El sol había salido por encima de las apiñadas casas. Durante unas horas el cielo estuvo cubierto de nubes y silencio.
Tamir no era una ciudad esplendorosa o brillante, el color gris predominaba así como el bullicio de sus calles repletas de vendedores. Nada extraño tratándose de un lugar de paso y comercio.
Después de unas vueltas por el centro Yuri se había rendido, las tiendas de ropa eran escasas y lo más presentable consistía en camisas y pantalones simples de colores claros. Para fortuna también ropa interior y un par de zapatos de piel.
Leo mencionó sus instrucciones específicas dadas por Otabek, ayudar a Yuri para conseguir los mejores trajes de telas exquisitas y pedir incrustarle joyas. Quizás era una broma o exageración pero como leal compinche Leo lo tomaba en serio.
Su nuevo guardarropa semejante al de un pescador promedio no iba a impresionarlo. Aunque cada día importaba menos lo que el capitán opinara, sólo restaban un par de días para lograr su soñada libertad apartado de Otabek.
Únicamente echaría de menos a Leo pues gracias a él consiguió sobrevivir a bordo. No iba a decir que eran amigos, más bien compañeros de viaje deseándose buena suerte el uno al otro.
Se detuvieron a comprar pañales y comida de bebé, con suministros que iban a durar una semana como apoyo resultaría sencillo convencer a una bondadosa persona de quedarse con el niño.
Sin embargo, no tuvieron éxito pese a tocar cientos de puertas a través de todo Tamir. Los encargados de la única Iglesia dedicada a los dioses más pequeños y humildes, esos a los que se puede complacer con oraciones y ofrendas traídas del mar, dieron una rotunda respuesta negativa. En el hospital de fachada sorprendentemente limpia un vigilante de larga y blanca barba les negó el acceso, no recibían ni cuidaban huérfanos.
Yuri no fue capaz de abandonarle ni siquiera cuando Leo insistió en ponerlo al exterior de alguna casa, esperando que la familia en turno lo recibiera con los brazos abiertos y sin hacer preguntas.
Y es que Tamir no le inspiraba confianza, sus avenidas estrechas y congestionadas con perros callejeros y vagabundos raquíticos cada par de metros no era un ambiente propicio. Él creció en un rincón de civilización junto a la costa de la gran ciudad de Azune, su aldea pese a ser pequeña con menos de trescientos habitantes resaltaba armoniosamente gracias a la tranquilidad, seguridad y modesta pero honorable vida que ofrecía. Si pudiera elegir donde volver a nacer, su aldea sería su elección, el destino final sonaba más injusto todavía.
Quería un lugar así para el pequeño Nikolai.
—¿Lo nombraste?— Leo preguntó suavemente, sin acusarlo. Andaba a paso firme y lento por llevar varias bolsas encima incluyendo sus propias compras— ¿Por qué elegiste ese nombre?
—Solo se me ocurrió, era triste no tener una manera de referirme a él más que "bebé" o "¡niño idiota, no me jales el cabello!" —respondió seriamente aunque después una sonrisa se asomó sobre sus labios. El niño en brazos comenzó a reír— Es el nombre de mi abuelo.
Regresaban con el atardecer a cuestas, el cansancio hizo fastidio y tuvieron que detenerse un par de ocasiones a descansar junto a los muros tapizados de verdes algas, justo sobre el camino secundario que los llevaría al puerto.
A lo lejos ya distinguían el Vanya durmiendo sobre las cálidas aguas y sus velas guardadas como alas.
Leo no hablaba mucho sobre sí mismo, admitió que conocía a Otabek desde niños y terminó por seguirlo escapando de casa. Al parecer no tenía contacto con sus familiares y el desinterés en vivir o morir era consecuencia de haber perdido algo importante. No dijo más.
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Bon voyage! «Otayuri | Yuri On Ice AU Piratas»
Fiksi PenggemarDurante los años de auge de la piratería, Azarath el gran océano, es el bastión de poder de aquellos piratas que han logrado consagrarse. Ni las leyes estrictas que castigan con la muerte, ni las disputas con otros delincuentes merman las ansías de...