CAPÍTULO 5

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*ANAHÍ*

-No, Dulce... no dejaré que tú arrogante ego se vuelva a burlar de mi- trate de decir lo más claro posible.

Tome un respiro, siendo demasiado obvia mi reacción ante la presencia de Dulce. Odiaba ser tan débil, creo que ya lo he dicho mucho, pero tampoco hago nada para solucionarlo. 

Le di una mirada, luego observe a mi alrededor y salí casi corriendo del salón de clase. Siento un profundo alivio, cuándo salgo de ese maldito lugar, dejando el bullicio atrás, a ella atrás, muy lejos mío.

-¡Eres tan idiota Anahí!- grité insultandome a mi misma, mientras secaba mis lágrimas al mismo tiempo.

Mis manos comenzaban a temblar desesperadas, el estrés me invade el cuerpo y las ganas de gritar se hacen presentes en mi.

Cojo la botella de agua falsa. Está mañana antes de salir la cargue con vodka. Aunque bueno, justamente bebo dos tragos como si el líquido no me quemara y fuera agua refrescante de verdad.

-Debería dejar de asistir a la universidad, solo me sirve para querer morirme.

Niego con la cabeza y vuelvo a beber vodka. Creo que voy a seguir implementando esto todos los días, por lo menos así puedo controlar el temblor en mis manos cuándo tengo la necesidad de beber y estoy lejos de casa. 

Después de tranquilizarme volví a entrar al salón, siendo esta vez ignorada por Dulce, Maite y los demás del salón, creo que nadie se percató de que había entrado y realmente lo agradezco.

Una vez la clase había terminado, me levanto de mi silla y para volver a salir tengo que pasar al lado de Dulce, Maite y Hillary. Así que me cruzo de brazos, y observo el suelo cuándo paso por dónde están. Maite y Hillary mantienen una conversación animada sobre una serie que ambas tienen en común, mientras que Dulce permanece en silencio recogiendo todas sus pertenencias de la mesa.

Detengo mis pasos y cometo la torpeza de observar hacía atrás. Dulce, me observa, hace una mueca con sus labios, y finalmente ese movimiento se transforma en una leve sonrisa.

No hago movimiento alguno, no sonrío, no niego con la cabeza, y tampoco continuó con mis pasos. Quizá esto le da una señal a Dulce, porque frunce el ceño y avanza unos cuantos pasos hacia la puerta.

-¡Anahí!.

Me llama una vez que prácticamente me escapo al ver sus pasos hacia mi dirección.

Mi botella de vodka disfrazada de agua me dejó con ganas de seguir bebiendo, más allá de encontrarme demasiado mareada para cuándo la terminé. 

¡Uff!, que difícil fue simular sobriedad cuándo seguí con mis otras clases. Pero creo que me salió muy bien, Hillary me dijo que se alegraba de verme más animada.

¡Que viva la botella de agua falsa!.

Me río de mi propio pensamiento, y suspiro aliviada una vez  que me encuentro fuera de la universidad. Y con una sonrisa en mi rostro, me dirijo al bar más cercano. Esto de sentir que camino sobre arena movediza  complica mi trayecto, y me hace reír mucho por cierto.

Hasta que finalmente me topo con el primer bar cercano a la universidad. No sé cuántas cuadrad habré caminado, ni en qué dirección lo hice, ni nada. Y saber eso, me da risa también.

Me siento en el taburete de la barra, y el apuesto barman tatuado no tarda en llegar con una sonrisa coqueta en su rostro.

-¿Qué quieres beber preciosa?.

- Ron.

-¿Quieres algo para comer?.

Me encojo de hombros.

Algún DíaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora