Había un hombre parado junto a la puerta de su casa, vestido con vaqueros y un abrigo, que lo observaba.
En un primer momento, Izuku no se acordó de que Todoroki los tenía bajo vigilancia, pero luego reconoció a Naomasa, el guardaespaldas que los había acompañado al restaurante, y le hizo un gesto de saludo.
Mientras ponía la cadena a la Vespa, las manos le temblaban. Dejo caer el candado dos veces, sobresaltandose al escuchar el rumor del metal sobre el asfalto, y por poco se echa a llorar ahí mismo, en mitad de la calle.
- Te ayudo.
Naomasa le sonrió y se ocupó de cerrar la cadena.
- Gracias- acertó a murmurar Izuku.
- ¿Un mal día?- le preguntó él, con las manos en los bolsillos y la barbilla enterrada en la bufanda.
- Uno de los peores de mi vida- respondió Izuku en un arrebato de sinceridad.
Naomasa titubeó, sin saber si debía o no contestarle.
- Bueno, pues creo que en casa te encontrarás con otros problemas. Debe de haber ocurrido algo, el juez lleva un rato como loco.
Izuku apretó los labios sin hacer más comentarios. Los problemas de trabajo de su padre estaban directamente relacionados con lo que lo separaba de Katsuki y, llegados a este punto, no sabía qué esperar. Si detenían a Katsuki, se evitaría el desastre del mar. Puede que no se sintiera feliz por él mismo, pero al menos podría continuar mirando el horizonte sin que le entraran ganas de vomitar.
Subió las escaleras despacio, cómo si acarreará a sus espaldas el peso del mundo. Cuando llegó al descansillo, encontró la puerta de casa entreabierta. Ojalá hubiera podido detener el tiempo y evitar tener que respirar, hablar, moverse, aunque sólo fuera por unos instantes, así quizá habría sido capaz de poner en orden sus pensamientos.
En cambio, la realidad lo apreciaba y lo empujaba al interior de la casa, donde su padre lo recibió sentado a la mesa con una mirada torva. Ante él, la pistola que Katsuki le había regalado.
- Me ha llamado el director del instituto.
Izuku no esperaba una frase así. No tenía nada que temer desde el punto de vista académico y pensó que su padre estaba divagando antes de empezar a hablar de lo que tenía delante. Trató de idear excusas convincentes, pero parecía que no había nada que justificase estar en posesión de un arma.
- Me ha contado el bedel que te vio con un compañero de clase cuando salías de un aula en desuso, durante la asamblea del instituto. Tu profesora asegura que no os autorizó a alejaros y, además, recuerda haber estado buscandoos un buen rato- añadió el juez, dando un puñetazo sobre la mesa- El director se ha visto en la obligación de llamarme, teniendo en cuenta mi trabajo, porque parece ser que este compañero tuyo tenía antecedentes penales ¿Te dice algo el nombre de Katsuki Bakugo, Izuku?
- Sólo estábamos...
- ¡DÉJALO YA!- gritó su padre, levantándose con tanto ímpetu que volcó la silla- Ni siquiera has ido hoy a clase. Has estado con él ¿a qué sí? ¿hace cuanto que tenéis una historia?
Izuku renunció a mentir.
- Puedes estar tranquilo. Ya no hay nada entre nosotros- respondió.
- Y luego está esto- exclamó su padre, asolado. Cogió la pistola de la mesa con tanta fuerza que parecía que iba a lanzarla por los aires- ¿Qué demonios crees que estás haciendo? ¡A pesar de todas mis advertencias, a pesar de que sabías a quién tenías delante! Explícame como has podido ser tan ingenuo, sobre todo después de lo que le sucedió a Mirio.
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Die Together
Fanfiction¿Qué pasaría si el hijo de un juez se cruzara en el camino de un joven mafioso? ¿Y si se enamorasen a pesar de que su relación estuviese condenada desde el principio? Izuku y Katsuki se conocen en el instituto, ambos comparten una vida marcada por l...
