Capítulo 18- Lucas

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En ese momento siento como si yo fuera a un ritmo diferente al resto, en una dimensión diferente donde solo existe el dolor, la pena y el miedo. Zulay le grita a Isótopo pero no tengo ni idea de qué. Lo único que puedo hacer es llorar, me he quedado paralizada, no me puedo creer que esto haya acabado así. No... no puede ser... Siento como Zulay me agarra por los hombros y me zarambea.     -No respires- me susurra al oído. En ese momento lanza dos bombas a la vez, una paralizante y otra de humo, me tapo la nariz y siento como Zulay me agarra la mano, tira de mí hacia la salida. Correr, eso es lo único que pienso en este momento, tengo miedo y Zulay también lo tiene, siento como le tiembla la mano. Bajando las escaleras vuelve a tirar un par de ellas.

Cuando me vengo a dar cuenta estamos en el bosque de nuevo ocultándonos entre la maleza seca. De repente Zulay se detiene, se está ahogando, necesita usar el inhalador. Nos sentamos junto al tronco de un árbol. La verdad es que yo también necesitaba parar, me siento fatal, es como si parte de mí aún siguiera con Isótopo viendo los cadáveres de mis amigos, no me puedo creer que hayamos acabado así,  J y Kai no pueden haber muerto, seguro que dentro de un rato aparecerán echándonos en cara que los hayamos dejado atrás... Los ojos se me vuelven a llenar de lágrimas ¿a quién quiero engañar? Han muerto, jamás volveré a oír reír a Kai ni a hablar a J. Me abrazo a Zulay, necesito consuelo aunque sé que él está tan destrozado como yo. Rompo a llorar y juro que he tratado de no hacerlo, no me gusta hacerlo en público, es de débiles. -Lo hemos perdido todo, Zulay- pasa los brazos por encima de mis caderas. -Kai y J han muerto, hemos perdido las Piedras y no lo hemos conseguido, no nos queda nada- me acaricia el pelo. Entonces siento como algo resbala por mi brazo, son sus lágrimas. Esto me destroza aún más, él ha perdido a su mejor amigo y una muy buena amiga, estamos igual, igual de mal, dolidos, destrozados por dentro. Yo siento como si el tiempo se hubiera detenido, no soy capaz de olvidarme de sus cuerpos. Lentamente me suelta, siento como se seca la cara tratando de que no me dé cuenta luego, me acaricia la mejilla y hace que le mire. Tiene los ojos rojos y las mejillas algo humedecidas. Me seca las lágrimas.

-Tenemos que irnos- me dice con la voz entrecortada. -No tardarán mucho en venir a buscarnos- asiento y me pongo en pie, la verdad es que me da igual, ya no tengo esperanza, ojalá... ojalá hubiera muerto yo también, que hubiéramos muerto todos, sería mucho menos doloroso, le damos la victoria a Isótopo del todo y se acabó.

Nos movemos por el bosque en silencio, yo me muevo como si no tuviera alma, incapaz de sentir otra cosa que no sea pena. No sé a dónde vamos y no sé por qué nos esforzamos en huir total, solo vamos a alargar lo inevitable, que nos maten y lo mejor ¿para qué sentir más dolor del que ya sentimos? La muerte sería la solución más rápida, segura y eficaz. Le agarro por la manga de la chupa. -¿Qué vamos a hacer ahora?- pregunto con miedo a saber la respuesta o a no saberla de que simplemente lo que quiera es andar sin ningún rumbo.

Suspira y me mira con dolor. -Vamos a buscar un lugar seguro donde pasar la noche y luego...- deja la frase sin acabar.

-¿Y "luego", luego qué?-

-Al amanecer iremos a casa de J, se lo tenemos que decir a su familia-

-¿Cómo?- no entiendo nada ¿cómo vamos a encontrarles?

-Cuando desapareciste J me dijo que si le pasaba algo se lo dijéramos a sus padres y que les pidamos perdón de su parte, Sici nos dirá cómo llegar-.

-¿Y Sici?-

-La tengo yo y lo peor es que ha estado apagada todo este tiempo así que no sabe na' de lo que ha pasado-.

No volvemos a hablar en el resto del camino, está anocheciendo pero estoy tan ausente que ni siquiera noto frío. Sigo a Zulay, cabizbaja, mirándome las militares, recordando muchos momentos que he pasado con J, siempre recordaré cuando nos conocimos, una chica charlatana y abierta de gran corazón y de una inteligencia inigualable, sencillamente una chica electrizante. Nuestras conversaciones en las que más de una vez me ha hecho sentir incómoda, sus consejos, su forma de caminar, de vestir, de sonreír, son pequeños detalles que no aprecias hasta que los pierdes para siempre.

OlvídameDonde viven las historias. Descúbrelo ahora