¿Que pasaría si un día despiertas y tienes poderes?
Acompaña a Thea, una chica con una vida normal, o eso creía ella, hasta que empezaron los sueños extraños. Una vez comenzaron las pesadillas, su vida se desmoronó.
...
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Si algo he aprendido en todo este tiempo es que no existen las casualidades. Naunet dijo que el lago es la puerta a La Duat y las veces que he soñado con dicho lago, éste estaba dentro del bosque. ¿Qué bosque hemos tenido siempre ante nuestras narices?, el que está detrás de nuestra casa. Hace dos días que salimos de Giza y el primer sitio al que acudimos es a nuestra casa, no es un razonamiento muy inteligente y somos conscientes de ello, pero tenemos que empezar por algún sitio y es este. Zed y los demás no están muy de acuerdo con ir al inframundo, quiero decir, "¿meternos directamente en la boca del lobo?", sí, eso es exactamente lo que estamos dispuestos a afrontar. Zed por su tío, y yo... ya no sé si lo hago por mi madre o por desmentir que mi "falso" padre sea Anubis. Antes era de las que al ver una pelea se escondía y miraba hacia otro lado, mientras que ahora parece que busco que me maten.
"Que me maten si quieren, saldrían perdiendo ellos. Me reencarnaría y tendrían que volver a buscarme."
-No vuelvas a decir eso.-Levanto la mirada y me encuentro a Nau abriendo el frigorífico.-¿Pero es que no hay nada en esta casa a parte de cerveza y pizza?
-Hay batido de chocolate. Por cierto, deja de meterte en mi cabeza.
Naunet coge el batido y se sienta conmigo en el sofá.
-Créeme, yo tampoco quiero escucharos pero no paráis de pensar a gritos en vuestras cabezas. Nunca había escuchado tantas ideas y opiniones distintas.
- Hay unas cosa que se llama cascos o auriculares, deberías probarlos de vez en cuando.
-¿Qué es eso?- La pelinegra me mira con cara de confusión."Esta de broma, ¿verdad?"- No, no me estoy quedando contigo. Ya te dije que llegue a la pirámide siendo muy pequeña y allí la verdad es que no entraban muchas cosas "modernas" por así decirlo.
-No sé cómo coño consiguen pagar celdas de Ámbar azul y sin embargo, ¿no tienen unos míseros auriculares?- Naunet crea una sonrisa forzosa.- Los auriculares son... como dispositivos que te pones en la orejas y van conectados al móvil. Sirven para escuchar música y que sólo tú puedas escucharla.
-¿Mo...vil...?
-Ay dios, esto va a ser largo...
Después de cenar Zed y Nau se van al jardín a practicar, Adam acuesta a los niños en el cuarto de Zed y Selva y yo subimos a mi habitación.
Estoy sentada en la cama mientras Selva posa su cabeza en mis pernas y lo acaricio.
-Has viajado mucho por mí pequeño, te lo agradezco.
El perro alza su cara y me mira. Acerco mi mano al collar y lo examino bien de cerca. La respuesta tiene que estar aquí pero no sé cómo puedo encontrarla. Escucho unos golpes en la puerta, más adelante aparece Adam con un vaso de leche.
-No has probado bocado en todo el día, si quieres puedo ir a la pirámide para que me den la receta de las gachas que tanto me has dicho que te gustan- Se sienta a los pies de la cama y me da el vaso.
-Ja, ja... Muy gracioso...
-Quería hablar contigo pero no había visto el momento adecuado para hacerlo.
-¿Y eso?
-Veras... como bien te imaginarás, los sueños en los que yo aparecía no eran sueños... Creo que tienes la capacidad de comunicarte de alguna forma que no llego a entender. Quizás esa pesadilla que tuviste aquella noche, aunque Zed me dijo que padeces de terrores nocturnos... puede que, ya sabes, que sea lo que fuese lo que vistes, fuera real. A lo mejor puedes contactar con tu padre, solo que tienes que aprender a hacerlo.
Tiene bastante sentido lo que acaba de decir pero no sé cómo puedo hacerlo. No me cuesta nada intentarlo. La última vez que lo hice contacté con Zed, pero no lo podía tocar. Supongo que sería a causa de la exposición al ámbar o que directamente no puedo tocar a las personas con las que contacto
-La última vez que contacté con Zed, recuerdo haber estado pensando en vosotros y en casa justo antes.
-Algo es algo. Inténtalo.- El chico forma una sonrisa.- Entonces, las veces que has contactado conmigo significa que estabas pensando en mí ehh...
Adam se acerca más a mí.
-¡Selva! Ay, ay, ay, ay. Me duele, me duele.- Adam me observa de arriba abajo confundido.
- Pero que haces loca.
Selva no aparta sus ojos de mí, después mira al chico mientras yo sigo gritando. El perro se pone de pié delante de mí sobre la cama y empieza a ladrar y gruñir a Adam.
-Vale vale...
Adam se levanta y se marcha. Unas carcajadas salen de mi boca mientras Selva me chupa toda la cara.
-Ya, ya está... para, para.- Le rasco detrás de la oreja.- Que tonto eres y cuánto te puedo querer.
Me relajo y vuelvo a mirar la moneda, intentando concentrarme en la voz de mi padre, en sus facciones, en los momentos que hemos vivido juntos, en su sonrisa... Cierro los ojos hasta quedar en un estado de trance.
Aquí estoy de nuevo, en el lago, junto a Selva. Parece que al estar tocándolo mientras me concentraba, he podido traerlo hasta aquí. Miro a mi alrededor y no encuentro ningún camino que pueda llevar a mi casa, tengo una idea. Me adentro un poco hacia el bosque alejándome del lago y marcando todos los árboles que puedo, después vuelvo al lago. Selva empieza a andar y cómo es lógico, o al menos lo lógico que puede llegar a ser algo ahora, decido seguirlo a donde quiera que vaya. Camina hacia el lago y nada hasta su interior. "Adivina quién va a morir de hipotermia en vez de asesinada por placebos, exacto, una servidora."
Nado con él hasta el centro de éste, justo dónde queda el reflejo de la luna y el collar de Selva empieza a brillar.
-¿Thea?
Abro los ojos y veo a Zed mirándome con una sonrisa de oreja a oreja. Empiezo a sentir frío, estoy empapada de la cabeza a los pies. Se me transparenta todo.
-¡¿PERO QUE HACES INÚTIL?! NO MIRES.-Intento taparme con lo primero que tengo a mano, lo cual es una manta azul.
Zed empieza a reír.
-No es la primera vez que te veo en ropa interior, pero he de decir que mojada estas mucho mejor.-Noto como el rubor aparece en mis mejillas mientras mi pelo se vuelve blanco.- Has pensado mal, ¿a que sí?
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
-¡Selva! Ay, ay, ay, ay. Me duele, me duele.
Acto seguido Zed huye por toda la casa mientras Selva corre tras él gruñendo y ladrando.
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