— Matt, no sé cómo diablos pero hay que ir a derrumbar ese maldito muro— me enfurece saber que Cristian tiene algo que ver con el secuestro de Amaya.
— Lo único malo de todo esto es que estamos solos Richard, solos no podemos hacer nada— dice Matt.
— No estamos completamente solos Matt. Llamaré a Sebastián, le pediré que venga y hagamos algo entre los tres— le digo muy seguro.
— Igual Richard, siendo dos o tres igual no vamos a poder, la muy buena perra de Angela tiene los ojos puesto entre nosotros, sabe nuestros pasos, lo que decimos, lo que pensamos, así que de nada sirve que vayamos allá y Jhon termine atrapandonos.
— Yo no me voy a rendir, necesito a Amaya, necesito verla, escucharla, abrazarla, besarla, y para eso tengo que acabar con lo que me lo impide, ¿y qué me lo impide? El maldito muro, hay que derrumbar ese maldito muro Matt.
— Llama a Sebastián— termina diciéndome.
Sebastián llega en seguida. Matt busca ropa y capucha negra para engancharnoslas para que así nada ni nadie nos reconozca; Angela tiene las narices bien metida en esto, espero y no nos arruine el plan.
Cargamos el baúl con armas y algunas bombas. Estábamos dispuesto a derrumbar ese muro ésta misma noche.
Llamé a Bryan para ver si se nos quería unir pero me enviaba al buzón de voz. Sé que Bryan se fue muy molesto la última vez pero ahora sí tenía una pista de donde está Amaya y es posible que Gema esté ahí detrás también.
Subimos a la camioneta, llegamos cuidadosamente al lugar; esperamos que todos los centros comerciales cerraran para así poder tener el paso libre y que nadie nos vea ni nos delate.
Nos cubrimos bien la cara con mascarillas, pareciamos unos puros criminales. Las pocas personas que quedaron allí se asustaron al vernos bajar de la camioneta. Matt lanza una bomba lacrimógena, y Sebastián empieza a disparar contra el muro. Sostengo el arma y empiezo a disparar junto con Sebastián.
Matt lanza unos explosivos contra el muro, haciendo que gran parte del muro se derrumbara.
No lo pensé dos veces y subí al muro quedando parado sobre él.
— Muchachos— les grito desde arriba—. Aquí no hay nada.
— Algo tiene que haber— Matt se enfurece. Sube al muro y salta—. ¿Dónde diablos estás Angela?
Empieza a gritar por todos lados. Del otro lado del muro estaba todo repleto de un enorme collado, y al fondo una simple cafetería en medio de tanta soledad.
— Estas personas deben saber algo— salto del muro y voy con Matt hacia allá.
— Buenas noches— Matt saluda.
— Hola chicos, ¿en qué les puedo ayudar?— una señora nos recibe con amabilidad.
— Somos del gobierno, y queríamos saber el porqué se instaló usted esta cafetería en un lugar tan solitario— Matt inventa una estrategia para sacar información.
— La cafetería siempre estuvo repleta de gentes, por las personas que vivían aquí. Un día vino una muchacha y acabó con todos, quemando todas las casas que habían a mi alrededor, solamente dejó esta cafetería porque aquí era que iba a empezar su gobierno. Me la compró y desde ese entonces no la he vuelto a ver.
— ¿Cómo era la chica?— le cuestiono.
— Nunca se dejó ver la cara, pero según su forma de hablar y actuar, no pasaba de los 17 años, hace dos años.
— Esa debió ser Angela— Matt me susurra.
— Muchas gracias señora por su colaboración, estaremos supervisando de vez en cuando— le termino diciendo.
— Cuídense chicos— nos despide bien risueña.
Salimos de ese lugar. Matt me mira extraño, cruza tan rápido como pueda el muro.
Sebastián estaba ahí esperándonos.
— Tenemos que irnos— Sebastián se apresura—. La policía viene por nosotros.
Subimos rápidamente a la camioneta, Matt arrancó a toda velocidad, directo a su casa.
— Bajense aquí— nos deja en la puerta de su casa y sigue en la camioneta.
Entramos y nos quedamos esperándolo en la sala.
— Esa mujer no me cae bien— entra estrellándo la puerta—. No confío en ella.
— Es muy sospechoso que una mujer haya permanecido en ese lugar tan solitario durante dos años. Algún contacto tiene que tener esta mujer con Angela— digo.
— Esa mujer tiene que ser alguna de los tantos guardias que tiene, esa mujer seguro es un estorbo, ellá está ocultando algo más— Matt dice furioso.
— Hay que infiltrarse en ese lugar Matt, no sé cómo pero hay que hacerlo.
— Lo malo es que esa mujer ya nos vio— se queda pensando.
— Ella cree que somos del gobierno, al menos eso creemos que ella cree. Así aprovechamos y le decimos que queremos inspeccionar la cafetería y todo lo que haya oculto detrás de esta y listo, podemos ver que es lo que esa gente oculta detrás de ese lugar— le termino dando una grandiosa idea.
— Eres un genio Richard, mañana mismo vamos para allá— Matt me pone la mano en el hombro—. Estoy orgulloso de ti.
— Gracias Matt— le sonrío.
Mi celular empieza a vibrar. Era de un número desconocido.
— Tómalo— Matt me dice.
— ¿Hola?— contesto nervioso.
— R-Richard— escucho esa voz tan tierna y delicada, esa voz que hizo que se me partiera el alma en dos.
— ¿Amaya?— empiezo a llorar descontroladamente.
— Te necesito— dice faltandole la respiración—. Salvame por favor.
— Mi amor, ¿dónde estás?— me estoy poniendo nervioso, la emoción no me dejaba pensar bien del todo.
— Derrumba todo lo que haya detrás del muro— se corta la llamada.
Me quedo frío, no sabía cómo reaccionar.
— ¿Era Amaya?— Matt se emociona.
— ¡Está viva Matt! Amaya está viva.
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Criminal |Richard Camacho| (2MO)
FanfictionSegundo libro de Mi Objetivo. Amaya ha sido secuestrada por Angela Stone, una chica invisible. Richard está dispuesto a encontrarla sea como sea, incluso hasta convertirse en un criminal. Portada: Gozzlie.
