ANGEL DE LA GUARDA
Hermione había aparecido en el jardín de la casa de Neville, que al verla corrió a su encuentro puesto que la castaña lloraba desconsoladamente. Entre jazmines y lirios la había guiado a la cocina donde le preparó una infusión para que pudiera tranquilizarse, no podía llorar así y menos en su estado.
Entre sollozos ella le había relatado lo sucedido. Neville no había podido dejar de notar que su amigo de aventuras hacía el esfuerzo involuntario para perder a su esposa. Solito, el mérito era todo suyo. El muy necio Ron Weasley.
-Hermione no entiendo cómo pudo haber llegado a esta instancia- sostuvo sus manos y la miraba deseando que le explicara.
Ella lo hizo, con detalles, desde su primer encuentro con Narcisa, la afinidad creciente entre ellas, lo de Astoria, el nacimiento de Scorpius, el regalo, que fue lo que sorprendió más al profesor de Herbología hasta el infeliz desenlace en la casa de Harry que ya él había conocido.
Cuando se había tranquilizado, en parte por el efecto de la infusión y mucho por haberse desahogado, Neville la condujo hacia el cuarto de huésped, ella debía descansar, Hermione se dejó conducir, arropar y se durmió.
Al despertar notó que ya había oscurecido, se levantó a duras penas y se dirigió a la ventana, había empezado a nevar.
Neville lentamente abrió la puerta se sorprendió al verla levantada, le había traído una bandeja con sopa, tarta de chocolate con frutos del bosque, recordó que era su favorita, y un gran vaso de jugo.
-Nev, perdóname por haber venido así, sin avisar y más en mi estado, tengo mucha vergüenza, no sabía a quién recurrir- sollozó de nuevo.
-Ya está, Jean- solo él la llamaba así-nada de eso- mientras la abrazaba- para esto estamos los amigos, sabes que para ti estoy siempre, cálmate- el llanto fue aumentando- ¿Jean te sientes bien?- preguntó afligido, se había separado un poco y la sostenía de los brazos.
-No Nev- se quejó- tengo contracciones y aún no es tiempo de que nazca mi bebé.
-Te llevo a San Mungo en este instante- había palidecido.
-No, ya pasará, ya me recuesto y –no había podido terminar la oración cuando se dobló en dos por el dolor- ayúdame Nev- gimió.
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La sala de emergencias del hospital estaba atestada de pacientes esperando ser atendidos, la mayoría acudía por los excesos durante los festejos.
-Típico, típico- se quejaba uno de los sanadores de guardia- no comen nada, beben solo agua, entonces no entiendo qué pudo haberles caído mal- murmuraba mientras una enfermera conducía un paciente a uno de los consultorios, ella sonreía sin embargo el paciente lo miraba para maldecirlo.
Cuando la pareja de amigos apareció en el vestíbulo fueron vistos por Charity Smith, que había estado haciendo un reemplazo esa noche.
-Hermione- gritó- por Merlín, rápido tráigala por acá- mientras despejaba el camino.
Neville la llevaba en brazos, ella estaba desmayada.
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Draco había estado alimentando a Scorpius, Narcisa los observaba, estaba orgullosa del hombre en el que se había convertido su hijo.
-Si Lucius hubiera actuado así- pensaba con nostalgia- pero en esos tiempos él tenía otras preocupaciones.
