Capítulo 47: Se terminó

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Paulo se sentó lentamente frente a una nerviosa Sabrina. Sabía que en cualquier momento iba a explotar, pero se estaba controlando bastante. La miró fijo a los ojos.


— ¿Y bien? —inquirió ella nerviosa.


—Sabrina, lo siento...


— ¡Lo sientes! —Exclamó — ¿Es lo único que vas a decir?


—Traté de decírtelo miles de veces, Sabrina. Pero siempre evitaste el tema...


— ¡Aaaah y por eso ahora soy la cornuda más grande de todo el condado! —casi gritó.


—Te voy a pedir por favor que no grites —dijo él serio —Lamento que esto tenga que ser así, Sabrina...Pero estoy enamorado de Oriana.


— ¿Acaso no te das cuenta de que ella va a cansarse de ti, Paulo? —Le preguntó reteniendo un par de lágrimas —No eres nada para esa mujer. Eres poca cosa. Un simple peón. ¿Acaso vas a vivir de ella dentro de par de años? O mejor dicho, ¿Acaso vas a aceptar irte a la ciudad detrás de ella? Porque ella no va a quedarse en este mugroso lugar para siempre...


Él se puso a pensar en aquello. Sacudió la cabeza. En ese momento aquello era lo que menos importaba. Fueran como fueran las cosas, él ya no podía seguir con Sabrina.


—No sé lo que va a pasar, Sabrina —dijo mirándola fijamente a los ojos —Pero lo nuestro se terminó. Ya no puedo seguir mintiéndote.


—Bien —aseguró ella mientras se ponía de pie —Espero que no te arrepientas. Yo no estaré esperándote cuando ella te de una patada...


—Sabrina...


Ella salió de allí rápidamente. Paulo dejó la cabeza entre sus manos, mientras maldecía por lo bajo. Sí, había hecho muchas cosas mal. Pero sabía que eran muy necesarias. Soltó un suspiro y se puso de pie. Por ahí dentro de unos días podría hablar perfectamente bien con Sabrina y quedar como amigos. A pesar de muchas cosas, la apreciaba. Se puso de pie y se acercó al refrigerador, para buscar un poco de agua. Se sirvió en un vaso y se sentó a tomarlo. Comenzó a pensar. Ahora Oriana y él eran completamente LIBRES PARA PODER EXPRESAR LO QUE SENTÍAN.


Sonrió levemente y luego apretó los labios. ¿Qué iba a hacer ahora? Podía buscarla y llevársela a algún lugar. Entonces lo recordó. ¡Podía llevarla al valle! Miró la hora y apenas eran las 5 de la tarde. Aún tenía tiempo. Si...al fin iban a poder estar solos y tranquilos. Estaba por salir de la cocina cuando la puerta se abrió y Lautaro entró. Paulo alzó ambas cejas al ver el rostro alegre de su primo.


— ¿Qué pasó? —le preguntó.


—Sacamos al carilindo ese de aquí y...le pregunté a Viqui si quería ser mi novia...


— ¿Y qué te dijo ella?


—Me dijo que... no.

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