YULE Y SCORPIUS

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21 de Diciembre, festividades de Yule, cuando la mitad oscura del año renuncia a la mitad de la luz. Conocido como Solsticio de Noche, o la noche más larga del año, los antepasados mágicos ​​esperaban el renacimiento del Rey Sol, el Dador de la Vida. A partir del día siguiente al amanecer, el sol sube un poco más alto y se queda un poco más en el cielo cada día. Una noche para la planificación del futuro.

Y el día había amanecido muy frío, preludio de las nevadas que se acercaban. Hermione en la cocina bebía su chocolate caliente, pronto a partir al inicio de su última semana laborable. Adoraba las preparaciones previas a Yule, tan cercana a Navidad, día de la familia y ella pronto tendría una. Mientras sorbía de su taza repasaba las compras que había realizado el sábado pasado, previsora como siempre, todos tendrían su regalo. Aunque ese año una persona más había aparecido en su larga lista de regalos. Narcisa.

Hora de partir.

Draco se había despertado de golpe, una pesadilla interrumpió sus pocas horas de sueño. Sangre, mucha sangre, Hermione y un recién nacido. Su corazón latía desbocadamente, un sudor frio empapaba sus ropas, le dolía la garganta, había gritado en sus sueños, nadie lo había escuchado. Mejor así pensó. Mala noche, feo despertar. Esperanzas de que su día mejore.

Narcisa había organizado todo en la mansión para las celebraciones de Yule, para ella ese año significaba más que nunca, desde esa noche la luz ganaría su lucha sobre las sombras, como en su vida y en la de su hijo.

Había cifrado sus esperanzas en el niño por nacer, al que ya adoraba sin conocer, a pesar de la madre. Tenía un nombre, no lo sabía, Draco lo había ocultado hasta su nacimiento. Seguía la tradición de tantas generaciones Malfoy, ella estaba orgullosa de esto.

En el pequeño desayunador Draco se encontraba con la mirada perdida, lejos en sus pensamientos, tan absorto que no había notado la entrada de su madre, ello lo había mirado preocupada. No quiso interrumpirlo, se acercó lentamente y le dio un suave beso en la frente, Draco cerró los ojos, sintió paz.

-Buenos días mi cielo- le susurró sonriendo levemente- por lo obvio no dormiste bien- le acarició la mejilla.

- Buenos días madre, solo una pesadilla- carraspeó y bajó la mirada, quería ocultarle su angustia y preocupación. Falló.

- Draco, mírame, no puedes ocultarme tus temores- había levantado su vista y ella leyó en sus ojos grises dudas.

-Fue solo un mal sueño madre- y le relató a grandes rasgos. Cuando terminó Narcisa le dio su opinión, se sintió mejor, compartió su zozobra.

En otra habitación de la señorial casa Astoria se había levantado de la cama, harta de tanto reposo, hastiada de tanta inactividad, se sentía en prisión, recluida, no aguantaba más. Ese día le pondría fin a su estado, había decidido no faltar a las celebraciones que se llevarían a cabo en su mansión, si su mansión, porque ella ya había tomado una decisión. No dejaría de ser la Sra. Malfoy, con todas las ventajas de tan antiguo apellido, aunque es ese momento eso no le importaba, solo el dinero del que podría hacer uso y aunque la posición en la sociedad mágica no era el de antaño, ella, Astoria Malfoy, se encargaría de devolverle su lugar. Y esa noche empezaría. El niño en su vientre le daba el derecho a todo, no dejaría pasar esa oportunidad.

                                                 -0-

Había sido una guardia tranquila, junto a Charity estaba en el balcón de la sala de sanadores mirando las estrellas, tan brillantes sobre un manto de oscuridad.

- ¿Parecen diamantes verdad?- preguntó Charity.

-Sobre un sobrio vestido de terciopelo negro, el más fino y elegante- le respondió Hermione sonriendo.

Siempre fue ellaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora