Paulo estaba parado frente a todos los peones de la estancia. Era más que necesario terminar de una buena vez con las indicaciones. En los últimos días había hecho de todo menos su trabajo. Principalmente por culpa de Oriana. Ella se la pasaba metida todo el día en su cabeza, confundiéndolo cada vez más. Luego de que Agustin los interrumpiera no habían vuelto a estar solos. Y él tenía ganas de estar a solas con ella. Demasiadas ganas.
-Bien, los reuní porque es hora de repartir los trabajos de ganadería. ¿Alguien quiere algún puesto en especial? -les preguntó.
-No. -dijeron todos a la vez.
- ¿Seguros? -quiso saber.
-Si -volvieron a contestar como soldados.
Paulo puso los ojos en blanco.
-Ya les dije que no tienen que comportarse como maquinas cuando el señor Sabatini está aquí. Solo hagan su trabajo como siempre.
-Bien, yo quiero encargarme del marcado de las vacas. -dijo uno de ellos.
El castaño sonrió.
-Bien, Joselo, tienes ese puesto. -dijo contento.
Entonces todos comenzaron a pedir diferentes trabajos. Paulo asentía y asentía, pero ya se estaba mareando con tantas voces a su alrededor. Hasta que todos callaron. Él frunció el ceño, ¿Por qué todos se habían quedado en silencio de tal forma?
- ¿Qué sucede? -les preguntó.
Ninguno dijo nada
-Oigan, ¿Por qué se quedaron callados de golpe?
Ellos miraban fijo hacia atrás de él. Entonces uno de ellos le hizo un gesto con la cabeza, de que mirara y así lo hizo. Se sorprendió mucho al verla allí parada con una media sonrisa en el rostro
-Oriana... ¿Qué...qué haces aquí?
-Buenas tardes a todos -dijo ella sin dejar de mirar a Paulo.
-Buenas tardes, señorita -contestaron como coro.
El castaño comenzó a sentirse nervioso. Ella estaba allí por alguna razón.
-Siento haber interrumpido su charla...pero necesito hablar unos minutos con su capataz. ¿Me dan el permiso? -preguntó.
-Claro...-Respondió alguien.
-Sí, señorita...-Respondió otra persona.
-Lléveselo, ya nos estaba hartando...-Respondió un peón, divertido.
Paulo se giró a verlos con un gesto serio. Todos volvieron a cerrar la boca al instante y se pararon erguida mente.
-Señorita Oriana, no creo que podamos hablar en estos momentos. Estoy muy ocupado con el trabajo -dijo él.
- ¿Mucho? -inquirió ella y le hizo ojos.
El pulso de Paulo se aceleró.
-Pero si ya has terminado de darnos los trabajos -habló Juan.
-Si -dijo él apretando los dientes y con la vista fija en ella -Terminé de darles los trabajos pero yo también debo trabajar.
-Oh, Paulo, no te preocupes por eso -siguió hablando Juan -Nosotros hacemos tu trabajo. No puedes dejar a la señorita Oriana con la palabra en la boca
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Mi Salvaje
Teen FictionQue nerviosa se sentía, le temblaban las piernas. No recordaba o eso creía, haber pasado un día tan emocionante como ese. Su cumpleaños numero doce. No podía dejar sus manos quietas y se mordía el labio, nerviosa... Si estaba nerviosa. Su padre le h...
