuidar de mi. Pero a la vez no te gusta tener que ser tu y te sientes culpable por no quererme. Pues que sepas que yo me sé cuidar muy bien sola.

-TU no tienes ni idea de como cuidarte - Gruñó él  acercándose a ella por detrás.

- Hasta ahora lo he hecho muy bien.

- Casi te matan.

- Eso son detalles.- sacudió la mano como quitándole importancia,. Que haya tenido un pequeño contratiempo no quiere decir que tú tengas que resolverme la vida. No aceptaré el trabajo.

- Si que lo harás.

- Me vuelvo a Utah y tú no tienes nada que decir al respecto.

-Joder que no. - dijo el eliminando la distancia entre ellos y cogiendo de los brazos y poniéndolos cara a cara. - te quedarás aquí donde sé que estas a salvo.

- NO!

-SI!

- Que  te importa?

- Me importa porque por tu culpa vivo un infierno. Yo estaba bien antes de que tu llegarás .

- No entiendo que quieres de mi. - dijo ella con lágrimas en  los ojos.  La furia se había ido y su lugar sólo quedó la tristeza.

Al ver como una única y brillante lágrima le bajaba por la mejilla algo dentro de Jerichó se rompió y admitió por fin la verdad a ambos. A ella y a sí mismo.

-Todo es tu culpa -recriminó él -tú eres un imán  que me atrae sin remedio aunque yo Intente mantenerte lejos. Pero no me basta con fantasear contigo, todos mi ser  me está pidiendo más. No dejo de soñar contigo. Quiero rodearme de tu fuego. Eres tan complicada y aún así sueño con firmar en las paredes de tu laberinto.  Ver brillar tu cuerpo mientras te poseo y que le enseñes a mi boca a ser tu esclava, quiero darte placer, llenarte de mi. Hacerte sentir tan mía, que olvides que alguna vez fuiste solo tuya.

Ella se sorprendió por las poéticas palabras de el, y pese a estar aún sujeta por los brazos , inclinó levemente la cabeza y cerrando los ojos le ofreció su boca.


Jerichó (#3)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora