CAPÍTULO VEINTICUATRO

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—¡Bruce!—gritó la pequeña cuando abrió la puerta y le agarró la mano.

—¡Chloe! ¿Cuántas veces te he dicho que no abras la puerta hasta que llegue yo?—Habló Hillary a lo lejos, y cuando por fin estaba frente a Bruce suspiró.

—Tu tía tiene mucha razón, Chloe. —me agaché a su altura por unos segundos y después la levanté.

—Eh... ¿gustas entrar?—Hillary se acomodó un mechón detrás de la oreja y se movió un poco.

—¡Ándale! Hill hacía galletas, pero... ¿te cuento un secreto?—Chloe habló en voz baja, y cuando asentí Chloe puso una mano entre su boca y mi oreja—. Sus galletas no tienen sabor y son más negras de lo normal.

Reí un poco y miré a Hillary, que miraba a Chloe con los ojos entrecerrados.

—A esta niña le encantan las galletas que hago, ¿verdad?—Chloe me miró con los ojos abiertos y después hizo el gesto de reír un poco, acercando su mano a sus labios.

—Son tan buenas que si quieres te las regalo todas.

Por fin entré a la casa, con Chloe aún en mis brazos.

—¿Qué pasa, Bruce?—estoy seguro que desde que llegué fue lo que se preguntaba Hillary.

—Quería invitarte a una fiesta, ¿quieres ir?—me troné los dedos y la miré esperando una respuesta.

—Dijiste que no ibas a esas cosas. —Chloe entrecerró los ojos, acusando con la mirada a Hillary.

Eh... ¿Metí la pata?

—Yo no voy a esas cosas, Bruce. ¿Lo recuerdas?—Hillary habló abriendo los ojos. Entonces, capté la señal.

—Oh claro, no es una fiesta. M-me refería a leer li-libros, muchos en realidad. ¿Quieres leer libros?—Hillary sonrió. Qué tierna.

—No lo sé. —Miró a Chloe, que ahora se encontraba buscando algo—. No tengo idea de a qué hora pasen por Chloe, ¿es justo ahora?

—Puedo esperar... si quieres, claro.

—Mírame cómo estoy. —Miré el atuendo de Hillary, qué consistía en unos pantalones holgados y un poco rotos con una blusa de manga tres cuartos y con un moño mal hecho.

—No es necesario que te arregles tanto, igual no te ves mal. —Dije y Hillary lo pensó un poco.

—Me arreglaré un poco, pero si no llegan por ella temprano no voy, ¿bien?

Sonreí.

—Dale, ve a arreglarte y yo me quedo con ella, pequeña. —Me acerqué a Chloe, que se había dado por vencida de buscar no sé qué—. ¿Qué buscas?

—Sólo buscaba mi película, pero Hill me la perdió. —Suspiró.

—¿Por qué dices que te la perdió?

—Porque no la metió a su cajita. Dejó el círculo por ahí y ahora no sé dónde está.

—¿El disco?—asintió, y vi que por lo alto de la televisión estaba ahí—, ¿qué me gano si lo encuentro?

—Jamás lo vas a encontrar. —Chloe se puso de rodillas en el suelo, apoyándose en el sofá.

—Tienes que darme un premio si sí lo encuentro.

30 Cosas de un perdedor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora