En El Ojo De La Tormenta

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Toda la tripulación se apelotonó en las escaleras para subir a la cubierta. Me quedé retrasado con Lucy en el comedor.
—¡Lo hemos conseguido! ¡Lo hemos conseguido!—le oí exclamar al Capitán.
El ruido era estridente, los gritos de júbilo, las carreras por subir primero...etc.
Me metí entre la gente intentando llegar a la escalera. Tras unos minutos agobiantes conseguí ascender a la cubierta. Toda la tripulación se apelotonaba contra el borde. Señalaban emocionados un punto en el horizonte.
—¡Yujuu!—grité emocionado.
Abracé algunos marineros contento (ahora me avergüenzo de eso, pero era la adrenalina del momento) de haberlo conseguido. Todo el mundo realizaba alegres bailes y se daban palmadas los unos a los otros. Algunos comenzaron a cantar y a imaginar el tesoro. La alegría recorría todo el barco.
—Hoy os daré doble ración!—gritó alguien que identifiqué como Harry.
—¡A ponerse gordo—grito otro que no llegué a identificar.
Me acerqué al mástil y lo escalé hasta llegar al puesto de vigía. Quería ver lo mejor posible la isla. El vigía suplente, pues Ernest seguía en las mazmorras con la tripulación del Capitán Ojotuerto y parte de nuestra tripulación, estaba abajo, pero había dejado el catalejo arriba. Lo agarré y cerré el ojo izquierdo. Grité aterrorizado. Era una isla enorme cubierta de bosques y unas montañas, pero no era eso lo que me asustaba. Una tormenta inmensa rodeaba la isla y en la dirección en la que íbamos había unos arrecifes puntiagudos dispuestos a rajar el barco.
—¡Arrecifes!—chillé aterrorizado. Algunos piratas se giraron, otros siguieron mirando y celebrando.
—¡ARREFICEEEEES!— volví a chillar.
Esta vez me escucharon.
—¿Qué pasa Hector?—me preguntó el Capitán.
—¡Vamos directos a unos arrecifes, y para colmo, están en el interior de una tormenta!—grité.
¡CHSSS!
Justo en ese momento un se oyó el inconfundible sonido de un relámpago.
—¡Todos a sus puestos, tenemos que cambiar de rumbo!—gritó George.
—Pero Capitán...¿No recuerda que no se puede cambiar el rumbo?—dijo Harry.
—¡Rayos y centellas es verdad!
—Intentémoslo de todos modos—dije yo.
Todos los tripulantes se pusieron en sus puestos. Uno intentaba tirar del timón como loco sin resultado. Jelani se le acercó acompañado de Jeff. Entre los tres intentaron tirar del aparato. Forcejearon hasta que con un sonoro ¡CRACK! el timón se partió. Los tres cayeron al suelo a causa de la inercia. Habría sido una escena cómica de no ser que nos dirigíamos a una muerte segura. Harry y otros más intentaban mover las velas, pero al igual que con el timón, seguía sin moverse.
—¡Coger cada uno un remo!—gritó Lenna al ascender a la cubierta cargado de estos.
Todos nos colocamos en el borde e intentamos girar, pero fue en vano. Nos desesperamos hasta el punto en el que le obligamos a Lucy ponerse a gritar "¡Gira!" al barco. En vez de ser el barco el que giraba, nosotros dábamos vueltas y más vueltas. Nos internamos de lleno en la tormenta. Los arrecifes estaban cada vez más cerca.
—¡Hay que hacer algo!—chilló Lucy.
Tuvimos la mala pata que sus poderes hicieron efecto y todos nos pusimos a hacer algo. Unos a limpiar botas, otros a bailar... Otra escena que hubiese sido cómica de no estar al filo de la navaja. Una ola se alzó ante nosotros y nos azotó. Me agarré como pude para no salir disparado. Un marinero desafortunado fue empujado hasta al mar. Conseguí agarrarme a una abertura en las tablas del suelo. Otro rato rasgó el cielo. En menos de 1 minuto ya estaba empapado hasta los huesos. Lenna se acercó a mi lado.
—¡Vayamos a los botes de desembarque!—le dije.
—¡Nos ahogaríamos con esta tormenta!—respondió a gritos.
Otra ola se alzó contra nosotros. Conseguí agarrarme, pero Lenna no. Salió disparada empujada por la fuerza del mar. Afortunadamente logré agarrarla de la muñeca. Apreté los dientes intentando que no me arrastrase a mi también. Los dedos se me resbalaron y salí disparado. Gracias a Dios que había un bordillo de medio metro entre la cubierta y la borda. Lenna y yo nos estampamos sonoramente. Me levanté como pude y escupí el agua que había tragado. Miré al mar para ver la posición de los arrecifes y grité aterrorizado. Estaban a unos cinco metros listos para destruir.

La isla de KatnupHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora