Capítulo 12

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—¿Eh?... —Jodan se quedó quieto y parpadeó un par de veces, analizando la palabras de su amigo— ¿¡EH!?

Un rubor se posó en las mejillas y orejas del peliverde, quemaba, parecía que le habían puesto brasas en dichas partes.

Xavier observaba con diversión el rostro rojo de Jordan, esta vez sí que posó la mano en su cabeza, no como cuando quiso hacerlo en el restaurante. Se agachó un poco flexionando una rodilla levemente, dejando todo el peso de su cuerpo sobre la otra pierna, que estaba estirada. Mientras tanto metió su mano izquierda en en bolsillo del pantalón. Aún en esa posición, seguía siendo un poco más alto que Jordan.

—Vamos Jordan... Ya te dije que es peligroso, tu residencia está demasiado lejos de aquí.

—P-Pero... Yo no tengo pijama y... —Jordan temblaba como un flan, el corazón se le iba a salir por la boca.

Cuando Xavier habló no pudo evitar observar sus labios, finos y rosados, en movimiento. Quería probarlos hasta que ninguno de ellos los sintiese.

—Te prestaré uno mío, aunque igual te queda un poco grande.

—Pero es qu-.

—No hay peros, Jordan —le cortó. Volvió a incorporarse y sacó la mano de su bolsillo, agarrando así la mano temblorosa de Jordan. Quitó su otra mano del cabello recogido de Jordan y lo condujo hasta su coche.

El de ojos carbón no protestó más, sabía que no tenía escapatoria. Parecía un chihuahua asustado.

"No tiene por qué pasar nada. Dormiré en otra habitación o en el sofá, no importa. Todo está bien, no va a ocurrir nada, no va a ocurrir nada..."

Sin embargo... ¿De verdad quería él que no pasara nada? ¿De verdad quería tan solo dormir e irse a la mañana siguiente? Los rápidos y fuertes latidos de su corazón eran lo único que Jordan era capaz de escuchar. Parecía un tambor que solo tocaba en su cuerpo, sonando tan fuerte que era incapaz de concentrarse en sus propios pensamientos. Jordan únicamente se podía fijar en los intensos latidos y en el contacto de su mano con la de Xavier, además de la intensa ola de calor que lo inundaba.

Se sentó en el asiendo del copiloto sin decir palabra alguna, con las manos sobre las piernas, la mirada baja y el rostro colorado. Xavier se puso al volante y arrancó el vehículo.

—¿Sabes que eres malditamente adorable cuando te sonrojas? —preguntó Xavier con los ojos fijos en la carretera, alumbrada por las farolas de las calles solitarias y los focos de su coche.

Jordan emitió una serie de sonidos inentendibles, no sabía qué contestar, además su cuerpo se había paralizado. Xavier solo pudo reír.

"Maldición, ¿qué me pasa? Esto es tan avergonzante... Odio que tengas ese efecto en mí, que con solo una palabra puedas dejarme a mí sin las mías, es como si me olvidase que tengo capacidad para comunicarme mediante un idioma". Maldijo Jordan en sus pensamientos.

El peliverde ya sabía que el amor puede hacer que hasta la persona más inteligente del mundo, quede obsoleta. Un sentimiento tan irracional, nos vuelve como él, irracionales, y eso es algo que le molestaba mucho de dicha emoción.

Como dijo Xavier, su residencia estaba cerca del restaurante, llegaron en escasos minutos. Cuando salieron del coche, Jordan se quedó maravillado con el hogar del pelirrojo. Era grande, pero no en exceso. Poseía un estilo moderno, ya que prácticamente la mantenían en pie enormes ventanales en vez de paredes, aún así, las pocas que había, eran de color negro. El tejado era recto y del mismo color que las paredes. Algunas zonas se elevaban más que otras o se estiraban hacía un lado, la casa no tenía una forma muy regular. El jardín era vasto, se extendía tras los barrotes que separaban la propiedad de su jefe de la calle. Tras la reja, baldosas del mismo color que las paredes formaban un camino que daba a la entrada principal, y al los lados de dicho pasaje habían farolas que lo iluminaban.

—Parece que te gusta —Jordan asintió, su casa no era nada comparado con esto.

Xavier sacó un manojo de llaves de su bolsillo y escogió una, con la que abrió la cerradura y le cedió el paso al menor. Pensó en decir: las damas primero, pero sabía que Jordan le lanzaría una mirada de la que de acordaría por el resto de su vida. Además, no quería aparecer calvo a la mañana siguiente.

Jodan miraba a diestra y siniestra, examinaba cada rincón del jardín maravillado. La luz que desprendían las farolas los iluminaban a ambos hasta la entrada principal, que Xavier abrió con una llave diferente.

En la planta de abajo, se situaban salón, cocina y comedor, todo en un amplio espacio sin paredes, juntos en la misma estancia. El salón era lo que más ocupaba, estaba en la parte izquierda, con dos sofás enormes y un gran mueble donde tenía fotos, libros, CDs, carpetas, etc... En la zona del centro (del mueble) tenía un gran televisor. En la parte derecha, había una cocina en la que predominaba el color blanco. El color se lo daban los pequeños detalles. En la misma zona de la cocina, también estaba el comedor, que consistía en una larga mesa con multitud de sillas. Encima de ella había tres jarrones, los tres con rosas rojas.

Para subir al segundo piso había que subir por unas largas escaleras, las cuales estaban totalmente despejadas para acceder a ellas, no había nada que se interpusiera desde la entrada hasta ellas. Se podía contemplar el pasillo que daba a las habitaciones, ya que encima de la planta baja, no había techo que fuese de la segunda, si mirabas cara arriba, lo único que encontrarías era un gran cristal que dejaba observar la noche. Si por fuera le gustó, por dentro incluso más.

—Ven, te dejaré un pijama —Jordan volvió a asentir, todavía con la admiración que había sentido al contemplar el interior de la vivienda.

Siguió a Xavier por las escaleras hasta su habitación, y allí sacó unas prendas verdes de uno de los cajones del armario.

—Recuerdo que el verde es tu color favorito —declaró el de ojos verdes acariciando las prendas—, así que mejor que utilices este... Además, es el más pequeño que tengo —sonrió con dulzura, cerrando sus hermosos ojos.

—¿Te acuerdas de algo tan insignificante como eso? —rio.

Xavier lo miró sorprendido y dejó el pijama sobre la cama. Se acercó hacia él y le puso una mano en la mejilla, acariciándole con el pulgar. Al instante, el peliverde se ruborizó. Sentir el tacto, la piel, el calor de Xavier... Tan solo ese gesto hacía que su corazón latiese a mil por hora.

—Cualquier cosa que tenga que ver contigo, no es insignificante... Es importantísimo, por lo menos para mí.

—Xavier... —los ojos de Jordan brillaban, se perdían en los verdes del contrario.

Xavier colocó una mano en la espalda de Jordan, por la cintura, y lo aproximó a él. Ambos fueron acercando sus rostros cada vez más y Jordan rodeó el cuello de Xavier con sus brazos. Con desesperación, acortaron los pocos centímetros que quedaban entre ellos, saboreando los labios del otro, sintiendo un hormigueo por todo su cuerpo. Xavier se aflojó la corbata, y Jordan sabía perfectamente cuál era el ritmo que estaba cobrando esto.

¿Estaba bien? ¿Realmente estaba bien acostarse con la persona por la que había estado sufriendo durante tanto tiempo? Aunque no fuese culpa suya, aunque sabía que Xavier le quería, aunque había esperado tanto tiempo por poder sentir a Xavier... ¿De verdad era correcto?

Como en tantas ocasiones, la razón debía batallar con el corazón. El cerebro le decía que era pronto, aunque se conociesen desde hace tanto tiempo. También que, a pesar de que hubiese sido Schiller, no cambiaba el hecho de que le hubiese hecho sufrir tanto. El corazón... Simplemente quería seguirle el juego al pelirrojo, dejarse amar al tiempo que él mismo amaba. Su cuerpo no respondía, simplemente cedió al tacto del pelirrojo. Otra vez, ganó el corazón.

Nostalgia {HiroMido}.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora