—No eres Lauti —dijo la chica.
—No, soy Oriana —dijo ella.
—Oh, lo siento. Yo...no debería estar aquí —se disculpó y se dispuso a irse.
— ¡Espera! —La detuvo la morena — ¿Tú eres Viqui?
La castaña asintió tímidamente. Agus se acercó a Oriana y le sonrió a la muchacha.
—Así que tú eres la famosa Viqui por la que el lindo castaño está herido y postrado en la cama.
— ¡Agustin! —lo retó Oriana.
Viqui se sonrojó.
—Lo siento —se disculpó —Yo no quise que eso pasara.
Viqui desapareció de allí. Oriana miró mal a Agus y salió detrás de la chica para pedirle disculpas por su amigo. La divisó caminando hacia la parte delantera del gallinero.
— ¡Oye, Viqui! —la llamó.
La castaña no se detuvo. Pero entonces Oriana aceleró el paso y la alcanzó
—Espera, espera
Viqui se giró a verla
—Disculpa a mi amigo, es algo...tonto.
—No pasa nada —murmuró ella.
Entonces escucharon los galopes de varios caballos. Las dos miraron hacia la casa y allí estaban ellos. A Viqui se le detuvo el corazón. Allí estaban su padre y sus hermanos, buscándola.
—Oh, oh...hay problemas —dijo Oriana.
Paulo llegó justo cuando vio que Robert Martinezo intentaba entrar a la casa de los Sabatini a la fuerza. Osvaldo y su madre le hacían frente en la puerta. Se bajó rápidamente de su caballo y se acercó con paso decidido. En ese momento Pablo, el hijo mayor de Robert, se giró a verlo. Sonrió con malicia.
—Pero miren a quien tenemos aquí —dijo con sarcasmo —Al peón jefe.
—Cállate, Pablo —dijo Robert —No estamos aquí para juegos infantiles, vinimos a buscar a tu hermana. Déjame pasar, Sabatini.
—Ya te dije, Robert, tu hija no está aquí
—Entonces ¿Por qué no me dejas entrar?
—Porque usted no es bienvenido aquí —habló Alicia apuradamente —No después de lo que sus hijos le hicieron a mi sobrino.
—Ya dije que fue un error.
—Sí, haber fallado —murmuró Eliseo.
Robert lo miró mal. Paulo se acercó hasta dónde estaba su madre y Osvaldo, se paró delante de ellos y miró fijo a Robert Martinez.
—Creo que el señor Sabatini fue claro, señor Martinez. Su hija no está aquí.
Robert se acercó otro paso a él, desafiándolo.Paulo ni pestañeó, la verdad era que no le tenía ni un poco de miedo a ese hombre. Entonces Pablo y Eliseo sacaron sus armas.
—Van a dejarme pasar —aseguró Robert.
—No —sentenció el castaño.
Sintió la mano de su madre apretarlo con fuerza por detrás.
—Esto es demasiado, Martinez —dijo Osvaldo algo nervioso —No tienes ningún derecho a amenazar a mi gente.
—Entonces déjenme pasar.
— ¿Qué sucede aquí? —preguntó una voz femenina.
Todos los ojos giraron a verla. Oriana estaba parada con una mueca preocupada y a su lado estaban Viqui y Agus, con dos canastas en las manos. Robert se alejó de Paulo y sus hijos guardaron sus armas.
— ¿Oriana? —preguntó Pablo.
Ella lo miró y al instante puso cara de desagrado.
—Pablo —le dijo distante y volvió la vista a Paulo—Vuelvo a preguntar, ¿Qué sucede?
Robert dio unos pasos hasta Viqui y justo cuando iba a tomarla del brazo, Oriana se puso en su camino. El azulino se tensó.
—Viqui, ven aquí —le dijo.
Ella ni se movió.
—Espere, espere, espere —dijo la castaña —Necesito saber que sucede.
—Ellos vinieron a buscar a Viqui porque creyeron que estaba con Lautaro —Contestó Paulo.
Oriana Y Agus soltaron unas sonoras carcajadas y se miraron realmente divertidos.
— ¿Con Lautaro? —Dijo el castaño —Por dios, el pobre no puede ni salir de la cama después del disparo que le dieron.
—Y Viqui ha estado con nosotros todo el día, juntando huevos —dijo Oriana mientras le mostraba una de las canastas.
Robert los miró consecutivamente a los tres, parecía no estar del todo convencido. Pero luego de unos cuantos segundos soltó un suspiro y se giró a ver a Osvaldo.
—Lo siento, Sabatini
—Está bien —dijo Osvaldo.
—Nos vamos, muchachos —les dijo a sus hijos —Viqui.
La chica le entregó la canasta a Oriana con una pequeña sonrisa en los labios.
—Muchas gracias —murmuró.
—De nada —sonrió ella.
Viqui se acercó a su padre. Luego de unos cuantos segundos todos vieron como ellos se alejaban. Oriana y Agus suspiraron aliviados, habían logrado convencer al ogro. Chocaron sus manos y luego hicieron el baile que habían sacado de juego de gemelas. Paulo los miró divertido, al igual que Osvaldo y Alicia.
—En realidad no estuvieron todo el tiempo con ella, ¿cierto? —preguntó Osvaldo.
—No —dijeron los dos al unísono.
—Estaba por ver a Lautaro, ¿verdad? —preguntó Alicia.
—Si —volvieron a decir como loritos.
—Vamos a tener que ponerle verdaderamente los límites a ese jovencito —dijo la madre de Paulo—Pero ya, entremos que el sol ya no está y la noche se pone algo fresca.
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Mi Salvaje
Roman pour AdolescentsQue nerviosa se sentía, le temblaban las piernas. No recordaba o eso creía, haber pasado un día tan emocionante como ese. Su cumpleaños numero doce. No podía dejar sus manos quietas y se mordía el labio, nerviosa... Si estaba nerviosa. Su padre le h...
