Asmodeus de la lujuria, David Dunoir. Rango: Pecado.
Calendario: Año 2010, Mes 8, Día 27.
Aguas internacionales.
A veces las hojas caen del árbol, a veces el árbol cae de la tierra, a veces el suelo se divide, rompiendo y derrumbando todo lo que haya nacido sobre ella, a veces el fin marca el final de un principio y a veces ese mismo principio marca el final.
la vida tiene al orden y el orden a la vida, esa es la veracidad de la existencia, temer a la muerte, pero recelar a la vida es algo que muchos no comprenden, algo que muchos odian, algo que muchos "desechan".
Temer a un veredicto no es más que ignorar a la existencia misma.
¿Qué le espera a alguien así?
¿Qué le espera a alguien así?
Con mi rostro adherido a un tubo de metal por el frio, mi cuerpo no podría si no estremecerse mientras, en vano, busca el calor en ésta gélida celda.
Mis huesos helados temblando cual terremoto, mi mente intentando reaccionar en vano, la única sensación que se me permite tener es el áspero rose de una vieja manta "abrigándome".
¿Cómo pude llegar a esto?
¿Qué carajos me pasará?
No tengo respuesta para ninguna de las preguntas que inundan mi mente, solo recuerdo haberme desmayado por el asma, el sonido de disparos y la cálida sensación de un cuerpo femenino cargándome, no se sentía como Elizabeth, Belcebú ni Louise, sin embargo, se sentía verdaderamente familiar, como el calor de una madre arrullando a su vástago, aunque su codo causase un gran dolor en mi diafragma.
Luego de finalmente perder totalmente la conciencia, tuve un profundo sueño, no una visión causada por él, sino un placentero sueño común y corriente ¿o debería llamarse una epifanía? Sea lo que sea, fue algo que me llenó de melancolía.
Allí estaba yo, era solo un pequeño niño de unos 8 o 9 años, a pesar de que no recuerdo mucho de esa época, recuerdo perfectamente ese día, el día que conocí a quien creía que sería el amor de mi vida, el día que conocí a Louise.
- llegamos – la cálida voz de mi madre se dirigió a mí luego de estacionar el auto - David ayuda a tu hermana a bajar del auto.
Frente a nosotros estaba una gran casa debía de tener unos 3 pisos pues, por mi altura, no pude ver la cima, y justo frente a la puerta estaba aquella mujer, la señorita Brigett, mirándome con ojos asesinos a la distancia, con algo que apenas podía distinguirse a la distancia ocultándose tras sus piernas.
Una extremadamente linda niña que parecía rondar por mi edad, una cabellera dorada y ojos verdes y brillantes, aunque carentes de vida reflejaban una belleza incomparable, si, Elizabeth parecía la clase de muñeca que le regalarías con un moño a una niña pequeña, ella asemejaba una muñeca de porcelana, fina y delicada, que podría romperse en cualquier momento.
- Chicos, aunque ya conocen a la señorita Brigett, nunca han venido a su casa ¿no es cierto? – mi madre apuntó a la niña detrás de la señorita Brigett – esa de allá es su hija Louise ¿por qué no van a jugar juntos dentro mientras hablamos?
Con un gesto muy insistente nos señaló el camino hasta la sala, con mi hermana ocultándose tras de mi caminé por el largo pasillo con Louise guiándonos el resto del camino.
A pesar de haber pasado tan solo unos 2 minutos en silencio, éstos se sintieron como una eternidad, lo único que rompía el silencio era el "tic tac" de un viejo reloj de pared, la única que se animó a romper el silencio fue Elizabeth, mi hermana.
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Aquel pensamiento
Misteri / ThrillerEl valor de un hombre no es otro más que el de su forma de ver el mundo... A veces, solo aveces, la vida se simplifica a solo dos caminos: "¿Podré o no podré?", pues esta es la historia de un hombre que tan solo quería responder una pregunta... "¿Q...