XIX

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     Y ese era el punto final para querer morir para siempre. Me tomó entre sus brazos, mi cuerpo temblaba aquella noche, era fría al igual que mis sentidos, sus brazos estaban calientes, me desnudó por completo y me llevó a la ducha. Me sumergió en una gran tina de agua de rosas donde tenía veinticuatro rosas que deshizo de sus pétalos y echó en la tina. Veinticuatro rosas que definían que era suyo. Sumergió mi cuerpo, mantenía mi cabeza a flote y yo le veía fijamente, y sus ojos se topaban con los míos al mismo tiempo que las velas que yacían en el lugar resplandecían con fulgor. 

      ¿Cómo haría para despertarme de este frenesí? Con su mano izquierda echó mi cabello hacia atrás, mi corazón latía descontrolado, y mi cuerpo desnudo se desvanecía entre los pétalos y el agua de canela, de tal manera que cogió doce rosas más e inmediatamente entendí que me quería pedir matrimonio, pero luego las incineró y las cenizas las echó al agua, tornándola de un sucio oscuro y sin más, puso su mano izquierda en mi rostro; sin poder mover alguna extremidad de mi cuerpo, sacó su brazo derecho debajo de mi nuca y con la izquierda hundió mi cabeza hasta el fondo de la tina, aun con los ojos abiertos y entre sus dedos podía ver su sonrisa al tratar de asesinarme. No pude hacer más que observar tan frívolo espectáculo, pero mi alma se rehusaba a abandonar mi cuerpo... estaba viviendo entre la muerte el más maravilloso sueño, mi anhelo y mi desdicha; el matrimonio de mi suerte. Se siente como estar en la mejor historia de amor, donde las líneas no acaban, y si acaba, tienen segundas y terceras partes. 

     Busqué las letras de esta palabra, para hallar la razón del por qué me enamoré, flechado directamente por un arpón que entró sin razón en mi corazón y me elevó tan alto como un globo que no necesité ninguna otra droga para sentirme en la cima del cielo, solo sus besos y sus abrazos. Pues el sentimiento había muerto, ya estaba enterrado y de mí se había olvidado. Yo aún permanecía inmóvil ante la situación, pues apenas había logrado musitar algunas palabras, mientras todos los días llegaba alguien diferente a mi habitación para ponerse al día con mi caso. 

     Algunos decían que ya no había remedio y que solo debía esperar la muerte, y no creo que pueda morir, no estoy cayéndome en las ruinas de mi palacio, decían a los cuatro vientos que no habría medicina alguna que pudiese curar este cuerpo porque estaba mortalmente enfermo y esto me había hecho alucinar tanto que le veía en todo momento. Incluso en las horas que imaginaba a su lado, verdaderamente estaba muriendo y siendo consumido por sus falsos deseos. Sé que cuando se haya ido mi mente me llevará a todos los lugares a los que una vez fuimos y estos se encuentran exactamente igual que antes, solo que vacíos porque en ellos una vez hubo amor eterno. 

     Rezaré porque encuentre su camino y las cosas que siempre ha deseado, si llega a haber alguien nuevo dándole vida a su vida no me interesa saber quién es. Estaré alegre en cualquier momento porque le amé y pronto moriré para hallar nuestro amor en el inframundo y vivir en ese maravilloso momento que por siempre permaneció en los rincones de mi habitación.

25 DE NOVIEMBREHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora