Desde su pequeño negocio, lo vio llorar, y no supo que le pasaría. Él creyó que nadie lo estaba viendo.
Una novela en la que al igual que la realidad, el amor, la felicidad y la muerte, conviven juntos.
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La cara de Jul enrojeció como tomate, cuando todos aplaudieron divertidos, al ver que escucharían cantar a la pobre. Lo que ellos no sabían, es que el canto se le daba muy bien, pero sufría pánico escénico. Además, si cantara con Thania vestida de conejillo de la India con ukelele, sería una cosa. Pero practicar y cantar junto a ese raro chico, no la convencía para nada. El alcalde alzó sus manos para que hicieran silencio y habló:
—Creo que todos tienen bien especificado en sus papeles cada actividad a realizar. Cualquier pregunta, al finalizar la sesión. —Carlo estaba un poco demente, si—. O sea, ahora.
Los que tenían clara su actividad saludaron y se fueron tranquilos hacia la puerta. Pero en la habitación, quedó Juliette y Thania, así como Mark, que no entendía mucho como iba la cosa. Después de todo, para él todo aquello pasaba como hobbie.
—Y bien, ¿qué sucede? —preguntó el hombre, bebiendo una limonada que le había traído su secretaria—. ¿Y para los chicos? Trae más —ordenó, a lo que la pobre salió corriendo.
—Hum bueno, creo que en realidad, no estoy muy de acuerdo con cantar en el festival. —Juliette estaba nerviosa porque en realidad no se le ocurría una buena excusa, y sabía que él preguntaría—. Me parece divertido y toda la cosa, pero no creo poder.
—Oh, vaya. —Asintió el hombre decepcionado—. ¿Por qué no puedes? —Y ahí estaba. Casi salta a abrazar a su amiga cuando salió a su rescate.
—Bueno, es que ella quizá no pueda porque estará muy ocupada con los pasteles y toda la cosa...
El alcalde, sin embargo, no parecía conforme con eso. Chasqueo la lengua.
—Todos los años, la persona elegida puede con ambas cosas. Pueden pedir ayuda a sus madres. Niñas, piensen que este es un privilegio que el comité solamente posee, no lo desperdicien.
Jul iba a decir algo más, pero Carlo comenzó a sacarlos de la habitación. El desentendido Mark, ya ni sabía cómo se llamaba. ¿Así que practicaría con ella? El pensarlo le dio un poco de vergüenza. El otro día había sido muy maleducado.
—Bien, ustedes dos seguro querrán buscar que canción van a tocar. Lamento que tengas que hacerlo Jul —dijo Thania, con pena de su amiga, mientras cruzaban el pasillo. Por suerte, Nelly no estaba rondando.
—Si, me van a dar muchos nervios. —Luego recordó que Mark estaba ahí también, pero no quiso decirle nada.
—Tengo que ver a Nathan, después me cuentan como les fue. —Y justo cuando se estaba yendo, el chico habló.
—¿Eres la novia? —La rubia, sorprendida asintió—. Vine con él al pueblo.
—Wow, hola, si... él me había dicho que vino con alguien más. Cuando fuimos el otro día a casa de su abuela no estabas.
—Si, tuve que salir —añadió encogiéndose de hombros—. Hasta luego.