Aquella mañana el mar estaba en calma, y el sol invernal se reflejaba en la superficie como un millón de espejos fulgurantes.
Mientras el viento le desordenaba el cabello a ráfagas breves y repentinas, Izuku miró a su alrededor en busca de Katsuki. Había visto su moto aparcada cuando llegó al puerto, pero no había ni rastro de él.
A pesar de que la mañana era cálida para la estación, estar sentado en un embarcadero congelado no era lo que se dice agradable. Se metió la mano en los bolsillos del abrigo e inhaló el aire salobre.
De la cabina del pequeño yate amarrado delante de él surgió una figura que sostenía dos chalecos salvavidas naranjas.
- ¡Katsuki!- gritó Izuku, al tiempo que se levantaba y recogía su mochila del embarcadero- Podías haberme dicho que estabas ahí adentro, bien calentito.
- Quería hacerle una puesta a punto antes de que subieras a bordo- le explicó- Lo traje aquí al final del verano, y luego he estado demasiado ocupado para utilizarlo.
"Demasiado ocupado."
Izuku se esforzó por devolverle la sonrisa y se acercó a la embarcación. Katsuki le tendió una mano para ayudarlo pero él la ignoró y subió de un salto. Katsuki lo estrechó un momento y lo besó en los labios.
- Felíz cumpleaños- le dijo.
El abrazo fue frío, el beso, insípido, pero Izuku lo atribuyó a las bajas temperaturas y entró en la cabina. El interior era amplio y estaba bien distribuido, con un saloncito elegante con sofás de piel blanca y una cocina americana bien equipada.
- No está nada mal ¿Otro regalo de Shota?
Katsuki no respondió. Fue hasta la proa, donde estaban los mandos, y cogió un paquete que había dejado junto al timón.
- Esto es para ti.
Se lo tendió con cierta rigidez, cómo si no estuviera convencido de lo que estaba haciendo. Izuku, inquieto e incómodo, no lo cogió.
- ¿Estás bien?- preguntó.
- Así así ¿Y tú?
- Así.
En el silencio que siguió a continuación, se estudiaron. Katsuki lo miraba como si tratase de no verlo. Era una sensación extraña, pero Izuku la notó. Ya no era capaz de leer nada en el fondo de sus ojos, había un muro entre los dos, una distancia que convertía cada gesto, cada aliento, en algo antinatural.
Se le acercó y lo abrazó con fuerza. Inspiró su olor, le acarició sus cabellos cenizos con la mano, pero su piel no le transmitía ningún mensaje.
Con un suspiro, Izuku se separó de él y tomó el paquete que le tendía. Era pequeño, estaba envuelto en papel rojo y atado con un lacito blanco.
- ¿Qué es?
- Lo he pensando mucho, espero que te guste- respondió Katsuki. De haber querido, podía haberle regalado casi cualquier cosa, un coche, un caballo, una tienda llena de ropa nueva. Pero ninguno de esos objetos encajaba con Izuku. Perdían todo su significado, si es que alguna vez lo habían tenido, y se convertían en la materialización del dinero que había servido para comprarlos.
Izuku rasgó el envoltorio y extrajo un estuche de terciopelo azul. Le dio un vuelco al corazón al pensar en lo que aquello podía contener y en cómo habría reaccionado si, de verdad, al abrirlo, hubiese visto un anillo.
En su lugar, había un colgante ovalado de aspecto antiguo, de esos que se abren por la mitad y esconden dos minúsculas fotografías.
- Es precioso, Katsuki.
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Die Together
Fanfic¿Qué pasaría si el hijo de un juez se cruzara en el camino de un joven mafioso? ¿Y si se enamorasen a pesar de que su relación estuviese condenada desde el principio? Izuku y Katsuki se conocen en el instituto, ambos comparten una vida marcada por l...
