Katsuki conducía el coche con los ojos puestos en la carretera, inmerso en sus propios pensamientos, con la música alta. A Izuku no le costó reconocer la canción porque llevaba meses sonando en su propio reproductor, pero no hizo ningún comentario.
No sabía dónde lo llevaba y tampoco le importaba. El sentido común tendría que haberle sugerido que, ahora que conocía la verdad sobre él, Katsuki podría ser peligroso. Lo dejó conducir hasta las afueras, siempre en dirección al sur bordeando la costa.
Después, finalmente, el coche se detuvo.
Habían llegado a un pueblecito que estaba atestado de turistas y veraneantes durante los meses cálidos, pero en ese momento parecía desierto.
- ¿Dónde estamos?
- Baja- le dijo Katsuki. Una vez en la calle, lo cogió de la mano y él la estrechó y siguió sus pasos por los callejones vacíos. Katsuki se detuvo frente a una puerta de cristal y la abrió, haciéndole un gesto para que entrase primero.
Se encontraban en un restaurante muy elegante, que casi parecía sacado de un cuento. Mientras Katsuki hablaba con el camarero, Izuku apoyó la nariz contra el cristal del enorme ventanal y miró las olas romper en los escollos y transformarse en espuma blanca.
- Apuesto a que tienes hambre- le dijo Katsuki cuando llegó hasta él, mientras lo abrazaba desde atrás. Su calor lo envolvió y por un segundo olvido el motivo por el que se encontraban allí. Izuku se obligó a deshacer el abrazo, girándose hacia él.
- La verdad es que sí- respondió con una sonrisa incierta.
- Aquí podemos hablar tranquilos y puede que razonemos mejor con el estómago lleno.
Guardaron silencio mientras comían los entrantes. Izuku tenía la cabeza baja para no mirar a Katsuki a los ojos y él parecía no saber por donde empezar.
Entonces, de repente, sacó el móvil del bolsillo y pulso algunas teclas, buscando algo. Se lo pasó a Izuku; en la pantalla aperecía una foto que había sacado hacía casi un año.
- ¿Qué es?
Izuku observó la imagen, era un retrato a carboncillo de un chico con cierto aire anticuado, pero con el rostro luminoso y de hermosos rasgos.
- ¡Se parece a mí!
- Lo sé.
Lo miró con cara de interrogación, Katsuki suspiró.
- Yo... no sé ni por donde empezar.
- Inténtalo- le incitó Izuku. Tenían todo el tiempo del mundo, o al menos eso lo que parecía en aquel rincón remoto.
- Hasta hace un año o así, pensaba que lo ás importante eran las cosas que me habían enseñado desde que nací. Creo que puedes intuir cuáles son.
Izuku asintió, a pesar de que ni por asomo estaba seguro de saberlo.
- Mi padre fue asesinado en un ajustes de cuentas. Y desde ese día he crecido con la idea de vengarlo. Es lo que hay que hacer. Ojo por ojo, diente por diente.
- Y siempre se repite la misma historia- comentó Izuku.
- Son las reglas, a mí me parecen bien. Sabía que tendría una vida simple: obedecer las órdenes, ganarme el respeto de los demás, hacerme un hueco en el seno de... el grupo.
- ¿Simple?
Katsuki asintio:
- Sí estás dentro lo es. Sigues la corriente y, en cierto sentido, los demás deciden por ti. Tan sólo tienes que intentar mantenerte vivo el mayor tiempo posible.
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Die Together
Fanfiction¿Qué pasaría si el hijo de un juez se cruzara en el camino de un joven mafioso? ¿Y si se enamorasen a pesar de que su relación estuviese condenada desde el principio? Izuku y Katsuki se conocen en el instituto, ambos comparten una vida marcada por l...
