La imagen de Serena durmiendo plácidamente sobre la cama era demasiado tentadora para mí y aunque quise dejarla dormir, no fui capaz de detenerme al ver su espalda desnuda, después de abrir los botones de su vestido. Mis dedos comenzaron a acariciarla con suavidad, disfrutando de su tibia piel que me invitaba a seguir explorandola a plenitud, sabiendo que ese era un privilegio sólo mío. De pronto, ella soltó un suspiro que terminó por convencerme de despertarla, bajando hasta su cuello.
—Serena... princesa... —susurré en su oído.
Cuando me distancié un poco, vi sus labios curvarse en una sonrisa y sus ojos se abrieron un tanto perezosos.
—Darien... ¿por qué te detuviste? —me preguntó, removiéndose en la cama.
—¿Estabas despierta? ¿A qué juegas, princesa?
—A ser ¿amada?
—¿Ah? Entonces... te amaré como siempre quise... —le dije al oído, dejando un beso en su cuello, el que se estremeció ante mi contacto, provocándome de la misma manera.
Comencé buscando la manera de deshacerme de su velo que me estorbaba, mientras ella reía divertida ante mis torpes dedos que no eran capaces de sacar todas aquellas horquillas que sujetaban su cabello. Al final, Serena se sentó en la cama para ayudarme, olvidando que había desabotonado su vestido, el que cayó sobre sus piernas dejando al descubierto su fabulosa ropa interior. Ella por instinto volvió a tomarlo y lo llevó hasta su pecho para cubrirse, sonrojándose debido a mi impresión, a la vez que yo mismo sentía que mis mejillas ardieron ante su imagen tan sugerente.
—Serena, no debes avergonzarte... eres muy hermosa —le dije, acercándome a ella, abrazándola con cariño.
La entendía, era la primera vez que estaba así, expuesta ante mi mirada, por eso decidí que distraerla era la mejor opción.
—Ayúdame a sacar todas estas cosas que tienes en el pelo. No entiendo como no te duele la cabeza con tantas horquillas —le dije, poniéndome de pie a su lado, para intentar terminar lo que había empezado antes. La escuché reír ante mi comentario, alzando sus manos para ayudarme, lo que hizo que su vestido volviera a caer, mas ella lo olvidó por estar ocupada en sacar su velo. Sin embargo, era imposible para mí concentrarme con aquella visión de su cuerpo adornado con un delicado encaje blanco. Si llevaba puesto eso, de seguro habia pensado en que yo lo viera, y en verdad lo agradecía, a pesar de su repentino arrepentimiento.
—Darien... —me llamó, alzando sus preciosos ojos celestes hacia los míos—, deja de mirarme así...
Su voz sonó como una orden para mí, haciéndome sonrojar al darme cuenta de que ella había notado mi indiscreción, pero en vez de intimidarme, hizo que me olvidara por completo de lo que hacía, sobretodo al ver sus labios rosados entreabiertos, invitándome a perderme en ellos.
—Lo siento... —dije, aunque en realidad no era verdad.
Mis manos dejaron las famosas horquillas y descendieron para acariciar su mejilla con lentitud, deslizando las yemas de mis dedos que ardían al contacto de su piel. Seguí mi camino hasta llegar a su nuca, tomando su cabeza en mis manos, para bajar hasta apoderarme de sus labios de forma pausada, intentando despertar en ella el mismo deseo que habíamos sentido en nuestros anteriores besos.
De pronto, ya nos habíamos olvidado del vestido y el velo, profundizando nuestro beso poco a poco, hasta que nuestras lenguas se encontraron en una deliciosa caricia, dejándome sin aliento. Sentí que ella al fin se entregó a mi cuando alzó sus brazos, pasándolos por mi cuello, hundiéndome en su boca aún más.
Percibí cómo mi cuerpo comenzó a arder y las cosquillas que sentía en mi estómago se extendían por todo mi ser, embriagándome de exquisitas sensaciones. Desesperado por todo lo que experimentaba, tomé a Serena por sus brazos, invitándola a ponerse de pie para terminar de sacar todo lo que me impedía verla y disfrutarla a plenitud.
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Boda por amistad
FanficDarien siempre recordó su primer beso, pero cuando volvió a encontrar a la mujer de sus sueños, sus vidas llevaban un camino separado. ¿Sucedería algo que pudiera reunirlos al final del camino?
