DIECISIETE

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Y por fin, el calendario marcó el sábado. Sólo quedaban unas horas para subir al coche dirección a la casa de Yugyeom. Unas horas para que se decidieran muchas, muchas cosas.

Pero, para que ese día fuera el día, desde luego no se notaba demasiado. Nadie parecía especialemente preocupado, ni se notaban los nervios en el ambiente.

El que más debía de sufrir en esos instantes era Changbin, pero éste se había pasado toda la mañana durmiendo, ajeno al mundo real, y no realmente no se sabía nada de él. Hyunjin tampoco se había movido mucho, y Jisung sólo había ido a arrastrar a Jeongin fuera del club de fotografía, al que había asistido esa mañana —-por razones claras, Jisung le prohibía ir al instituto un sábado.

Bueno, nadie, excepto Felix.

El chico de pecas correteaba de aquí para allá en su casa, escaleras arriba, escaleras abajo, saliendo a comprar algo que ponerse esa noche, rebuscando entre sus propias pertenencias, mirando en revistas algún peinado que hacerse, o probándose una infinidad de zapatos.

A diferencia de los demás, Felix no se había detenido en toda la mañana, y es que realmente no sabía qué hacer. No iba a fiestas muy frecuentemente.

¿Qué debía llevar puesto?

Había tenido la tentación de llamar a alguien, pero sabía que le joderían por preguntar algo tan normal, cosa que para él no lo era.

Así que, al final había ido al centro comercial, y se había comprado un traje azul. A cualquier persona que existiera en el mundo le parecería hortera, pero a él le gustaba.

El problema era que sólo quedaban unas horas para la fiesta y aún no tenía corbata ni tiempo de volver al centro
comercial a comprar una antes de que llegase Changbin.

Como última oportunidad, a la desesperada, pensó en su hermanastra.
A veces hacía espectáculos en su colegio, así que tal vez le pudiera prestar una corbata aceptable.
Felix dudaba que fuera a ser bien recibido, pero no tenía nada que perder.

—¿Quién es?—preguntó ella, desde dentro de su habitación cuando el chico llamó con sus nudillos.

—Soy yo—respondió Felix, apoyando el lateral de su cabeza en el marco de la puerta.

—¿Yo?¿Quién?—dijo ella, de nuevo, aunque sabía perfectamente de quién se trataba.

—Felix.

En cuanto esta palabra salió de su boca, sólo hubo silencio. Su hermanastra no respondió, y tampoco se oyó un solo movimiento dentro del cuarto. Sin darse por vencido, unos segundos después, Felix volvió a intentarlo.

—¿Puedo pasar?

Pero el completo silencio se mantuvo.

Mientras que Felix esperaba, ya inútilmente, a que ella respondiese, comenzó a tamborilear con los dedos en la puerta, haciendo ruidos secos en la madera de ésta.
El sonido era bastante molesto, así que continuó haciéndolo durante un minuto seguido.

—Para de hacer eso—escuchó a su hermanastra aún dentro, con voz enfadada.

—¿Que pare de hacer qué?—dijo Felix, haciendo el ruido aún más fuerte.

A veces podía llegar a comportarse como un crío, pero había un momento en el que aquella chica lo ponía de los nervios.

Ya le dolían las puntas de los dedos, cuando la puerta se abrió de golpe, bruscamente y dejando a Felix con la mano suspendida en el aire.

—Te he dicho que pares, ¿acaso no me has escuchado?—gritó ella.

Aquello fue la gota que colmó el vaso, y Felix ya no pudo contenerse más.

—Acaso no sabes que soy mayor que tú? Pues empieza a respetarme, inmadura de mierda—gritó también, harto de su comportamiento y con la sangre subiéndole por la cara—Además, para tú. Para de tratarme como si hubiera ofendido tu existencia sólo con aparecer por delante de tí. Espero que algún día te dignes a decirme qué he hecho para que me odies tanto.

Su hermanastra se asombró un poco ante el tono de Felix. Él nunca antes le había levantado la voz, pero la chica mantuvo un semblante orgulloso en la cara, antes de que una mueca de asco le cruzase el rostro.

—¿Que qué has hecho?—preguntó, con la voz más despectiva que Felix había oído nunca—existir.

STRAY KIDS ─ POPULARHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora