SIETE

4.2K 729 218
                                        

Pantallas de grandes videoconsolas recibían a los recién llegados, rodeándolos entre píxeles y músicas estridentes de videojuegos tanto atiguos como de los últimos en el mercado.

En el arcade había de todo, y cuando Changbin decía todo, es por que lo era; tenían desde juegos de dardos clásicos o billares, pasando por una gran bolera, hasta llegar a las consolas de realidad virtual.

Aquel lugar estaba destinado única y esencialmente a perder, como por ejemplo, la paga que les daban sus padres al final de la semana. Lo único que ganarías estando allí era un grave episodio de epilepsia.

A primera vista, aquello parecía un laberinto, lleno de luces de neon parpadeantes y pulsadores de botones a cada paso que daba.

Por esto, Changbin estiró el cuello para buscar a quién venía a ver, a aquellos tres chicos irritantes. Odiaba admitirlo, pero había decidido ir, sí, sentía curiosidad. Escucharía su propuesta, pero que no se equivocasen, aquello iba a ser un trato y nada más, no planeaba unirse a una secta ni nada por el estilo.

Aguzando la vista y tras chocar contra varios jugadores demasiado concentrados en su partida como para dignarse a apartarse del medio del pasillo, Changbin logró localizarlos.

No fue visualmente, sino gracias a la voz de Jisung, que gritaba como un poseso.
Changbin siguió andando por el lugar. Poco a poco la voz de su antiguo amigo se iba calmando, pero finalmente los vio dándole la espalda, mientras veían como Jisung pegaba tiros a varios alienígenas en una de esas consolas con armas.

Changbin llegó hasta su lugar y se plantó tras ellos. Éstos no notaron su presencia hasta que él habló.

—No lo digo porque no me encante estar en mismísimo paraíso de la ludopatía—dijo, elevando la voz un poco para que le escuchasen—pero podríamos haber quedado en otro sitio.

Sorprendidos ante su aparición, los tres chicos se giraron con los ojos muy abiertos y sus labios formando una pequeña o. Realmente no esperaban su llegada, y aunque sus miradas incomodaron de sobremanera a Changbin, fue la pistola falsa entre las manos de Jisung que le apuntaba directamente al pecho la que le sorprendió más.

—Ey, ey tranquilo, baja el arma—bromeó Changbin mientras levantaba los brazos y se reía, haciendo que los tres chicos frente a él quitaran su rostro de pasmados.

—Os dije que vendría—dijo Jisung, bajando el arma y mirando hacia su derecha, donde se encontraban sus amigos.

Fue solo un momento, pero Changbin pudo ver cómo Hyunjin le pasaba un billete a Felix, como si esos malditos hubieran estado haciendo apuestas a su costa.

—Sí, he venido, ¿y bien?—preguntó él, yendo al grano.

—Vaya, que impaciente es el señorito—se rió Hyunjin, recibiendo una mirada asesina de Changbin.

Justo en el momento en el que hacía aquel gesto, un sonido estridente fue emitido por la videoconsola en la que se encontraban. El arma de Jisung vibró agresivamente en sus manos durante unos segundos, para luego detenerse por completo. A cámara lenta, el jugador se giró hacia la pantalla, temiendo ver justamente lo que ponía.

GAME OVER.

Changbin sabía que Jisung era un dramático, pero no que lo era tanto.

Al ver esas letras, el castaño cayó sobre sus rodillas, mientras levantaba su pistola al aire y soltaba lamentos y más lamentos, entre ellos, culpando a Changbin de haberlo entretenido mientras jugaba la partida de su vida.

La escena habría seguido por varios minutos más, pero, un chico asomó su cabeza por un lado de la máquina y los miró.

—Oye chicos, si queréis la sala ya está libre—informó éste, que tenía una placa en el uniforme en la que se leía Seungmin.

STRAY KIDS ─ POPULARHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora