Capítulo 31

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A la mañana siguiente, el sol ya comienza a picar y Juliette se da cuenta que estará bastante caluroso

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A la mañana siguiente, el sol ya comienza a picar y Juliette se da cuenta que estará bastante caluroso. Quizás no fue tan buena idea la cabalgata. Tan solo esperaba no tener que arrastrar a los caballos para que caminaran, por el simple de que sus herraduras se derretirían. Demasiado drama.

Lo raro de todo eso fue, que no se despertó ni por el cacharro viejo ni por el dedo de su padre clavándose en el hombro. Dos ojos hermosos la estaban observando, y una sonrisa con la paleta delantera faltante le apuntaban a su rostro. Madelein le abrió un ojo a la fuerza y la chica frunció el ceño.

—¿Sabías que Simón puede resistir diez segundos sobre sus patas traseras? —preguntó la niña, para luego volver a decir—. Tía Diane me dejó alimentarlo y estaba así parado cuando vio su lata de atún. ¿Crees que sea asqueroso desayunar pescado?

Sin duda, ella estaba más despierta que su prima, que aun no lograba abrir los ojos, y entender como Madelein había llegado ahí. En la puerta, apareció su madre, cargando al gato, y sonriendo hacia su sobrina. Juliette se sentó, sin salir de la cama, y todavía sin emitir palabra, bostezó.

—Aquí lo tienes, no se dejaba agarrar. Toma, lanzale su ratón y verás como se activa. —Y le da el pequeño juguete.

Maddie lanza el ratón, y el felino corre a la caza, mientras que Diane la mira. Se la nota bastante feliz. La mujer levanta sus cejas, esperando que Jul haga la pregunta "¿Por qué están aquí?" seguida de "¿Por qué no me dijeron nada?". Tarda unos segundos en caer y dice:

—¿Por qué nadie me aviso que vendrían? —Su voz sale un poco más grave de lo normal. 

Ve al instante que la niñita deja de jugar con el gato, y mira de manera cómplice a su tía, que le devuelve la mirada. Los ojos de la castaña van de un lado al otro, esperando una respuesta. Maddie hace un mohín, para luego exclamar:—¡Nos mudamos aquí!

Segundos después, las dos se encuentran saltando por toda la habitación. Diane las observa sonriente, pero o tardan mucho en tomarla de las manos y unirla a su celebración. La mujer se había olvidado de como saltar, pero las imita y se siente una chiquilla otra vez. Al único que no le gusta la situación es a Simón, que sale corriendo en cuanto escucha los zapatos haciendo estruendos en el piso de madera.

—¿Qué está pasando? —Matt aparece y al verlas saltar, niega con la cabeza. Se ríe al ver que Diane le ruega auxilio con el rostro, así que se aproxima y toma a su tía de la mano, sacándola de la ronda de esa ronda de la locura.

—Uf, creo que me siento vieja —dice la mujer, mientras frota sus rodillas. 

—¡Lo habían decidido y nunca me dijeron nada! —Jul toma aire luego de su tercera oración del día.

—Ah, a mi recién me lo dijeron cuando llegamos. Pensé que solo veníamos de visita. —Maddie se sienta en la cama y Matt rueda los ojos.

—Sabes que no podemos avisarte nada, Madelein. Estarías toda la semana preguntando cuando nos vamos, cuando nos vamos... —Se frota la cara con exasperación. Se lo nota cansado. 

Mi querido Mark ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora