Se sentía como en una especie de película de espionaje y a decir verdad no había podido dormir en toda la noche, pensando en cómo haría para salir de allí sin hacer ningún ruido. Además de que no había podido dejar de pensar en Paulo y en que la había citado en las caballerizas. ¿Hablarían bien allí? ¿Él le diría todo lo que pensaba de ella? Su corazón se aceleró al pensar que estaría a solas con él. Logró salir de la casa sin hacer ningún escándalo. Soltó un suspiro y miró encantada a su alrededor. El sol comenzaba a asomarse, bañando a aquel campo de luz. Los suaves sonidos de las aves llegaron a sus oídos. Aquello sí que era paz. Respiró profundamente y comenzó a caminar hacia las caballerizas.
No se sentía demasiado segura de sí era correcto. Pero de ninguna manera podía evitarlo. Tenía ganas de verlo, de saber por qué la había citado allí. Comenzó a caminar hacia el lugar indicado. Se sentía como una boba niña de 15 años, estaba emocionada. Al parecer aún no había ningún peón por allí, ya que todo estaba completamente desierto. Llegó y entró con cuidado. Aquel familiar olor volvió a invadirla. Miró a su alrededor buscando a Paulo y él no estaba allí. Miró la hora en su reloj y marcaban las 7 en punto. Frunció el ceño.
El sonido de un caballo le hizo levantar la mirada. Se congeló. No podía ser cierto...aquel, ese...ese era su caballo blanco. Sin poder evitarlo comenzó a caminar hacia él. El caballo se giró a mirarla y retrocedió unos pasos, mientras hacía un sonido con la boca. Se acercó un poco más pero se detuvo. Tenía miedo, el mismo miedo que había tenido la primera vez que lo había visto.
-No le tenga miedo -dijo él.
Oriana giró rápidamente para encontrarlo parado en la puerta del establo, semi apoyado contra el marco.
- ¿Es él? -le preguntó con un poco de timidez.
Paulo sonrió de costado e ingresó del todo. El pulso de Oriana se aceleró.
-Sí, es White.
Ella volvió a mirar al animal. Su corcel blanco estaba realmente hermoso. Sonrió levemente. Paulo había cumplido la promesa de cuidarlo. En cambio ella...ella no había hecho nada. Se sintió una basura y no era exagerado. El caballo resopló y Oriana le prestó atención de nuevo. Quería tocarlo, pero no sabía cómo iba a reaccionar ante una desconocida.
-No le tenga miedo -volvió a decirle -Él no le hará daño...
Oriana volvió a mirar a Pauo y ahora el castaño estaba un poco más cerca. Sintió una presión en el pecho.
-Es que...no me conoce, no tiene ni idea de quién soy -dijo ella.
Paulo suspiró y caminó hasta estar a su lado. Oriana fue muy consciente de sus diferencias. Mientras el era todo músculo y fibra, ella era todo delicadeza y ropa cara. Paulo se veía sexy como el infierno con aquel sombrero de vaquero. Pero la ponía nerviosa. La ponía nerviosa no poder ver bien sus ojos, no saber si él la estaba mirando o como la miraba. Quería quitarle ese sombrero de un manotazo. Tragó saliva.
-White -lo llamó él al caballo.
Al instante el animal lo miró e hizo un relinche. Oriana lo miró asombrada, era increíble que le respondiera de esa manera.
-Es increíble -musitó.
- ¿Sabes quién es ella? -preguntó él.
White meneó la cabeza y volvió a contestar. Oriana estaba perpleja
-Ella es la señorita Oriana.
El caballo relinchó un poco y golpeó el piso con una de sus patas
-Puede tocarlo, señorita, él sabe quién es usted.
Ella se armó de valor. Ya no era una niña, no podía temerla a un lindo animal como ese. Pero su valor se fue en un abrir y cerrar de ojos. No podía hacerlo, de verdad tenía miedo. Paulo se quitó el sombrero, soltó un suspiro y sin darle aviso se acercó a ella por detrás y tomó su mano. Ella se quedó completamente quieta sintiendo su cercanía. Su mano era el doble más grande que la suya. Con cuidado la hizo caminar hacia delante, aun sosteniendo su mano.
La levantó un poco cuando el caballo se acercó a ellos.
Oriana retrocedió unos pasos soltando un suspiro de sorpresa. Pero se encontró con el pecho de Julian. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. White se acercó otro poco a ellos, hasta que la mano de Oriana se apoyó sobre su hocico. La mano de Paulo seguía sobre la de ella e hizo el movimiento descendente para que ella acariciara a White. Se quedaron en silencio. El corazón de Paulo latía rápido. Él no sabía bien por qué estaba haciendo aquello. No debería estar tan cerca de ella. Su perfume lo rodeó. La tenía tan cerca, era como un sueño. Ella se mordió los labios. La situación era la misma que hace diez años atrás. ¿Qué debería hacer ahora? ¿Besarlo? Sacudió la cabeza.
- ¿Lo ve? -Inquirió él cerca de su oído -Él no va a hacerle daño.
Oriana se estremeció, su voz era tan masculina. Giró un poco la cabeza para encontrarse con sus ojos a escasos centímetros. Él podía besarla si se inclinaba un poco y la idea lo emocionó de una tonta manera. Ya no era un niño, no iba a besarla como tal. Pero, por dios, era como una extraña para él ahora. Aunque en su mirada chocolate podía ver que ella seguía siendo la misma de siempre. Se había ido una niña y ahora veía una mujer. Se alejó de ella rápidamente. Eso era extraño, él no podía comportarse de esa manera. Oriana se quedó quieta en su lugar, acariciando a White por si sola. No sabía que decir, ni que hacer. Todo era tan raro. Acomodó su garganta.
-Está realmente hermoso White, Paulo -le dijo para romper el hielo.
Él se rascó la nuca y no la miró.
-Es el mejor caballo de la estancia.
Oriana le sonrió al caballo y lo palmeó un poco. White se le acercó más hasta tocar su rostro con su hocico. Oriana rio por lo bajo. Pauo la miró y su corazón palpitó. Se veía tan hermosa allí parada, casi abrazando a White. Al parecer el caballo no lo había olvidado. Él no se mostraba tan cariñoso con las personas.
-Paulo -lo llamó ella sin mirarlo.
- ¿Si? -le preguntó.
Oriana tenía los ojos cerrados y ahora abrazaba a White. Era como si estuviera recordando algo.
- ¿Recuerdas cuando éramos niños y jugábamos a las escondidas?
Inquirió y abrazó un poco más fuerte a su caballo. Se sentía bien así
-Tú te escondías en algún lugar de la caballeriza y yo tenía que buscarte. Y cuando te encontraba...
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Mi Salvaje
Teen FictionQue nerviosa se sentía, le temblaban las piernas. No recordaba o eso creía, haber pasado un día tan emocionante como ese. Su cumpleaños numero doce. No podía dejar sus manos quietas y se mordía el labio, nerviosa... Si estaba nerviosa. Su padre le h...
