Yo soy tu hijo

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El camarote del rey era enorme. Pero enorme es enorme. Tan grande que ocupaba medio barco. A mi gusto la decoración era bastante pija. Banderas del reino, cabezas de monstruos cubrían las paredes y alfombras de pieles adornaban el suelo.

-El médico está curando a tu amiga-dijo el rey sentado en su trono.

No entiendo esa obsesión que tienen los reyes por los tronos, si yo fuera rey me sentaría en una silla normal y corriente.

-Ahora haga el favor de explicarme de quién es usted y de donde narices está mi hija

Me quede en silencio pensando. ¿Cómo le iba yo a explicar al rey de que yo era su hijo y su hija quería quitarle el trono?

-Vera usted, hace tiempo había un rey. Un rey que tenía una hija y maravillosa mujer embarazada. El niño iba a ser el legítimo heredero, el principe. Su madre quería que fuese educado como ella había sido educada, ir al colegio normal y corriente, tener la oportunidad de darle al niño una infancia. Pero el padre estaba agobiado pues la guerra con un reino vecino había estallado y estaba escaso de soldados. Esa sangrienta guerra había estallado porque él no había previsto lo que se avecinaba, había sido un mal soldado y rey. No podía permitirse que a su hijo se criase como un niño normal, quería que aprendiese todo sobre la guerra para que él no cometiese los mismos fallos que su padre. Al oír eso la reina escapó, no podía permitirse que su hijo sufriera algo tan espantoso, no poder tener una infancia normal. El rey la encontró al año, se la llevó. Ella le contó que el niño había muerto, pero mentía. El niño vivo, y esta ahora delante tuya-

El rey se quedó boquiabierto mirándome. La rabia comenzó a brotar en mi interior.

-Tu la mataste-dije dolido-tú mandaste su ejecución-asesinaste al amor de tu vida-

-¡YA LO SE!-dijo mi padre enfurecido-Ella desobedeció, no podía hacer una excepción por que fuese la reina-

-¡Fuiste una cobarde!-chillé enfurecido-¡No querías líos y la mataste!-

El rey se levantó del trono. Se me acercó despacio.

-¿De verdad piensas eso? ¿Quieres saber lo que pienso yo?-dijo el rey chispeando de la rabia-¡LA CULPA ES TUYA POR HABER NACIDO!-

Eso me dolió, salí corriendo por la puerta. No sabía a donde me dirigía, simplemente quería huir. Huir de él, del rey, de mi propio padre. Todavía se me hacía raro que el rey fuese mi padre. No se quien era peor persona, mi padre o Lucy. Estuve paseando sin saber muy bien hasta que me pregunte a un soldado por donde iba a dormir. Me condujo a una habitación que el rey había reservado para mi.

Me tumbé ahí y me quedé e pensando. Estuve así un tiempo hasta que me dormí. Unos golpes llamando a mi puerta me despertaron.

-Adelante-dije.

Mi padre se asomó a mi puerta.

-Hemos llegado-dijo.

No le contesté.

Mi padre se disponía a marcharse cuando se giro de golpe.

-¿Te crees que para mi es sencillo?-me dijo mirándome a los ojos-Cada día, cada noche, pienso en ella. En como la fallé, porque tienes razón, fu un cobarde. Yo...

Se le cortó la voz. Una lagrima recorrió su mejilla.

Sentí lastima, en el fondo era mi padre. Le abracé.

-Hiciste lo que creías que era lo correcto, lo hiciste por el reino-

-Y me equivoqué-dijo-Eso que te he dicho antes yo...la culpa me mata, el buscar un culpable que no sea yo me hace pensar, por un momento me hace pensar que no fue muy culpa. Pero hay veces en las que hay que asumir las consecuencias. Antes pensaba que lo que tenía que evitar es que fallases en cosas de guerra, pero me equivocaba. Lo importante, siempre, es el amor-

Sonreí.

-Me alegro de tenerte de vuelta, hijo- dijo mi padre.

-Y yo-

La isla de KatnupHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora