*DULCE*
¿Cuántas horas han pasado desde que la vi con su nuevo cambio de look?.
Probablemente ya sean muchas horas, horas en las cuales mi cabeza no dejo de pensar en ella, horas en las cuales no dejaba de formular preguntas, horas en las cuales vivía en la agonía de saber que probablemente estaba en los brazos de Maite y no en los míos.
Dios mío si tan solo me dieras las fuerzas para aceptar que desde que la conocí no deje de molestarla porque algo en ella me atraía, si me dieras las fuerzas para aceptar que desde que hizo el amor conmigo mi mundo giró en torno a ella, si me dieras tan solo las fuerzas para aceptar que estoy jodida y que además de eso, estoy enamorada. Dios, si tan solo me quitaras el miedo, dejaría a Christopher y haría todo por hacerla feliz a ella.
Su cambio de look me molesta, para bien o para mal, Anahí es una mujer hermosa y de alguna manera al ocultar ella su belleza, hacía que me perdiera en sus ojos, en su sonrisa, en su voz. La veía tierna, preciosa.
No es que sea egoísta, y que no quiera verla bella, simplemente no me gustó la idea que de tierna, pasará a verse pretenciosa, y que de hermosa natural, ahora luzca como mis amigas, o en todo caso, a mi.
Mis amigos embobaron por ella, más los demás de la universidad, fue como si una nueva chica entrara a arrasar con todo y todos, fue como si otra chica se apodera de Anahí, mi Anahí.
Semanas pasaron exactamente desde que Anahí cambió su look, semanas en las cuales extrañaba su voz dulce al decirme que no debo vomitar después de cada comida, su voz venía a mi extrañamente cada vez que lo hacía, y lentamente me calmaba, extrañaba su apoyo y ya no lo tenía.
Si alguna vez ella estuvo en secreto enamorada de mi, odio el día en que no lo note, si alguna vez suplico mi amor, hoy odio el día en que la ignore. Su tiempo le pertenecía a Maite y a Hillary, aunque a decir verdad esta última era la que menos estaba con ella.
Siempre se le veía al lado de Maite, riendo, sonriendo, incluso las vi tomadas de las manos en ocasiones, no se si tienen algo o no, pero realmente no quiero saberlo.
Dan, quien siempre se burló de Anahí, ahora se la pasaba babeando por ella, de hecho le mandó flores a una de nuestras clases.
-Chicos, quiero que dibujen su estado de ánimo- dijo el profesor una vez que dejo sus cosas.
-¿Cómo hacemos eso?- pregunta un chico desde atrás.
Estábamos en una de las pocas clases que compartía con Anahí, y mis amigos, eran de esas clases que nada tenía que ver con nuestras carreras elegidas, eran talleres para despejar la mente de la locura que es la universidad, aunque para mi el taller de matemática en vez de despejar mi mente me vuelve un poco loca.
-Si estas en arte necesitas usar la imaginación- el profesor se cruza de brazos- Piensa en cómo te sientes hoy. O en cómo te sentiste en toda la semana, y déjate llevar deslizando el lápiz en la hoja. Va para todos, conéctense con su interior.
¿Como me sentí toda la semana?, vaya...
-¿Se puede dibujar a una persona?- pregunté, tanto Marcela como el profesor y los demás alumnos me miran- Mi estado de ánimo esta semana se basó en alguien.
-Perfecto- me contesta el profesor estudiandome- Dibuja esa persona, pero también dibuja las sensaciones que esa persona generó.
-Bien- contesté y me concentro en empezar mi dibujo, podía jurar que Marcela me miraba por el rabillo de su ojo. Pero yo estaba muy metida en mi como para hacer algo al respecto. El profesor coloca música relajante, una música desconocida para mis oídos pero la cual era agradable porque te desconectaba, por un momento me sentí sola en el salón. Cierro mis ojos y me dejo llevar por la música, el rostro de Anahí se re aparece ante mí, sonriendo, con el ceño fruncido, y con su mirada perdida y apagada. Tan solo su imagen me hace sonreír y provoca cierto escalofríos, realmente estoy jodida. Abro mis ojos y deslizó el lápiz sobre la hoja blanca, intentó dibujar el rostro de Anahí, cada fracción suya, cada historia en su mirada. Para ser sincera no era tan mala dibujando.
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Algún Día
FanfictionNunca creí que enamorarse sería tan fácil... pero lo es. Es tan sencillo, tan fácil como respirar. Ni siquiera tienes que pensar en ello, simplemente sucede. Cuando ves a la persona que amas, tu pulso se acelera, sientes retorsiones en el estomago...
