Por muy poco, Felix contuvo las ganas de golpear la puerta que tenía a unos centímetros de su mano. En realidad quería golpearlo todo, pero se quedó allí plantado en el sitio antes de hacer un provocar un desastre.
No lo entendía, cada vez menos.
—¿Por qué?—consiguió articular, sin insultar a aquella niñata—Explícamelo, y entonces te dejaré en paz. No te hablaré nunca más, no te miraré nunca más. Pero dime por qué.
Felix esperaba que tardase un poco en responder, pero ella lo soltó rápido, como si él lo hubiera tenido siempre delante de sus propios ojos.
—Porque estás enfermo.
¿Qué?
—¿Enfermo?—dijo él, más confundido que nunca.
Felix temió que su su hermana se hubiera hartado y planease dejarlo ahí cuando ésta se giró y comenzó a rebuscar entre sus estantes. Desde luego, no la dejaría salirse con la suya, necesitaba saber a qué se refería.
Finalmente, el chico terminó por cruzar el umbral de la puerta, dedicido a obligarla a decírselo.
Lo que él no sabía es que ella estaba buscando esa misma razón.
Felix ya casi había llegado a su posición, cuando está terminó de buscar y sacó un papel doblado y lo mantuvo entre sus dedos.
Felix lo reconoció al instante.
Sus ojos se clavaron en éste, su cuerpo se detuvo involuntariamente, y se quedó rígido, sintiendo una opresión en su pecho.
—Te odio por esto—dijo entonces ella.
Pero a Felix ya le daba igual.
Podía odiarle toda su vida.
Al menos el sentimiento sería mútuo, porque no había persona que odiase más que a la que tenía delante en ese momento.
—Dame esa carta.
Felix no sabía cómo, pero ella había entrado a su habitación, y había sido capaz de encontrar lo más personal que tenía en su vida. Lo que le hacía más vulnerable. Sabía que no tenía que haberla guardado.
—Estás enfermo—repitió ella, y no terminaría ahí, sino que agitó la hoja—Escribirle una carta a otro chico está mal. Estar enamorado de otro chico está mal.
Felix ya no la escuchaba.
—Cállate y dámela.
—No es normal.
No quería escucharla, en ese momento, él sólo quería llorar, romperlo todo e irse, todo a la vez. ¿Por qué le hacía esto?
Quería que dejase de hablar.
Casi involuntariamente, y movido por su cuerpo más que por su mente, Felix se acercó mucho a ella, colocándose justo delante. Sólo los separaban milímetros.
Como si no fuese suya, su voz sonó amenazadora.
—No te metas en mi puta vida, nunca más, ¿lo entiendes? Nunca. Y no quiero volver a oír que me llames enfermo. No lo estoy.
A Felix le dolía ser así, pero su ira ya se había convertido en una calma horrible, que asustaba mucho más que cualquier grito que puediese dedicarle. Él nunca le haría daño a su hermanastra, pero ella en ese momento no estaba segura.
Además, él sonaba tan seguro de sus palabras...
Finalmente, la chica perdió todo rastro de orgullo o arrogancia de su cara, y bajó la cabeza.
Felix la vió apretar ambos puños y su mandíbula, pero ni con eso pudo imaginar lo que pasaría justo después.
Comenzó a llorar.
Nunca en su vida Felix imaginó que eso pasaría, y no pudo hacer más que quedarse allí, mirándola confundido.
No sabía que hacer, ni qué decir.
Sin embargo, fue ella la que acabó hablando primero, con voz floja abatida, como si fuese un susurro.
—¿Entonces estar enamorada de otra chica no está mal?—preguntó, mirando a su hermanastro con los ojos anegados en lágrimas—No, sí que lo está. Soy una enferma, Felix.
Entonces Felix lo entendió todo.
Olvidando todo lo anterior, olvidando todos los días que ella le había tratado como si fuera un mísero saco de basura, olvidando la infinidad de insultos y miradas de desprecio que había recibido, Felix estrechó a su hermana entre sus brazos.
Esto provocó que ésta comenzase a llorar aún más fuerte contra su pecho, e inevitablemente, los ojos de Felix tambien se inundaron en lágrimas.
—Oye—dijo Felix con voz dulce, agachándose un poco y mirándola a a los ojos—nunca tengas miedo de amar. Está bien. Estás bien.
Pese a eso, ambos seguían llorando.
Sin embargo, la sonrisa brillante de Felix iluminaba su rostro, demostrando que no lloraba de tristeza.
Su hermanastra se dio cuenta, y verlo sonreír tiernamente le transmitió un poco de tranquilidad.
Felix sonreía porque sabía que ella no pensaba de verdad todo lo que había dicho, que solo se intentaba autoconvencer.
Tenía que decirlo o algún día iba a explotar.
Felix quiso decirle que se alegraba de que hubiese explotado junto a él, pero en ese momento, el timbre de su casa sonó.
El chico se dispuso a abrir, pero aun tenía a su hermanastra colgada de sus hombros, con la cara enterrada en su pecho. Ella le dio pequeño apretón y se separó, aun hipando y los ojos hinchados de tanto llorar.
Una vez libre, Felix se dirigió a la puerta, secándose las lágrimas con la manga de su camisa, pero cuando estaba saliendo por ella, oyó un suave susurro tembloroso.
—Lo siento, Felix. Por todo.
Una sensación inexplicable de felicidad le embargó, y a partir de ahí, solo quería olvidar lo malo, y vivir lo bueno.
Después de todo, eran familia.
—No te preocupes, idiota. Para algo soy tu hermano mayor, ¿no?
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STRAY KIDS ─ POPULAR
Fiksi Penggemar流行 ༄ A STRAY KIDS FIC ! [🍣] changbin está perdiendo su popularidad.
