El padre de Izuku se había tragado el cuento de la caída accidental, el mismo que habían contado a urgencias. Había resbalando, se había hecho daño y un compañero de clase con quien estaba haciendo un trabajo lo había acompañado al hospital.
Y aún así, no lo dejaba tranquilo.
Estaba nerviosos y cansado, se quedaba despierto hasta tarde, inmerso en sus papeles, y pasaba más tiempo con el comisario Todoroki que con Izuku. Se había negado a que fuera al instituto con los puntos todavía recientes, por eso Izuku se había pasado los dos últimos días en casa, sin forma alguna de comunicarse con Katsuki, ya que no habían intercambiado ni teléfonos ni direcciones de correo.
Sabía que, de haber querido, Katsuki podría haberle pedido su número a Denki, sólo para saber cómo se encontraba. Pero no lo había hecho. Y en el listín telefónico no aparecía ningún Yagi.
Ahora los folios con los retratos de Katsuki estaban escondidos por toda la habitación de Izuku.
Creía volverse loco, y no hacía más que dibujarlo en su escritorio, pensando cómo era posible que el tiempo pasase tan lentamente que parecía inmóvil.
Por fin, cuando pudo volver al Instituto, atravesó el patio con las piernas termblorosas del nerviosismo. La moto de Katsuki no estaba entre los ciclomotores aparcados, pero él cielo amenazaba lluvia y había la posibilidad de que hubiera ido en coche. Izuku no entendía por qué estaba tan impaciente por verlo. Quizá esperase alguna explicación sobre su huida de urgencias aquel día. Quizá simplemente lo echaba de menos, una idea absurda, dado que apenas lo conocía.
"Las cosas están torcidas."
Izuku no quería que estuvieran rectas ¿Cómo podría hacerlo? Además, era tan difícil encontrar una persona "torcida", que quizá simplemente tuviera ganas de comunicarse con alguien que lo comprendiera, que no se riera de él por ser un inadaptado y por tener intolerancia cada vez que se enfrentaba a una situación "recta", de esas en las que las familias se sientan sonrientes en torno a la mesa del desayuno como si estuvieran en un anuncio de la tele y ni siquiera entendieran el significado de la muerte.
- Entonces, ¿cómo estás?- le preguntó Denki en cuanto se sentó en su pupitre.
- Bien.
Katsuki estaba allí, dos filas más atrás, sentado en su sitio. No lo estaba mirando, tenía la cabeza metida en una revista y la expresión más sombría de lo habitual.
- ¿Ha sido por su culpa?- preguntó Denki, siguiendo la dirección de su mirada.
- No. De no haber sido por él, habría sido aún peor- respondió Izuku.
Denki permaneció callado sólo por un par de segundos. Parecía impaciente por hablar del tema, quizá porque llevaba dos días esperando a que su compañero volviese para confirmar los rumores que circulaban.
- Se comenta que ha intentado...- susurró- ... bueno, en fin, que ha intentado ponerte la mano encima y que tú has salido herido al tratar de huir de él.
- ¿Y desde cuando un tío que intenta violar a alguien lo acompaña luego a urgencias? Habría que verificar los hechos antes de hablar a espaldas de los demás- siseó Izuku, indignado.
Denki pareció reflexionar sobre la lógica de aquella observación.
- Puede que sea una forma de hacerte chantaje. Tu silencio a cambio de llevarte al hospital.
Inmediatamente sacudió la cabeza, sabiendo lo estúpida que soñaba su hipótesis. Sobre todo porque lo de "chantaje" no parecía encajar demasiado en la trama rosa que Denki estaba determinado a descubrir.
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Die Together
Fiksi Penggemar¿Qué pasaría si el hijo de un juez se cruzara en el camino de un joven mafioso? ¿Y si se enamorasen a pesar de que su relación estuviese condenada desde el principio? Izuku y Katsuki se conocen en el instituto, ambos comparten una vida marcada por l...
