Mi corazón latía a mil por hora mientras manejaba mi auto. Me sabía la ruta de memoria, ya que la estuve ensayando para cuando esto sucediera y pude encontrar una precisa, más despejada y expedita, que me tomaba alrededor de quince minutos para llegar directo a la casa de Serena.
La llamé desde mi teléfono conectado a mi vehiculo para no perder contacto a medida de que me acercaba y que ella estuviera segura de que llegaría.
—Serena... cinco minutos más...
—No te preocupes. Te estamos esperando.
—¿Dónde estás?
—En mi habitación. Cerramos la puerta.
—Está bien.
—Creo que tendremos que salir por la ventana hacia el techo...
—¿Hacia dónde da tu ventana para ayudarlos?
—Hacia el patio de atrás.
—Tres minutos.
—Da-Darien
Su voz desesperada me aterraba, aún más cuando vi que el semáforo cambiaba a amarillo, lo que me retrasaría minutos invaluables. Entonces, apreté el acelerador y no me importó pasar en rojo... todo fuera por ayudarla.
—Serena, ya voy. Dime que sucede...
—Está golpeando la puerta —me dijo en un susurro, llena de temor.
—Salgan por la ventana ¡ahora! Estoy a la vuelta de la esquina.
—¡Ya!
Mis manos sudaban sobre el volante, y le rogaba al cielo que me diera la claridez para ayudarla, pues me sentía fuera de mí. Estacioné rápido, un poco antes de la casa de ella, para que su padre no notara mi presencia y corrí con todas mis fuerzas hacia el patio. La vi en la orilla del techo junto a Sammy, que ya debía tener unos catorce años. Me acerqué lo más rápido que pude a ellos para ayudarlos a descender.
—Vamos, Sammy tu primero —le dijo, animándolo a bajar. El chico se orilló en el techo y puso la mitad de su cuerpo fuera, dejando sus piernas colgadas. Como era deportista no le fue difícil caer con agilidad sobre el césped.
—Ahora, Serena, rápido —la animé, moviendo mis manos.
—Tengo miedo...
—No debes tenerlo, yo estoy aquí —le dije, colocándome abajo para recibirla.
Sus manos temblaban y le fue más difícil hacer lo mismo que había hecho su hermano, por lo que cuando sus piernas quedaron colgando, sus dedos resbalaron y ella casi cae al suelo... casi, porque como yo estaba abajo, cayó encima mío. No me di cuenta cómo sucedió, pero sentí el golpe de mi espalda en el césped cuando intenté sostenerla en mis brazos, y ella quedó sobre mi pecho. Cuando reaccioné ya era demasiado tarde. Sus ojos celestes acuosos me miraban llenos de agradecimiento y sus labios me tentaban tan cerca de los míos que podría levantar mi cabeza sólo un poco para probarlos otra vez. En vez de eso, se lanzó hacia mi cuello, abrazándome con fuerza, apretando su cuerpo contra el mío, sin pensar en nada más.
—Gracias... gracias —repetía.
—De nada, es mejor que nos levantemos para salir luego de aquí —dije, acariciando su cabeza.
Su hermano la ayudó a ponerse de pie y los guié hasta donde había dejado el auto. Los dos se subieron atrás, abrazados y de vez en cuando Serena me miraba a través del espejo retrovisor con una sonrisa.
—Llama a Seiya para que vaya al departamento —le sugerí, ya que con el apuro no había podido hacerlo.
—Ti-tienes razón —respondió tartamudeando, supuse que por todo lo recién vivido.
A medida que el ascensor subía recordé el pequeño detalle de que había dejado sola a Michiru. ¿Se habría marchado o continuaría esperándome? Pasé mi mano por mi cabello en demostración del nerviosismo que empecé a sentir al darme cuenta recién de lo que había hecho.
—¿Sucede algo malo? —me preguntó Serena.
—No, nada... —respondi de forma automática—. En realidad, sí...
—¿Qué pasa?
—Es que...
Mis palabras murieron en cuanto salimos del ascensor y Michiru venía por el pasillo hacia nosotros, sin saber que saldríamos de ahí. Su cara me lo decía. Estaba decepcionada, dolida y de inmediato salieron lágrimas de sus ojos.
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Boda por amistad
FanfictionDarien siempre recordó su primer beso, pero cuando volvió a encontrar a la mujer de sus sueños, sus vidas llevaban un camino separado. ¿Sucedería algo que pudiera reunirlos al final del camino?
