El caballero de la caja musical. Parte II

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Satán de la Ira, Rodolfo Rennus. Rango: Pecado.

Calendario: Año 2010, Mes 10, Día 09.

 Moscú. Rusia.


Un caballero es a su rey lo que un samurái a su señor.

¿Quién es su rey?

¿Sus amigos? ¿su familia? ¿sus sueños?

¿Matarían por ello?

¿Morirían por ello?

Odiar, amar, rezar, matar ¿Qué estarían dispuestos a sacrificar?

Yo tuve que sacrificar mi vida, yo tuve que sacrificar mis sueños, yo tuve que sacrificar mis sentimientos, mi esperanza y mi fe, todo por aquello que más amé: mi hija.

Quien diría que terminaría sacrificándola también...

Un oficio peligroso, molesto y que, inevitablemente, tarde o temprano terminará con su alma y ser, sabiendo que la locura y a desgracia es lo único que trae ¿Qué sentirían si se enterasen de que su hija tendrá el mismo destino?

Ya que fui parte del proyecto de búsqueda de pecados, me vi en la obligación de participar en un proceso experimental para medir la compatibilidad con el Soma desde el feto, pues en ese entonces, mi esposa estaba embarazada de mi querida y, tristemente talentosa, hija.

Recuerdo el miedo que sentí tras oír las palabras de aquellos científicos: compatible. El sudor frío, las manos temblorosas, no quería que mi hija tuviese que sufrir por ello, sin importar que fuese o no compatible, no dejaría que ella también tuviese que sufrir lo que yo, pues ese es el deber de un padre, brindarles a sus hijos un mundo mejor que en el que ellos vivieron.

Días, semanas y, a veces, meses fuera de casa trabajando para el credo, no quería que ellas estuviesen involucradas en nada, por lo que tuve que mantener una doble vida en secreto, dando un falso reporte de defunción de mi familia al credo y mudándonos lejos, aprovechando todo el tiempo que podía estar con mi familia, esforzándome al máximo por ellas.

Ser un buen esposo, ser un buen padre, hice todo lo que pude para que llevásemos una vida plena, pero a pesar de todo no era de acero, el miedo intenso y la tensión que recibía mi cuerpo me llevaron a un vacío que solo podía ser llenado por el alcohol y las apuestas.

Poco a poco mi cordura comenzó a pender de un hilo, quizás mi personalidad no cambiaba demasiado, pero comencé a obsesionarme con la idea de mi hija siendo, inevitablemente, presa del credo, por ello me dediqué a entrenarla, día tras día, cada vez que podía la hacía más y más fuerte.

Fuerza y resistencia física, astucia, piscología y malicia, mi hija era muy talentosa, por lo que todo lo que le enseñaba lo mejoraba hasta su punto crítico, en pocos años se había vuelto muy fuerte, tanto que quizás ni yo le podría ganar, pero tenía una terrible debilidad, su gran corazón que tanto había intentado cubrir de acero reforzado, en realidad no era más que cristal.

Cualquier pequeña cosa destruía su mente, a pesar de poder traspasar una manzana a un kilómetro de distancia con un rifle de quinientos metros, algo tan pequeño como ver una mariposa siendo devorada al caer en una tela de araña era suficiente para desestabilizarla y hacer que fallase.

En su corazón no había lugar para el odio, sus brillantes ojos solo podían irradiar amor hacia el mundo, hacia la existencia misma. El cariño en sus acciones no era más que el de una inocente chiquilla enamorada de la vida.

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