45 Dosis de cianuro. Parte I

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Asmodeus de la lujuria, David Dunoir. Rango: Pecado.

Calendario: Año 2010, Mes 8, Día 23.

¿Hospital psiquiátrico?


 ¿Nunca te has preguntado que se siente nacer? No ver ni sentir nada hasta que ves una luz, miedo, frio, temple, confusión, muchos sentimientos y sensaciones dejándote sin habla, paranoico y con un extraño pensamiento de...

Locura...

Locura...

Una luz cegadora me recibió al abrir los ojos, estaba amarrado a una camilla y solo podía ver un blanco techo que, junto al sonido de unas ruedillas, me avisaba que me movía, el frio que recorría mi cuerpo se sentía artificial, como el de un aire acondicionado, y el olor a arsénico esclavizaba a mi nariz.

Gracias a eso lo supe, estaba en un hospital, y no solo eso, estaba en un hospital lo suficientemente especial para que el aire acondicionado se acumulase tanto para alcanzar tal temperatura, como si fuese hermético, como si fuese un laboratorio, una sala de cirugías o un manicomio, lo único que sabía es que de ese sitio no saldría en un buen tiempo.

La voz de un lirio blanco solo es escuchada como rugido bajo la lluvia torrencial, aquellos con voces suaves solo serán escuchados cuando el caos desate el diluvio carmesí.

Correr, quería correr, el miedo recorría mi cuerpo desesperándome, nunca creí estar ahí de tal manera ¿una persona calmada y tranquila como yo desesperándome de esa forma? Es algo casi inimaginable, incluso ahora me avergüenzo, mucho, demasiado. Creo que jamás sabremos de lo que somos capaces y como reaccionaremos a las situaciones hasta estar ahí, parado frente al mundo desnudo en experiencia, esperando clemencia de la demencia misma, maldición, cada vez me parezco más a ese desgraciado – me levanté del sofá a buscar un chocolate del recibidor y volví con la bandeja entera –

Terminaré siendo diabético por tu culpa Kaori, cuando te vea te haré comer tantos vegetales que te volverás herbívora – reía mientras comía un chocolate –

Como sea ¿seguimos? verdaderamente no recuerdo mucho de ese momento en particular, solo recuerdo que no podía moverme, probablemente estaba anestesiado, por eso me amarraron a una extraña mesa en posición horizontal donde, cubriéndome con una especie de traje de lona, aseguraron mis manos y piernas.

Con mucha brusquedad, me colocaron un "casco" que básicamente aislaba mi cuerpo de mi cabeza, justo después de eso sentí un pequeño pellizco en la parte trasera de mi cuello, acto continuo a la liberación de un extraño líquido viscoso en el traje; justo después perdí la consciencia.

El salvaje olor a pétalos marchitos puede destruir el olfato de la más terrible bestia si ésta no está dispuesta a convertirse en algo peor, un monstruo, entonces ¿en que estas dispuesto a convertirte?

Despertar encima de una cama en una habitación cerrada herméticamente por lo general debería ser algo atípico para una persona, pero con todo lo ocurrido, creo que ya debió ser costumbre... ¡no! ¿¡Qué clase de persona se acostumbraría a ello!? No estoy loco ¡no estoy loco! ¿Verdad señor Roswell? ¡¿Verdad?!

"¿Qué haré?" eran palabras que reinaban en mi mente mientras intentaba quitarme unas especies de esposas que cubrían totalmente mis manos e intentaba mirar alrededor.

Buscando una salida, caí en desesperación, el líquido que surgiría por mis ojos durante alrededor de media hora sería mi único consuelo, no me juzgue, usted nunca ha estado en ese lugar, ser un objeto, un simple cuerpo siendo el disfrute de sádicos dioses, teniéndonos como gladiadores contra demonios, un simple cadáver que de alguna forma aún no ha muerto.

Aquel pensamientoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora