El recuerdo de la visita de sus ex-alumnos todavía lo perturbaba.
Habían logrado su propósito. Casi sin querer, pero emocionado como pocas veces, él seguiría unido a los descendientes de la sangre amada. Ni el tiempo ni las circunstancias podían separarlo de ella. Severus Snape sería el padrino del último Potter.
Harry junto a Hermione habían visitado al esquivo profesor de Pociones, en la calle de La Hilandera, entonces en mejores condiciones que hace siete años. Lo habían convencido, aunque todo el esfuerzo fue fruto de la infalibilidad de Hermione.
- Srta. Granger no puede ponerme en esta posición, no me niego, pero yo quiero seguir así como estoy, tranquilo sin tanta exposición y aceptar la propuesta de nuestro salvador- le había dirigido una mirada de reproche a Harry-me obliga a abandonar mi exilio. Sufrí demasiado, y Ud. lo sabe mejor que nadie- exclamó Snape.
- Profesor- antes esta palabra Severus había intentado amedrentarla pero Hermione lo había apuntado con un dedo- no me mire así, siempre lo llamaré así, lo respeto demasiado y Ud. lo sabe perfectamente- le dijo con la misma intensidad, no se dejaba intimidar por el ex espía de Dumbledore- me lo debes si es necesario voy a obligarlo, no me provoque, me conoce demasiado.
-Señor, se lo pido por el recuerdo de mi madre- imploró Harry- Ud. me cuidó hasta casi morir yo deseo que mi hijo tenga la mejor protección, la suya.
-Eso es jugar sucio Potter- le respondió casi escupiendo el apellido.
La mirada de Severus se había desviado hacia un libro que disfrazaba entre los miles que residían en esa oscura habitación, entre sus páginas amarillas residía el último recuerdo de la existencia de su eterna amada. Un pedazo de papel que había arrancado de una carta que Lily le había escrito a aquél otro enemigo, Sirius Black. Las leería y su ausencia se esfumaría por un instante. “Con amor Lily”. No por el recuerdo pero sí por el amor.
-Acepto.
-Espero que Ginny haya tenido la misma suerte con Minerva pero sin tanto esfuerzo- resoplaba Harry- no entiendo Hermione, ¿qué es lo que hubieras hecho para obligarlo?- se había preguntado desde que llegaron al viejo Castillo de Hogwarts todavía en reconstrucción.
- Harry, te amo, eres mi hermano pero ese es un secreto que me llevaré a la tumba- lo había mirado ceñuda, indicación de no insistir- ¿estamos claro?- preguntó con las manos en la cadera, típico de ella y el regreso al colegio le recordó viejos tiempos.
-Clarísimo- respondió Harry con temor y abrazados habían llegado a las puertas de la dirección.
Desde afuera se escuchaban los exclamaciones de felicidad-Aceptó- dijo Harry sonriendo.
-¿Lo dudabas?- finalizó Hermione.
-0-
-Yo quería que la ceremonia se realizara en La Madriguera- susurraba Ron mientras recibían a los invitados.
-Amor, nuestra casa es lo suficientemente confortable para llevar a cabo el ritual, además es lo indicado ya te lo dije- mientras acariciaba su mano- no te inquietes tanto.
-Augusta, es un placer tenerla con nosotros- mientras abrazaba a la Sra. Longbottom.
-Mi niña, no me lo hubiera perdido por nada del mundo, amamos a tu familia y además Neville y yo te debemos tanto, hija- la miraba con lágrimas en los ojos.
