CAPÍTULO DIECIOCHO

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Era viernes, y ya eran las 6:54 p.m. y ya me sentía jodidamente cansado.

¿Y así quería ir al partido de Ian en pocas horas más?

Estaba trabajando en el café de Rob, y aunque cuando trabajo me canso un montón, extrañaba regresar por aquí.
Bueno, sólo han sido como dos semanas, pero igual, es parte de mi rutina.

No había nada de gente dentro de la tienda, y Anne (mi compañera de trabajo) había salido. Así que sí, a parte de servir un montón de cafés y frappuccinos me tocaba ordenar las mesas.

Estaba escuchando "The Xx" a volumen alto pero no a dejar sordo, así que claramente escuché la campanilla que se activa al abrir la puerta. Alguien había entrado.

—Ya te tomo orden. —Hablé de espaldas, aún limpiando una mesa, la penúltima.

—Sólo quería ver si tienes frappé de Je suis desolé*...

Me volteé, por reconocer su voz y por lo que estaba pidiendo.

—¿A caso me acabas de insultar en francés?—pregunté entrecerrando los ojos.

—N-No, no. Dije que lo sentía. No te insulté, aaaaaay. —Tartamudeó nerviosa.

Eso de pedir disculpas la hacía ponerse aún más tierna de lo que ya era.

Después de mirarla fijamente frunciendo el ceño, le sonreí. Imposible no perdonarla.

—Lo sé, ¿recuerdas que en francés siempre ha sido mayor mi calificación que la tuya?—Ella sólo asintió—. Sólo quería que me lo dijeras con el mismo idioma con el que casi me rompes el corazón. Ven aquí, pequeña.

Se acercó a paso lento a mí, tímida, y me abrazó por debajo de mis brazos.

—No soporto más estar enojada contigo. Lo siento, de verdad.

¿Cómo iba a decirle que no? Sí yo tampoco me sentía bien estar así con la única mujer que tenía confianza, que no fuera Gen o mi madre.

¿Allison entraría a ese círculo de "Chicas que no son mis familiares pero les tengo confianza"?

Basta, no empecemos de nuevo, Bruce.

—Y más por una tontería. —Añadió.

Sí, bueno, algo así.

—¿Entonces, ya estaremos bien?—pregunté mirándola a los ojos. Ella sólo asintió y me dio un beso en el cachete.

—Entonces supongo que ya no quieres tu frappé. —Dije separándome de ella y terminando de acomodar la última mesa.

—No, pero quiero un helado de galleta. ¿Qué te parece si me acompañas a comprarlo?

—Pero si aquí vendemos capuccinos de eso. Tranquila, hoy no es el día de "cortarme las uñas dentro de la cocina". —Bromeé.

—Eres tremendo.

—Sí, así me quieres. —Le revolví un poco el cabello, ya que no podía hacerlo bien. Llevaba una fina trenza en forma de diadema*, así que eso no permitiría hacer bien mis cariños—. Espero no me odies por lo que diré a continuación.

30 Cosas de un perdedor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora