Desde su pequeño negocio, lo vio llorar, y no supo que le pasaría. Él creyó que nadie lo estaba viendo.
Una novela en la que al igual que la realidad, el amor, la felicidad y la muerte, conviven juntos.
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Se encaminó a casa, pedaleando tan rápido, que una polvareda se levantó detrás de la rueda trasera. Al entrar a casa, su rostro despedía felicidad. Había una nota en la mesa, con la letra de su padre.
"Estaremos pintando la casa, si estás libre, una mano de ayuda no vendría mal."
Tenía que ir a ayudar, porque cuando más rápido terminaran, más rápido todo volvería a la normalidad. Así que, después de tomarse un vaso de zumo, y cambiarse la ropa por algo que pudiera ensuciar, volvió al pedaleo de su bici.
La casa estaba a unas dos cuadras de la suya, así que se verían seguido.
Cuando llegó, se sorprendió bastante de los que podían lograr en una mañana. Además, visualizó a los dos trabajadores que su tía dijo que pensaba contratar. La pintura derruida de afuera, estaba siendo invadida por una brillante y limpia capa de blanco. El césped que llegaba hasta sus rodillas, ahora estaba cortado y dejaba ver unas florecillas amarillas de estación. Por dentro, su tía Marissa, junto con su madre limpiaban todo y sacaban el polvo. Lo más increíble era que los muebles si bien estaban pasados de moda, seguían intactos.
Vio dos personas en una de las paredes laterales de la casa. Dos personas que se estaban besando.
¿Qué demonios?
Sin importar poder interrumpir algo, se acercó dando zancadas.
—¿Qué creen que están haciendo? —Iba a gritar, iba a apartarlos, pero recordó que no era asunto suyo, así que solo habló—. Yo no puedo creerlo.
Los dos implicados estaban rojos de la vergüenza. Los ojos de Thania se llenaron de lagrimas, pero a Jul no le importó. Estaba molesta, su amiga no solía se así.
—No es lo que parece, esto, solo pasó... —Matthew quiso explicarle, como si ella fuera la típica novia que descubre una infidelidad.
—No tienen que explicarme nada, porque yo no pienso meterme más en este pantano. Solo les recomendaría que si van a hacer estas cosas, vayan a un lugar privado, donde las personas como yo no puedan verlos.
Entró a la casa, enojada, pero arrepentida de haberles hablado así. Los quería tanto, que se sintió decepcionada del camino que habían escogido. No conocía a ese Nathan, pero a ella no le gustaría que le hicieran eso. Se puso a plantearse miles de ideas, miles de suposiciones, pero se repitió que no era asunto suyo. Ellos eran don personas pensantes, y ya con la edad suficiente para saber que era lo correcto.
Un mensaje le llegó a su celular.
>>Mi padre viene el viernes, de visita, pero se va al final del día. Quisiera que lo conocieras.<<
Quería presentarle a su padre. El único de sus familiares cercanos que le quedaba.
Los nervios le revolvieron el estomago, y tecleó sin dudarlo.