Lo había leído la noche anterior, cuando inviertes la corriente creas un caos.
Sus ojos se clavaron en el horizonte, lo veía el ruhk negro que sobresalía como una amenazante ola para aplastar todo por lo que habían peleado.
- podrido- dijo ella para sus adentros, si tan solo... Si tan solo pudiera cortar la cabeza de todos aquellos esto no estaria pasando.
Llevo sus manos hacia el libro y se alejo un poco del grupo, escondiéndose entre una de las columnas mientras el grupo hablaba del nuevo gobierno.
Su peculiar ruhk le cubrió el cuerpo, sentía como si todo ardiera hasta que se consumió en las llamas y cayó en las negras cenizas.
Cuando volvió en sí se encontraba en aquel lugar, en Kai, en la ciudadela donde había pasado los mejores años de su vida.
Pero algo era diferente, estaba vacía ¿A dónde habian ido la risas? ¿La música? ¿La vida de aquel lugar? Camino por el amplio pateó donde solía entrenar y beber con los soldados.
- bienvenida Momo- dijo la tranquila voz de Ugo.
- Ugo-san- exclamó sorprendida el demonio- pero usted está muerto.
- algo así- soltó una risa- este es tu hogar Momo...
- si- dijo sentándose en el pórtico.
- es un hermoso lugar.
- lo es... Ugo-san, disculpe mi inquietud, pero podría explicarme por qué me enviaron a ese lugar.
El Djin río ante las palabras tan formales del demonio.
- el mundo está muy basto- dijo el Djin.
- sin duda lo es- dijo ella- si te pones a pensar, cada átomo del mundo es como un pequeño mundo- dijo ella cortando una flor.
- y cada mundo es diferente- dijo el.
- sin duda lo es... Quien lo diría, un mundo con Djin, calabozos mágicos... Suena como un cuento de hadas
- para alguien más tu historia será un cuento de hadas.
- si, en mi mundo existían los guerreros, los demonios y los dioses... Y en otro debe ser esto solo una larga historia sin sentido.
- exacto- dijo el Djin con una sonrisa- pero en mi mundo no eres un Demonio.
- ¿entonces que soy?
- lo mismo que Aladdin...
Los ojos del demonio se abrió de par en par y salto hacia el eso no era posible, ella un Magi.
- Ugo-san no me gusta que jueguen con migo
- lo fuiste... De hecho eras el único Magi de tu mundo, no fuiste tú la que reconoció a Oda y a Hideyoshi...
- si... pero... Si fuera un Magi... - sus manos temblaban- por qué no convertí a mi señor en el Shogun
- pese que lo querías mucho... Sabías que no podía ser el señor de tu país...
- pero... ¿Yo? ¿Una Magi? Los magis deben ser buenos, personas amadas por el ruhk, no unas asesina como yo, un demonio que causa la guerra
- pero no causas la guerra- dijo Ugo.
- mi señor mató a su propio padre, por mi culpa
- lo hizo para protegerte, por que eras parte de sus ayegados
- y el periodo Sengoku
- ustedes solo defendían Kai
- pero... Mi ruhk
- ¿Acaso quisieras cambiar el pasado?
- claro que no- ella grito a todo pulmón, haciendo que su voz resonará en cada esquina de la ciudadela.
Se dejó caer de rodillas sobre la tierra plana del pateó de entrenamiento, estar ahí le hacia doblegarse.
- yo soy quien soy por lo que e vivido- dijo con la cabeza hacia bajo- decir que quisiera cambiar los resultados y convertir a Takeda en Shogun...- trago saliva- es como si quisiera que no me viera encontrado- ella miro al Djin con las primeras lágrimas que había derramado en mucho tiempo- yo nunca me arrepiento del camino que elegí... Por que yo lo elegí, y algún día me reuniré con ellos al otro lado del río estigia...
Se secó las lágrimas.
- se que ellos me esperaran- sus ojos eran claros, nunca a tú espíritu flaquear se recordó a si misma.
el Djin sonrió ante estas palabras.
- el fuego es rojo y purifica- dijo ella- ahora muestrame abre la puerta del infierno a este demonio.
Cuando logro abrir los ojos se encontró con la miradas preocupadas de Alibaba y Morgiana.
- Momo-san- llamo la peliroja ayudándola a ponerse en pie.
- estoy bien- dijo con seriedad.
- ¿Estás segura? ¿No quieres descansar?- cuestiono el de mirada ambar
- no es necesario- sentenció ella.
Unos gritos perforaron sus oídos mientras que el clamor de la multitud se transformaba en violencia pura.
Los tres se acercaron al balcón para ver que era aquello, la de ojos del color de la sangre quedó petrificada al ver la gran cantidad de Ruhk negro reunido y aumentando.
Alibaba apretó los puños al ver enmedio del grupo a Kassim y al resto de la tropa de la niebla acercándose.
Momo mordió su labio, tal cantidad niciquiera ella podría manejarlo sola sin ser arrastrada.
- Príncipe Alibaba ¿que deberíamos hacer?- pregunto un soldado
Los ciudadanos arremetían contra los guardias.
- evacuen a los heridos y a mis hermanos
- ¿No deberíamos pelear?
- no, no debemos herir a los ciudadanos de Baldadd
- ¿Que harás?- cuestionó la peliplata.
- lo detendre- dijo seguro de si mismo
- Alibaba-ko...- la peliplata tomo su mano, poniendola entre las suyas mientras llevaba está a sus labios diciendo palabras que no entendía- te prestaré un poco de mi magoi.
Las puertas fueron abiertas de un golpe, la sala quedó en silencio mientras que la niebla entraba por cada rincón del palacio.
- por qué haces esto Kassim- reclamo el rubio.
- vaya- dijo el moreno riendo- nunca creí que harias algo así... Convertir a Balddad en una república, igualdad para todos
- si, eso era lo que queríamos... Por lo que luchamos
- cuando dije que yo quería eso... ¿Todos somos iguales? ¿No? Por que uno gobierna sobre el otro...
- ¿De que hablas?
- querías ser rey Kassim ¿No?- dijo la peliplata- por eso sacrificarías vidas inocentes, al final no me equivoqué contigo...
Los ojos dorados del ladrón se clavaron en ella.
- me das lastima- dijo con seriedad la más baja mientras que evitaba los ataques de los ladrones- tu cabeza no merece ser tomada
Cuando ella iba a desenfundar su espada el rubio se interpuso en su camino.
- yo lo detendré- dijo seguro de si mismo- por favor no intervengas.
Momo retrocedió, mirando como la niebla se mezclaba, como aquel humo negro atrapaba sus extremidades inhibiendo sus movimientos.
Luego aquellas llamas emerger de su espada, y cortando todo a su paso, aún que el efecto del sonmifero de la niebla roja le entumeciera el cuerpo.
Sus llamas derretían las armas y el calor invadía el lugar, sus cabellos se elevaron debido al aire caliente.
El filo oscuro de la hoja se posó en el cuello del ladrón de ojos plácidos le miro sin moverse.
- Kassim- dijo el rubio- estás derrotado, detén a tus hombres
El de cabellos de ébano le dedico una sonrisa, mientas negaba con la cabeza.
- no detendré a mis hombres aun que me mates- dijo con una mirada fría y autosuficiente.
- Alibaba-ko- dijo la peliplata sabiendo que este se negaría, saco la espada de su funda.
- no lo hagas- dijo el rubio mientras que su equipamiento Djin se desvanecia- perdona por ser tan débil pero...
Los soldados le rodearon.
- me niego a seguir esa petición- dijo mientras que se preparaba para dar una estocada.
Pero antes de que su katana atravesará su piel, su sangre cayó al suelo bajo las miradas de sus subordinados.
- maldición- retrocedió dando un salto hacia atrás, mientras que los contenedores se volvían uno con Kassim en un remolino negro.
Ella frunció el ceño y dirigio el filo de su espada contra el cuello de su presa pero unas alas negras le lanzaron aún lado chocando contra una de las paredes, sangre broto de su boca, cayó de rodillas al suelo con la vista desenfocada.
Veía aquel chico transformarse dolorosamente, sin que ella pudiera hacer algo.
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El Ruhk carmin
AlteleMomo Torahime, es un ser frio que odia su destino, el mismo que la une a Aladdin y sus amigos. Tras un tragico pasado, se vera obligada en confiar en las personas a su alrededor. Tal vez alguien pueda salvarla de su propia depravacion.
