- Entonces ¿cómo te encuentras?
Su madre usaba un tono sospechoso. Demasiado alegre, demasiado ligero. ¿Dónde habían quedado los meses de silencio y llanto solitario? Izuku suspiro en el auricular, imaginando al hombre de pelo entregando que le secaba las lágrimas. Qué conseguía lo que ni ella, su hijo, ni su marido, habían sido capaces de hacer: devolverle la sonrisa.
- Estoy bien. El instituto no está mal.
- ¿Y tu padre? ¿cómo está?
- Pregúntaselo a él- respondió Izuku. Hacer de espía no iba con él. Su padre estaba como de costumbre, enterrado en sus papeles. Y no sospechaba ni lo más mínimo que su mujer le estuviera metiendo los cuernos.
- Oh, ya sabes que no habla mucho- replicó su madre con tono resignado.
- Bueno, pues la verdad es que tú tampoco- añadió Izuku. En los últimos doce meses, antes del traslado, antes de la escena del restaurante, su madre había pronunciado una media de diez palabras al día. Las había contado.
- Estamos hablando ¿no?- replicó su madre resentida.
- Por fin te has decidido a comunicarte con nosotros- dijo Izuku con un tono hastiado. Sin darse cuenta, había abierto el cuaderno de bocetos y había comenzado a trazar un rostro.
- Estoy tratando de arreglar las cosas. Con vosotros lejos, me resultará más sencillo recomponerme. Sabes que aquello que sucedió hace un año...
- No quiero hablar de eso. Ahora no- la interrumpió Izuku, alterado. Para él era imposible afrontar el tema del accidente. Era algo que había encerrado en su interior y allí era donde debía permanecer.
- Como quieras- accedió su madre- Bueno, ahora tengo que irme, tengo una reunión en el colegio.
"Sí, claro".
- Hasta pronto.
- ¿Izuku?
- ¿Sí?
- Sabes que puedes volver cuando quieras. Aquí siempre me tendrás a mí, a tus amigos, tu cuarto.
"Allí no queda nada de nada."
- Gracias, lo sé- respondió, sin dejar de dibujar. Odiaba esas llamadas, respondía únicamente para que su padre no sospechara.
Tuvo que contener el llanto. Después miró el dibujo, para darse cuenta de que el rostro que había trazado tenía unos rasgos familiares.
☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆
El casco antiguo estaba protegido por una murallas macizas y elevadas de piedra. En el exterior, el tráfico y las tiendas de la vida moderna. Dentro, un dédalo de callejuelas pobladas de individuos de mirada curiosa, que advertían rápidamente la llegada de un extraño por el simple hecho de que allí todos se conocían desde hacía generaciones.
Izuku caminaba con la cabeza baja. Su padre le había advertido al menos veinte veces que tuviera cuidado, que aquellas calles estrechas eran famosas por los robos, a la velocidad de la luz. Cada vez que sentía el ruido de una moto que se aproximaba, se apretaba contra la pared y siempre se quedaba pasmado al comprobar que eran niños de once o doce años los que conducían. Iban a todo gas por los callejones gritando y riendo, envolviendo a Izuku en una nube de humo negro.
Andar mirando el suelo era difícil. Cada esquina despertaba su curiosidad. El aire estaba impregnado de aromas de cocina, aunque solo fueran las cinco de la tarde.
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Die Together
Fanfiction¿Qué pasaría si el hijo de un juez se cruzara en el camino de un joven mafioso? ¿Y si se enamorasen a pesar de que su relación estuviese condenada desde el principio? Izuku y Katsuki se conocen en el instituto, ambos comparten una vida marcada por l...
