Parte 15

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—¿Eres tú? —Preguntó y solo pude hacer una cosa, decirle que sí—. ¡Pero mira nada más! ¡Cuánto has crecido!

—Hola, tía —no pude terminar de hablar cuando sus brazos estaban rodeando el cuerpo de Amîr. Sí. El de mi esposo, y no el mío—. ¿Podrías soltar a mi esposo?

—¿Esposo? —Lo soltó un poco y se giró a verme con cara de asombro—. Vaya, tu madre no mentía con eso, eh.  Creí que solo había dicho lo de la boda para justificar tú ausencia en esta casa.

—No, tía. En realidad si me casé y con él. Al que sigues abrazando aún —ella lo soltó, no sin antes guiñarle el ojo y luego sonreírme a mí.

Mi tía tiene lo suyo. Es loca, pero lo tiene. Tampoco voy a negarlo. Tiene ojos café claro, cabello rubio, porque se lo tiñe, y un cuerpo... Algo pasado de peso. Pero tiene curvas, eso sí. Su forma de ser es... Como la de una loca. No puede ver un hombre cerca porque lo acecha como una leona en celo. Pero creo que ni las leonas son así.

—¡Oh vaya! Creo que ya conociste a la tía Sara —dijo mi madre apareciendo nuevamente en la sala—. Tú padre desea hablar con Amîr, hija.

Me giré para ver a mi esposo, quién tenía fruncido en ceño en señal de confusión. ¿A él y no a mí? Bueno, sus razones  debía tener sí quería hablar con él antes que saludarme.

—¿No piensa saludarme acaso? —Solté sin más, haciendo que mi tono saliera con cierta molestia ante eso.

Es qué bueno, su hija era yo, ni Amîr... Así que... Llevaba mucho tiempo sin verlo y cuando venía a casa, al primero que quería ver era a mi esposo.

—Claro que no, mi princesa siempre está primero —dirigí la vista hacia la entrada de la sala y observé a mi padre sonreírme como siempre solía hacerlo al  igual que mi madre, con cariño—. ¿No piensas abrazar a este pobre viejo? —Solté mi maleta de un solo y, esquivando a todo aquel que estaba en mi camino, avancé rápidamente hasta que llegué a donde estaba y lo rodeé con mis brazos.

Solté un pequeño sollozo.

Él me conocía.

Sabía por lo que había tenido que pasar el día de mi matrimonio.

Sabía que me había casado sin amor.

Él sabía todo solo con verme a los ojos.

Él, el que podía leerme sin ningún reparo, era mi padre.

—Te extrañé, y mucho —me susurró mientras depositaba un beso en mi cabeza.

—Yo también, padre —sonreí al notar que había mojado levemente su camisa roja—. Y no eres un pobre viejo, padre

—¿No? Gracias —dijo en tono agradecido—. Tú madre dice que sí, hasta dice que soy un vagabundo —dijo acusatoriamente hacia mi madre.

Sonreí más al separarme de él y observar la cara de disgusto que le estaba dedicando a mi madre mientras que ella solo negaba con la cabeza y veía hacia el techo, como pidiendo ayuda.

—¡Exageras! Eso es lo que pasa —se acercó a él y depositó un beso en sus labios. Un simple contacto, que yo sabía muy bien, que tenía mucho significado para ellos dos.

Ese era amor.

Su amor

Disparejo, loco, no convencional, pero completamente sincero y puro.

Desde pequeña recordaba que siempre, a pesar de todas sus discusiones o desacuerdos, siempre hacían lo posible para que no me afectarán a mí. Siempre encontraban una solución para todo, y si no la había en el momento, dejaban que todo fuera a su paso, sin apresurarlo, y eso era lo que admiraba de ellos.

Pasión Árabe #1 [Completa]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora