Ya no estaba tan entusiasmado con la idea de aprovecharse del interés y cooperación de esa muchacha rubia, no después de escucharla por tanto tiempo hablando de sí misma. Ni siquiera conocía su nombre y no le apetecía preguntar.
A veces sus ojos se perdían en las proximidades. Esas calles llenas de malos recuerdos, cada ciudad que visitaron durante su infancia rebosaban de recuerdos y la mayoría le disgustaban. No disfrutó tanto los días que pasaron anclados en tal o cual lugar. Aquella mujer, ¿seguiría viva? también se lo preguntó cuando vio a una prostituta charlando en un callejón con un posible cliente.
Dieron un distraído paseo por una concurrida zona con el crepúsculo siendo absorbido por la noche y el mar detrás; a la sombra helaba y era así con la estación próxima que arremetía poco a poco.
—¿Y volverás a verlo?
Nuevamente la entristecida mirada volvió, incluso soltó el brazo de Otabek del que llevaba un buen rato abrazada, sosteniéndolo con sus manos mucho más pequeñas.
—No lo sé, la decisión es suya. Yo espero en silencio como siempre.
No era una chica crédula de pueblo, de hecho le pareció muy lista y despierta pero el amor nubla la visión. Venía de una familia de clase media que terminó en Abilio buscando triunfar como dueños de la única clínica, fue así como el destino tramposo carente de tacto la llevó a involucrarse con un médico de la capital varios años mayor; él la tomó como amante jugando con sus ilusiones de convertirse en una esposa respetada.
Siendo amigo de su padre obtuvo acceso y el pretexto perfecto para llegar a la polémica ciudad unas cuantas veces al año. Pero las últimas fechas pactadas no significaron nada y no supo del hombre. Sin embargo, lo esperaba siguiendo sus instrucciones que ya parecían un juego. Dejar a la familia y la reputación es fácil de decir pero no de hacer.
Insistió en acompañarla al puerto de donde tomarían sus respectivos caminos. La niña aceptó agradeciéndole con una sonrisa honesta el ser escuchada sin recibir un juicio hiriente. Se planteó preguntar el nombre y darle el suyo, pero quizás era mejor de esa forma. Anónimo, dos extraños caminando sin prisa.
La vista era de las contadas cosas buenas de las ciudades con puerto que Otabek disfrutaba de un modo mas personal, al salir vigoroso o dormir apacible el sol daba un espectáculo de colores en el límite del horizonte. Cálido, muy cálido, contrastando con el frío que acrecentaba conforme el viento despertaba de la tranquilidad y soplaba empujando los barcos.
—Ella no nos ha visto.
Su voz dulce de niña jugando a adulta le despertó de su ensoñación. Otabek miró sus ojos y la graciosa complicidad reflejada le incomodó de una manera inexplicable, pero era bueno ver partir la tristeza de ellos.
—No tengo mujer alguna.
Y la chiquilla rubia asumiendo confianza le dio un golpe inocente con el codo justo en el brazo.
—Mira a todas partes buscando a una persona o como si le preocupara ser visto. Solo caminamos juntos y conversamos, ella entenderá.
Otabek no comprendió.
—Marineros y piratas suelen involucrarse con mujeres a donde van, con la soledad por sus largos viajes y la facilidad de flechar a una pueblerina decepcionada de los aburridos chicos locales no me sorprendería que quiere ver a una mujer especial— inclinó la cabeza a un costado—, ¿vive cerca de aquí? tal vez la conozco.
Solo entonces el pirata dejó que una sonrisa diminuta surcara sus labios. Pensó en Yuri y lo insoportable que era, en lo encantador que era. Todo y nada, contradictorio como sus sentimientos por él.
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Bon voyage! «Otayuri | Yuri On Ice AU Piratas»
FanfictionDurante los años de auge de la piratería, Azarath el gran océano, es el bastión de poder de aquellos piratas que han logrado consagrarse. Ni las leyes estrictas que castigan con la muerte, ni las disputas con otros delincuentes merman las ansías de...