CAPÍTULO CATORCE

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—¿Qué es esto?—preguntó Connor enseñándome una caja azul que contenía... No tenía idea de qué contenía pero era azul.

Siempre que nos faltaba algo para el apartamento nos juntábamos en venir los dos al súper y poder elegir cada uno lo que se le diera la gana.

Una vez Connor me había hecho una lista de qué era lo que le hacía falta porque yo iba a pasarme por una tienda cerca de la casa de Hillary, y terminé llevándole comida para pollo. No me culpen, era parecida a su botana favorita.

—Ya sé qué es—le hablé agarrando la caja en mis manos y observándola.

—¿Qué es?

—¿Recuerdas la pistola de Nerf que le diste al hijo de tu prima, Rosalie?

Hizo como que pensó rascándose la barbilla para después decir:

—Sí. ¿Qué hay con ella?

—Son tiros, y vienen diez. Deberías comprárselos, porque si no recuerdas bien se la diste sin tiros.

—¿Yo para qué quiero tiros si ya no tengo mi pistola?

—No es para ti, son para él.

—Entonces, ¿para qué quiero darle tiros, si seguro Rosalie ya le compró unos setenta?

—No lo sé...—piensa en algo, Bruce—¡Ya sé! Para que te dé de esas gomitas que nunca te quiere dar.

—Uh, buena idea. —Tomó las dos cajas que habían dejado en el área de herramientas (sí, justo ahí) y las echó en el carrito.

¿Cómo es que Connor no lograba distinguir tiros de pistola Nerf y tampones?

Bueno, quién lo diría. Yo tampoco los conocía hasta que una vez vi que Gen se metía con uno en el baño. Le había contado a mamá en plan;

"Sé por qué tarda tanto Gen en el baño. Hace cochinadas y se mete cosas por donde se supone que debería sacar... Otras cosas".

Ambas se rieron por un buen rato de mí, y hasta después me explicaron qué eran y para qué servían. Demasiada información para un hombre.

Mientras íbamos hacia la caja para que nos cobraran, nos paramos frente a una estantería en donde se encontraban medicinas y demás cosas que una farmacia tiene.

Connor agarró una caja y me miró.

—¿Por lo menos te aseguraste de que lo hiciste con protección? Digo, según Genesis y Allison estabas más borracho que un vago a las 12:00 de la noche. —¿De qué estaba hablado? Oh mierda...— ¿Quieres comprar unos cuantos para la próxima vez que...

—¡Que eso nunca pasó! ¡Superen que fue una broma estúpida de parte de esa loca!

—Hubiera dado todo mi dinero para ver la cara que Genesis, Matthew y tú pusieron.

Que por cierto, tendría que devolverle la broma a Allison.

Cuando ya estábamos en la caja registradora, la señora que nos estaba cobrando agarró la caja de tampones y nos miró a ambos.

Le di un codazo leve a Connor para que viera a la señora y él dijo:

—Oh, son para mi sobrino, tranquila. Le he dejado sin juguetes porque esos me los había quedado yo. —La señora abrió aún más los ojos y lo miró con horror. —¿Qué hay de malo con eso? A veces los uso para pegar hojas o recados en nuestro refrigerador.

30 Cosas de un perdedor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora