Parte 34.

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Estaba sentada en una de las bancas del parque. Sentía el aire golpear con fuerza contra mi cuerpo y, aún así, me sentía bien. No tenía frío ni... Temor. El lugar parecía estar casi desierto, pero poco me importaba eso. Me sentía libre, en paz, y eso era lo único que me importaba.

Apenas habían pasado tres días desde aquella noche en que me topé con Lina y, para ser sincera, no sentía miedo. No tenía miedo si ella le contaba todo a Amîr, porque estaba lista para afrontarlo.

Lo estaba... Lo estaría...

Ángel insistía en que le contará el por qué de mi nerviosismo ante las palabras de Marie. Ella dijo que, sí volvía a salir como lo había hecho, llamaría a Javier y lo haría venir a como diera lugar. Lo cual acepté, la pobre mujer estaba de los nervios ese día. Uno de los niños pequeños estaba enfermo, y lo que menos quería era preocuparla más. Por eso, solo le dije que no volvería a suceder.

Lo cual era cierto.

Wanda, Teo y todos los demás, estuvieron haciendo bromas. Bromas que, Ángel, aceptó y que, incluso, participó. Me alegraba ver cómo poco a poco empezaba a dejar entrar más personas a su vida. Él decía que lo hacía por mí, pero sabía que lo hacía mucho más por él.

Le gustaba sentirse querido y aceptado... Y siempre lo había Sido, solo que él ni lo había notado.

Solté todo el aire que mis pulmones retenían y negué con la cabeza. No podía creer que estuviera a punto de verme con el dueño de esa pequeña galería de la que me habló Lina, pero estaba un tanto feliz de poder comenzar en algo que, estaba completamente segura, sería algo grandioso.

Podría empezar desde abajo e ir subiendo poco a poco. Todo se trataba de esfuerzo y dedicación.

Amîr.

Me encontraba sentado en alguna plaza de la ciudad, con la vista fija en mi portátil y al documento que leía. Estaba más que desesperado por encontrar a Savannah, pero era como si ella hubiera querido desaparecer de todo el mundo. Ni siquiera el detective que contraté podía dar con ella.

Desde el día que le dejé el sobre a Javier, no había tenido ni una maldita respuesta por su parte. ¿Me creía o no? Era lo que constantemente me preguntaba hasta que recordé mis absurdas palabras.

Sino me buscaba era porque no creía en nada. ¿Cómo había podido decirle que si no me creía me bastaba con su ignorancia? ¿Acaso quería morir de ansiedad o qué? Negué con la cabeza y comencé a observar a mí alrededor al no poder concentrarme en nada.

Estaba seguro que, donde sea que Savannah se encontrará, habría visto noticias. Tal vez no muy frecuentemente, pero sabía que lo hacía. Y no podía estar más molestó por eso.

Esos noticieros pasaban pura mierd* sin sentido.

Daban unas teorías estúpidas y eso solo me hacía enojar aún más.

Por suerte, había logrado que cesarán de dar esas estúpidas noticias por el momento. Al menos era un problema menos en el cual pensar. Mi padre, por otra parte, me ignoraba la mayor parte del tiempo. Mi hermana ni siquiera se había acercado a la casa, y no sabía mucho de ella. Akram, por suerte, estaba mejorando todo ese lío que tenía con Kala. Al parecer, todo había Sido un chantaje de Lina para él.

¿Con qué lo había chantajeado para aceptar un compromiso de tal magnitud y, aún más, con ella?

Ni siquiera quería pensar en eso. Era su asunto y el mío aún era enorme, por no decir dificultoso.

«vaya, ninguna mujer me había tenido así nunca»

Pero yo sabía que Savannah no era cualquier mujer.

Pasión Árabe #1 [Completa]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora