Es la noche anterior al robo. Todos duermen excepto claro está, yo. Llevo varios días sin apenas dormir, estoy nerviosa. Reconozco que tengo miedo, no hago más que repetirme la misma frase una y otra vez: "Tranquila, Zulay irá conmigo" pero eso es precisamente lo que me asusta, ya no sé como voy a reacionar, no puedo confiar en mí misma, simplemente sé que cuando está cerca no pienso con claridad.
Me siento frente al fuego que hace un rato encendí, paso los brazos por debajo de las piernas y observo las hermosas llamas, tratando de dejar la mente en blanco.
Un rato después oigo el crujir de las ramas secas, alguien se acerca.
-Zulay, hay mucho bosque pa' que vengas a sentarte aquí- no hace falta que me gire pa' saber que es él, mejor porque si no lo veo no me empano tanto. -Lárgate-
Se sienta a mi lado ignorando mi orden. -No dejo que pijas como tú me digan qué hacer- me dice con una estúpida sonrisa dibujada en la cara. No sé por qué pero yo también le sonrío.
Tras unos minutos de silencio se levanta y poniéndome la mano en el hombro me hace una señal para que le siga, adentrándonos así en el bosque.
A medida que me alejo del fuego noto un frío cortante.
Se detiene, yo hago lo mismo. Lentamente se va acercando: nos separan dos metros, uno, medio, unos pocos centímetros. Pasa las manos por mis caderas y me besa.
Le pego una colleja y se aparta con una mueca de dolor.
-¡¿Eso es lo que vale tu palabra?!- le miro seria. -Lo juraste- gruño.
-Te juré que nada iba a salir de allí ¿verdad?- asiento con la cabeza. -"Pos" no he mentido o ¿es que acaso no seguimos en el bosque?- arquea la ceja con arrogancia.
-No te voy a seguir el juego, eres un mentiroso y punto-
-¿Con que "un mentiroso"?- pregunta molesto.
-Sí ¡y además un fresco, imbécil y arrogante!- he explotado, ya no aguanto más está situación.
-¡"Pos" tú tampoco eres mucho mejor, "Hello Kitty"! Eres una metomentodo, pija...-
-¡¿Ah, sí?! ¡¿Pues por qué no me dejas en paz de una vez?!- le interrumpo, no estoy dispuesta a escuchar toda la noche sus insultos.
Me mira serio, veo la rabia reflejada en sus ojos, la misma expresión que él debe ver en mí o puede que simplemente este mirando su reflejo en mis ojos. Por eso no puedo fiarme de él, no sé si de veras le gusto o simplemente trata de jugar conmigo, no estoy dispuesta a que me rompan el corazón.
-Sería mucho mejor, no vales tanto, mojigata-
Levanto la mano dispuesta a darle una torta. -Te odio- grito con rabia. Justo cuando mi mano iba a golpear su cara, me coge la muñeca con fuerza y hace que baje la mano.
Se queda mirándome a los ojos en silencio, ahora sí que estoy segura de que no mira su reflejo sino a mí. Se inclina suavemente, sus labios rozan los míos. Al principio solo dejo que me bese pero acabo disfrutando el beso. Me suelta la muñeca y yo paso mis manos por su pelo.
Se aparta, nos miramos y nos volvemos a besar.
-Por esto no puedo...- está sofocado, al igual que yo. -Eres la única que me deja ser yo mismo-
En ese momento el corazón me empezó a latir que pensé que saldría del pecho, suena cursi y parece que es lo típico que se dice pero en el caso de Zulay no es así, él no le suelta estas cosas a cualquiera.
No sé qué decir, no quiero meter la pata y se que si hablo lo haré.
Me coge la mano. -Ven- me susrra con dulzura. Me lleva hasta los pies de un pino enorme seco, ambos trepamos a la rama más baja y por tanto, la más ancha.
Me siento en frente de él, bien agarrada para no caer pero tampoco me aferro demasiado fuerte, no quiero que vea que sigue dándome miedo subir a los árboles (bueno, más bien la parte de bajar).
-Zulay, no podemos seguir así ¿lo sabes, no?- no responde pero su silencio hace que reuna el valor suficiente para decir lo que tengo que decir. -Mejor será olvidar...-
-¿Por qué te empeñas en eso, Tiaret?- me interrumpe. Su voz resuena en mi cabeza, es una de las pocas veces que me ha llamado por mi nombre. -No eres cobarde, dame una oportunidad- mi mente está de guerra con mi corazón, una parte de mí quiere decir que no, no se fía y la otra dice que me deje llevar ¿qué hago?
Sus ojos me miran suplicando, es un experto manipulador, sabe qué hacer para salirse con la suya y surte efecto.
-Está bien- sonrío. A lo mejor será el momento para empezar a confiar un poco más en los demás.
Me devuelve la sonrisa, la suya picaresca y arrogante hace que por unos segundos me lata el corazón más rápido y me suden las manos.
Saca una navaja del bolsillo de atrás de los vaqueros, no sé ni cuándo ni de dónde la habrá sacado ni me importa.
-¿Sabes?- pregunta mirando el filo. -Los Flaps de las Plantas tenemos una especie de ritual, cuando queremos saber si debemos estar juntos o no nos hacemos un corte y si al juntar las manos nuestra sangre se mezcla el destino quiere que lo estemos-
-Menuda estupidez- rio. -¿Lo intentamos?- ¿qué? He dicho que suena estúpido, no que no lo quiera probar aunque claro, estas cosas solo son idioteces, no creo en el destino, cada uno toma sus propias decisiones y por ello consigue unas cosas u otras.
Alargo el brazo y dejo que me coja la mano. Siento la hoja de la navaja clavarse lentamente pero con seguridad en la palma de la mano, duele y noto como la sangre anaranjada comienza a brotar sin control. Hago una mueca de dolor.
Cuando termina me doy cuenta que no es un corte normal, tiene forma de corazón rodeado de medio más grande. Wow... cómo ha podido, no sabía que se le diera tan bien.
Me pasa la navaja y tiende su mano. Imito su corte aunque no creo que me haya salido tan bien. En estos momentos no pienso como la "loca de la medicina" que suelo ser, no se me pasa por la cabeza que la herida se pudiera infectar o algo por el estilo, simplemente disfruto del momento.
Juntamos nuestras manos escuece y duele un poco. Su sangre, mi sangre, ambas juntas recorriendo nuestra manos, resbalando hasta caer al tronco del árbol y mezclarse formando un extraño color.
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Olvídame
Science FictionCelos, dudas, rabia son palabras que acaban envenenando al amor. Al mismo tiempo, la aparición de Chris, un guapo humano no hará más que terminar de clavar el puñal. Tomar las decisiones equivocadas en mi mundo siempre trae consigo las peores consec...