El morado paseaba en solitario por las calles de la ciudad. Por alguna extraña razón, sentía rara la sensación de soledad aunque siempre paseara solo. Llevaba meses con ese sentir en él.
Podía suponer que se trataba de la situación que estaba viviendo, donde sabía que daba igual si paseaba solo porqué sabía que seguiría estando así al llegar a su piso. Aunque no estaba del todo solo, le quedaban sus gatos y los horarios de trabajo. Por no mencionar a Choromatsu.
Pero aún así, siempre era la misma sensación la que tenía. Siempre había pensado que la tenía constantemente. Qué siempre había estado solo. Y se sentía de lo más estúpido por haberlo pensado.
Ya que, ni más ni menos, tenía a sus hermanos y padres con él. Aunque jamás lo había pensado de aquella manera. Pero, como aquella frase tan típica e idiota decía...
Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.
¿Lo había perdido? Sólo habían pasado unos pocos meses de su despedida con ellos, creía que era cuestión de tiempo acostumbrarse a su vida. Y seguía en contacto con ellos... Al menos, con alguno.
Seguía hablando con Choromatsu casi todos los días de la semana para ponerse al día, y seguían viéndose sin problema. No sabía ni entendía el porqué de aquellas palabras de su hermano mayor.
¿Podréis mantener una relación a distancia?
No era a distancia, seguían viéndose. Al principio de veras no la entendía la frase. Con el paso del tiempo pensó que no hablaba del verde y el morado. Se refería a él mismo, con el azul y segundo hermano, del cual nadie tenía demasiadas noticias además de Choromatsu.
Y si tenía que ser sincero, también echaba de menos a aquel doloroso que tanto aseguraba odiar.
Suspiró aburrido. Por si fuera poco, sus turnos sólo eran de noche, por lo que estaba todo el día en casa o paseando y jugando con gatos en el callejón. Otros lo agradecerían, pues así podían pasar tiempo con sus amigos. Oh, cierto.
Él no tenía amigos.
Tampoco contacto alguno con sus hermano, no tan sólo con el más cercano que era a él, Jyushimatsu. Alguna vez habían hablado, pero no más de un par de veces y por teléfono. Y al único además del verde que veía en persona...
Era a su hermano mayor, Osomatsu.
Al ser su turno de noche y el del rojo de mañana, el chico solía venir a beber al puesto de Chibita, por lo que solían verse. Era un tanto incómodo estar con él, ya que desde que se despidió de Karamatsu y acto seguido de ellos, no parecía el mismo Osomatsu Matsuno de antes.
Y por mucho que tratara de ayudar, sentía que no hacía nada. Y sin darse cuenta, ya estaba frente a la puerta de su piso. Sacó las llaves y abrió para después cerrar tras él. Notó que algo le pasaba entre las piernas y sonrió, agachándose.
–Hola, pequeñín. –saludó a su gato, con una tierna sonrisa, acariciándole con la misma ternura. Le cogió y lo llevó a la cocina, dejándole en el suelo y las bolsas de compra encima de la mesa. –Te he traído algo de comer.
[...]
Clientes y ventas.
En eso se basaba el trabajo de cada día de Choromatsu. Y si tenía que ser sincero, era un trabajo que realmente le gustaba. Los horarios eran estrictos, pero también la empresa tenía algún que otro día de fiesta y celebración, por lo que no podía quejarse.
En poco tiempo ya se había acostumbrado a trabajar allí y a la gente que eran sus compañeros. Incluso podía decirse que había hecho amigos. Por si fuera poco, Atsushi solía decirle que estaba realmente orgulloso de la manera en que trabajaba.
Y eso, a un chico que nunca había trabajado antes, no podía hacerle más feliz.
El tema de sus hermanos no era algo que apartase de su mente. Solía pensar en ellos con preocupación. No podía evitar pensar en como les iría en el trabajo. En la vida. Y eso, sólo a unos meses de separarse.
Se le estaba haciendo estresante.
Pero confiaba en ellos y sabía que podrían arreglárselas. Y aún así, sus preguntas no cesaban. Era una bola de contradicciones. No sabía nada de los dos menores, ni tan solo se los había cruzado por la calle. De los mayores en cambio, si tenía información.
Sabía que Osomatsu iba al puesto de Chibita, y lo sabía gracias a si pareja. Iba a emborracharse y se le veía muy apagado, más que antes. Cada vez que le preguntaban el porqué, decía lo mismo.
Porqué he perdido mi felicidad.
Y por mucho que Ichimatsu tratara de convencerle de hablar sobre el tema, se negaba rotundamente. Y no podía poner más furioso a Choromatsu.
Siempre había sido un egoísta, desde que eran niños. Sólo pensando en él, preocupando a los demás sin que le importara en absoluto. Y aunque fuese el más cercano a él, por muchos esfuerzos que pusiera, siempre prefería callar e ignorar.
Seguir como si nada malo pasase o asumir que lo malo no podría curarse. Y el único que podía ayudarle, que podía calmarle, a pesar de desearlo con todas sus fuerzas, no era Choromatsu. Siempre había sido el segundo hermano.
Karamatsu Matsuno era el único.
También sabía noticias de que Karamatsu estaba bien, al menos si cabía, saludable. Atsushi solía ir de empresa en empresa debido a que no era costoso para él. Por eso, siempre informaba al de verde sobre el chico azul ya éste sobre el tercer Matsuno, ya que no podía proporcionar demasiada información más.
Sólo como le iba en el trabajo y como se mostraba cuando iba a la empresa todos los días. Porque Atsushi no se metía en su vida privada, y Choromatsu lo entendía.
Pero tampoco le importaba. Era evidente que no era feliz, no creía que ninguno lo fuese del todo. Él lo era, sí, porqué tenía a Ichimatsu y éste le tenía a él. Pero...
¿Se podía ser feliz del todo si las personas a quienes más aprecias son tan lejanas?
[...]
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Sakura No Ame. | OsoKara
Fan-FictionPasado, algo que nos ata a lo que somos como cadenas en una condena. Presente, en el cual simplemente nos dejamos llevar pensando en lo que venga después, a veces, atrapados en el pasado. Futuro, aquel tiempo el cual o queremos alcanzar o queremos e...
