Capitulo 23

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*ANAHÍ*

Un año después.

Amor.

Un sentimiento que pensé nunca más iba a estar en mi vocabulario, mucho menos en mi corazón, en todo  mi ser. Después de la perdida de mis padres, y el rechazo de Dulce.

Las pequeñas grietas que aún hay en mi corazón comienzan a sellarse. Mi corazón ya no se siente cansado, ni adolorido, sino que al contrario, mi corazón y yo nos sentimos con ganas de amar aún más.

Amar... sí, exactamente eso, amar. Con todo lo que es, con todo lo que vale, con todo lo que requiere. Amar sin medida, con locura, con respeto y cariño. Amar y solo amar.

Después de todo lo sucedido, Maite me había dicho que ella nunca más se podría enamorar de nadie más.  Supongo que cuando nos rompen el corazón es lo primero que decimos "nunca más", pero se equivoco, encontró el amor en Dan, y él en ella, ahora son una pareja hermosa, que esperan a su primer hijo. 

Lo cierto es que el nunca más no existe cuando se trata del amor. Creo que cuando de amor se trata, el corazón siempre busca y busca, aun pese a grietas, el corazón siempre busca volver a amar. Querramos o no, él siempre busca una segunda oportunidad de darlo todo, y que el todo vuelva a uno.

Dulce, el amor de mi vida, ella me hace tanto bien, ella logra que me vea de otra manera, logra hacerme creer que puedo con todo y aunque muchas veces pienso que no es cierto, de todas maneras lo creo, "puedo con todo".

Pude deshacerme de las botellas con alcohol.

Pude dormir y despertar sin resaca.

Pude hablar en la charla de A.A.

Y pude mantenerme sobria un año. Eso para mi es mucho, es un paso gigantesco, más cuando creí que no tendría cura.

¿Costo?, por supuesto que sí. Tuve mis momentos de debilidad, momentos donde sólo quería salir a beber hasta perder el conocimiento y arrojar a la basura el tiempo en sobriedad.

Pero en esos momentos, cogía el celular y llamaba a mi Dulce. Ella me calmaba con palabras, anécdotas y chistes hasta hacerme dormir. Incluso, muchas veces de esas llamadas, vino corriendo hacia mí para socorrerme.

Había días en que Dulce no me contestaba por estar ocupada en el hospital, o alguna otra cosa, entonces acudía a Maite. Ella, mi mejor amiga de toda la vida, también lograba calmarme, lograba que dejara de llorar para dormir en paz.

Por suerte ambas estuvieron muy presentes para mí, y no hubo necesidad alguna de recurrir a Jessica. Aunque algo me dice que, si recurro a ella podría ser el inicio de una bella amistad. Y creo que, ser amiga de una mujer fuera de mi circulo de amigos sería otro gran paso. 

Mi celular comienza a vibrar sobre la mesa de luz. Dulce está llamando y no estoy lista aún, eso me pasó por ignorar la alarma de mi siesta.

-Hola- digo al atender y buscó que ponerme.

-¿Ya estás lista?.

Es nuestro día libre, pocas veces compartimos el mismo día, así que hoy aprovechamos y vamos a cenar.

-Mmm... nop.

Se ríe.

-De todas maneras, estoy llegando princesa.

-Oh, vaya, entonces debo apurarme, Y ¿Dulce?.

-¿Sí?.

-No debes hablar por celular mientras conduces.

-Cierto, lo siento. Nos vemos luego te amo.

-Te amo más mi amor, aquí te espero.

Sonrío, terminamos nuestra llamada y con más apuro busco que ponerme. Dulce, no me dijo a donde iremos, así que no sé si vestir formal, o casual. Por estas cosas, odio cuando no me dicen el destino del lugar.

Algún DíaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora