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Candy corría y corría sin parar, quería desaparecer, deseaba profundamente regresar a su hogar.
-Hermana María... Srita. Ponny... quiero regresar, quiero estar en mi verdadero hogar.
La señorita Ponny y la Hermana María, eran las personas que más amaba Candy, ellas eran las encargadas del orfanato donde ella creció. A ambas las veía como sus madres y solo ellas podían consolarla.
Candy detuvo su carrera a la orilla del río, ahí se encontraba un bote, al cual la pequeña subió.
-Tal vez este río me lleve al Hogar de Ponny... quiero regresar a casa... ya no quiero estar aquí.
La pequeña se recostó quedándose dormida, las emociones de ese día y el llanto la habían dejado sumamente agotada.
Mientras en la mansión Andrew.
-¿Dónde estás?... Creo que he vuelto a cometer otro error... debí dejar que me explicaras las razones que tuviste para comportarte de esa manera... ahora no sabemos dónde estás... Stear fue a buscarte al establo y no te encontró... si algo malo te llegara a suceder no me lo voy a perdonar nunca.
Anthony estaba muy preocupado por Candy y salió a buscarla.
Las horas transcurrían y la noche hizo su entrada, aquella luna encontró profundamente dormida a la pequeña, la cual se encontraba lejos de la orilla.
-¿Dónde estoy?... estaba tan cansada que me quede dormida – la pequeña miro a su alrededor, se encontraba asustada, inmediatamente busco el remo para regresar a la orilla, pero no lo encontró y comenzó a pedir auxilio, ya que la corriente se tornaba peligrosa – AYÚDENME POR FAVOR... AUXILIO... ANTHONYYYYY.
El temor de la chiquilla aumentó, se aproximaba a una cascada, en un abrir y cerrar de ojos, el bote cayó.
Por otro lado, Anthony buscaba con gran afán a Candy, pero todo era inútil, la oscuridad de la noche le impido seguir y cayó en un barranco.
-¿Quién está ahí? – se escuchó una voz.
Dos sombras se acercaron a Anthony.
-Es Anthony – dijo Stear.
-Anthony... ¿estás bien? – pregunto Archie.
-Si estoy bien.
Los hermanos se apresuraron a ayudar a Anthony. Una vez a salvo el rubio preguntó.
-¿Ustedes también están buscando a Candy?
-Así es Anthony, pero parece que no podemos hacer más, lo mejor será regresar a casa y mañana continuaremos la búsqueda – recomendó Stear.
Afirmaron los otros dos con la cabeza.
Los tres mosqueteros se dirigieron a casa. Mientras en el río, Candy era rescatada por un hombre. La pecosa no reaccionaba y aquel hombre la llevo a lo que parecía su hogar.