20: El lado oscuro de la luna.

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   - No nos gusta llamar la atención.

   Katsuki observaba la reacción de Izuku. Lo había llevado a su casa, aprovechando que su madre había regresado al pueblo para ir a ver a un familiar que estaba en el hospital y, ahora que estaba allí, trataba de ignorar el hecho de que desentonar tanto en ese ambiente que a él le resultaba tan familiar.

   - Es algo inquietante- comentó Izuku con incredulidad, de pie en mitad del salón.

    Lo que desde el exterior parecía poco más que un mísero cortijo, ocultaba en su interior un pequeño y lujosos palacio. Las estancias resplandecían de muebles caros, blandas alfombras y cuadros de buen gusto.

   Las ventanas estaban protegidas por pesadas cortinas de brocado color crema y la cocina, que Izuku vislumbró desde la puerta abierta, era moderna y estaba amueblada con todos los accesorios.

   - Mi madre no habría querido todo esto. Es una persona sencilla y, de todas formas, se trata de algo provisional- explicó Katsuki- En cambio, para Shota es inconcebible vivir sin lujos. Y a mí no me disgusta.

   Salieron al jardín por el ventanal que daba a la parte trasera. Si habían dejado el patio delantero en su estado original de abandono, la casa protegía con sus muros un rincón verde cuidadosamente dispuesto, con una mesita y varias sillas de hierro forjado, una gran sombrilla de tela blanca y un par de tumbonas de madera.

   - Me costó convencerlo para no construir una piscina en pleno invierno. Está obsesionado con las piscinas.

   Izuku lo miró como si lo viera por primera vez. Allí, en su casa, parecía completamente distinto. Al hablar de dinero como si lo diera por sentado, aquella luz turbia había regresado a sus ojos.

   - Parece su tengas mucho afecto a Shota.

   - Se lo debo todo.

   Izuku hizo una mueca.

   - ¿Qué te pasa?

   - En el fondo no le debes nada. Tú padre murió por su culpa, tú arriesgas la vida por él, puede que lo que recibas ni siquiera sea suficiente.

   - ¿Suficiente?- repitió Katsuki perplejo- Tengo todo lo que deseo: casas, coches, barcos. Iré a la mejor universidad posible ¿Qué más se puede pedir?

   - La libertad de decidir a qué te quieres dedicar, por ejemplo, o de amar a quien tú elijas- la idea de que fuera prisionero de aquel hombre y de su hija le resultaba cada vez más insoportable.

   - Tú no lo entiendes, Izuku.

   - Puede que sea eso. Pero sé que cuando pierdes a un ser querido, una montaña de dinero no puede reemplazar el dolor de su ausencia.

   Katsuki se levantó, inquieto, y le dio la espalda para contemplar el campo punteado de olivos.

   - No puedes entender lo que significa, no deberías juzgarme.

   - Hace un año y medio perdí a mi hermano- dijo Izuku sin pensarlo.

   No era capaz de decir "murió". La idea de haberlo perdido al menos le daba la esperanza de poder reencontrarse con él, algún día, en otra vida.

   Katsuki se giró de golpe.

   - ¿Por qué no me lo has contado hasta ahora?

   - No me gusta hablar de ello. La gente me mira con compasión y eso no va conmigo. Además, es lo que ha destrozado a mi familia, y sólo de pensarlo me dan ganas de gritar. Hay veces que querría estar en su lugar.

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